Ha muerto Roberto García Calvo, magistrado del Tribunal Constitucional, todos los periódicos traen la noticia. Y todos añaden que con su fallecimiento los conservadores quedan en minoría en el tribunal, lo que garantiza prácticamente que éste avale leyes como la del Estatut de Catalunya.Resulta preocupante que sea tan fácil etiquetar a los jueces de este país en dos categorías, como si fueran plantas angiospermas y ginospermas (algo queda de mis Ciencias Naturales de Primero de Bachillerato). Pero lo que resulta más preocupante aún es que su adscripción ideológica sea como una marca a fuego que determina necesariamente el resultado de todas las votaciones. ¿Cuatro conservadores y dos progresistas? Pues entonces quedan 4-2. Facílisimo sacar un pleno al quince en la quiniela.
El asunto resulta más preocupante por cuanto el Constitucional es el órgano encargado de comprobar que las leyes o resoluciones judiciales se ajustan a nuestra Carta Magna. No se le pregunta al magistrado si le gusta o no la norma, sólo si cabe dentro de la Constitución. Entiendo que en algunos casos -se me ocurre el aborto- sea muy difícil separar la ideología de la decisión pero ¿qué tiene que ver que uno sea progresista para concluir que el Estatut invade o no las competencias del defensor del pueblo? Nada, salvo que concluyamos que en realidad somos un país de sectarios y que al final asumimos en bloque los postulados de quienes están en nuestra trinchera.
Pero eso sería muy triste ¿verdad? Seguro que hay otra explicación...