Hace unas horas ha nacido Emma Rubio Barthe. Es hija de Ruth y Alfredo, unos tipos para los que la palabra amigos se queda corta. Han sido para mí amigos, hermanos, compañeros de fiestas, confidentes y hasta padres en muchos momentos. Cuando mi tía Pilar se independizó de mí tras mimarme durante dos años, me adoptaron como a un animalillo, torpe y entrañable, y me salvaron varias veces de morir de inanición o sepultado en mi desorden vital por un síndrome de Diógenes precoz. Luego me hice un poco mayor y ya me pude valer por mí mismo, más o menos y con la ayuda de mis hermanas. Pero siguieron a mi lado, me hicieron hijo adoptivo de León y me ayudaron en situaciones tan dramáticas como limpiar a fondo una casa antes de que viniera mi tío Jesús o ayudarme a colgar unos stores. Hoy, que han pasado a hacerse cargo de un ser aún más desvalido, es momento de expresarles todo mi agradecimiento.
Te dirán, Emma, que tienes mucho valor por venir al mundo en esta época. Exageran: todos los hombres vivieron tiempos difíciles. Cuando nacieron tus padres había también una crisis económica de aúpa por la subida del petróleo. Franco agonizaba y el futuro del país era una incógnita, con algunos militares que querían retroceder 40 años. Había una guerra terrible en Vietnam y la URSS, que ya no existe, y los Estados Unidos, amenazaban con resolver sus diferencias con unas bombas que podían destruir el planeta. Cuando nacieron tus abuelos, la cosa era peor. España salía de un terrible conflicto civil (¿Tú imaginas lo que pudo ser la posguerra en Truébano de Babia?) y había una dictadura que no tenía pinta de terminar. Sigo hacia atrás: cuando nacieron tus bisabuelos Europa acababa de vivir la Gran Guerra y la gripe había matado a cincuenta millones de personas. ¿Te das cuenta? La historia de la humanidad nunca ha sido un cuento de hadas. Pero tú tranquila: todos los que te precedieron salieron adelante y disfrutaron -unos más y otros menos y eso dependerá en gran parte de ti- de una vida como la que hoy comienzas.
Pues eso chica, que buena suerte. Aunque la suerte ya es haber nacido: casi todo lo demás se consigue con esfuerzo, resignación ante lo inevitable, sentido del humor y una actitud mental positiva. Unas cualidades que no creo que te falten si sales a tus papás. Me da mucha envidia todo el tiempo que tienes por delante. Y espero que dentro de muchos, muchísimos años, cuando tengas ya tus propios hijos, nietos y biznietos puedas decir aquello del viejito del anuncio de Coca-Cola: "Lo único que no me gusta de la vida es que me ha parecido demasiado corta". Lo dicho, Emma: bienvenida al mundo.
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miércoles, 15 de abril de 2009
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