Hoy me he despedido de un viejo amigo. Mi querido Volkswagen Polo TF-6246-BP, mi primer coche. Lo he llevado al desguace porque me salía carisimo arreglarlo y apenas lo cogía. Le he dado muy mala vida: diez años durmiendo en la calle en algunos de los barrios más botelloneros de Madrid hacen mella en cualquiera. De momento no me compraré otro: he calculado que me sale más barato usar el transporte público y alquilar uno, si tengo que hacer un viaje.La despedida no ha sido fácil. En estos años hemos hecho muchos viajes juntos y hemos vivido muchísimas aventuras. Alguna vez me ha dejado tirado, pero pocas para el mal trato que ha sufrido. Lo fui a buscar a Cádiz y luego me ha acompañado al Pirineo, al Levante, a León, a Busto (tantas veces...), a Santander... Me han dado 50 euros por él. Sólo he rescatado el gato, los triángulos, el chaleco y mis amuletos: una cinta de la virgen del Pilar que me regaló una amiga de Zaragoza y la estampa del Cristo de Portobelo (Panamá), la piu grande proctezione per la mia maquina.
Me ha dicho el del desguace que algunos lloran al entregarlo. En mi caso no ha sido para tanto, pero me he emocionado y hasta me ha parecio que me decía adiós con las luces de freno cuando lo aparcaban. En Canarias, en el campo, hay mucha gente que cuando retira un vehículo lo aparcan delante de casa, o junto a la huerta, y lo dejan ahí pudriéndose. Yo no tengo patio para dejarlo, pero con el síndrom de Diógenes que padezco hubiera hecho algo parecido. Adiós, colega, fue un placer. Siento haberte llevado al chatarrero, si Chillida siguiera vivo habría tratado de convencerle para que hiciera de ti una obra de arte.