El viernes se jubiló Alfrico, mi padre, después de más de 40 años de trabajo en Hacienda. Cumplía ese día 70 años y se le acabaron las prórrogas a las que encantado se fue reenganchando desde los 65. Como es lógico fue un día muy especial para él e incluso se atrevió -es tímido y supongo que le costaría un poco hacerlo- a dar un discurso para sus compañeros de oficina. Su alocución puede oírse pinchando el vídeo de arriba. La imagen fija es una reciente del homenajeado, quiero hacer un vídeo mejor con fotos del acto pero de momento esto es lo que hay. Sus palabras son las de una persona que no tiene demasiadas ganas de dejar el trabajo y que disfruta mucho de su oficina y de sus compañeros. Un doble lujo con los tiempos que corren: tener un buen empleo y encima pasarlo bien. Y por las frases que se oyen en la grabación, por los aplausos, y porque conozco a mi padre, sé que ese aprecio por sus colegas es un sentimiento mutuo.
Jubilarte, como casarte, encontrar tu primer trabajo o terminar tus estudios, marca un agudo punto de inflexión en tu vida. Pero que se jubile tu padre también te sacude un poquito porque es de esos acontecimientos que te recuerda de golpe la edad que tienes y te invita a hacer balance, de lo que has hecho y de lo que tienes por delante. Recuerdo el día que se jubiló mi abuelo materno, un 13 de marzo de 1982, el día que también cumplía 70 años. Llegó a casa, como todas las tardes, mi madre le puso una copita de Marie Brizard, como todas las tardes, y yo me bebí a escondidas las gotitas que quedaron al fondo, como todas las tardes -como ven, de niño tenía una preocupante propensión al alcoholismo. Luego seguía visitándonos casi todos los días, pero era distinto porque ya no venía de la escuela.
A mi abuelo no le costó nada dejar el trabajo porque tenía una curiosidad tan extraordinaria -la mejor cualidad que puede tener un ser humano- que no se aburrió nunca ni un minuto. Espero que mi padre, que no es tan inquieto intelectualmente pero sí más activo -la albañilería, los paseos por el campo o la historia son algunas de sus heterogéneas pasiones- sepa a partir de ahora aprovechar el tiempo tan bien como lo hizo su suegro. Desde aquel marzo de 1982 han pasado casi 28 años, muy poco más -27 años y nueve meses- de lo que me falta para jubilarme, si se mantiene la edad de retiro en los 65. Me gustaría que Alfrico viviera para verlo y no peco de optimismo excesivo: tendría 97 años largos, pero tanto su padre como su madre llegaron a los 98. Ya les diré algo en diciembre de 2037.
Hoy celebramos una doble despedida: la de mi padre de su vida laboral y la de este blog. Comencé Puesfijate a principios de 2007, para acompañar a mis añoradas alumnos de la 21 promoción, que como ejercicio de clase se abrieron un cuaderno de bitácora. Con una constancia de la que no me creía capaz apenas he dejado una semana de estos tres años sin escribir al menos un post. Han sido más de 320 articulitos sobre los temas más dispares: las matemáticas, la política, el cine o el fútbol, sin olvidar los a veces insufribles pero siempre voluntariosos minutos musicales. Me he divertido mucho haciéndolo y me he sentido muy acompañado con sus comentarios pero creo que ha llegado el momento de volcar en el trabajo mi energía creativa y de darle más duro al piano, mi otro gran desafío. No diré adiós, porque nunca se sabe, pero sí al menos hasta luego. Ha sido un placer.
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lunes, 1 de marzo de 2010
Doble despedida
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miércoles, 27 de enero de 2010
Nuevo documento sobre la despedida de Rafa Fraguas
Hace poco más de un mes lamentábamos en el periódico -y en este blog- la jubilación de nuestro compañero Rafa Fraguas, un tipo majísimo. Pero como costaba decirle adiós hemos decidido despedirle poco a poco. Hoy presentamos un segundo capítulo del homenaje a tan entrañable individuo: la entrega de uno de los regalos que le hicimos -una portada de EL PAÍS con informaciones alusivas al personaje- y el poema con que nos correspondió. Marea un poco, porque casi toda la escena está grabada con la cámara girada, pero tengan paciencia y escuchen sus ocurrencias. Aunque hay mucho chiste privado seguro que les hace gracia. Ah, aún hay más documentos sobre este festejo. Los iremos publicando poco a poco.
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jueves, 1 de mayo de 2008
Adiós, viejo amigo
Hoy me he despedido de un viejo amigo. Mi querido Volkswagen Polo TF-6246-BP, mi primer coche. Lo he llevado al desguace porque me salía carisimo arreglarlo y apenas lo cogía. Le he dado muy mala vida: diez años durmiendo en la calle en algunos de los barrios más botelloneros de Madrid hacen mella en cualquiera. De momento no me compraré otro: he calculado que me sale más barato usar el transporte público y alquilar uno, si tengo que hacer un viaje.La despedida no ha sido fácil. En estos años hemos hecho muchos viajes juntos y hemos vivido muchísimas aventuras. Alguna vez me ha dejado tirado, pero pocas para el mal trato que ha sufrido. Lo fui a buscar a Cádiz y luego me ha acompañado al Pirineo, al Levante, a León, a Busto (tantas veces...), a Santander... Me han dado 50 euros por él. Sólo he rescatado el gato, los triángulos, el chaleco y mis amuletos: una cinta de la virgen del Pilar que me regaló una amiga de Zaragoza y la estampa del Cristo de Portobelo (Panamá), la piu grande proctezione per la mia maquina.
Me ha dicho el del desguace que algunos lloran al entregarlo. En mi caso no ha sido para tanto, pero me he emocionado y hasta me ha parecio que me decía adiós con las luces de freno cuando lo aparcaban. En Canarias, en el campo, hay mucha gente que cuando retira un vehículo lo aparcan delante de casa, o junto a la huerta, y lo dejan ahí pudriéndose. Yo no tengo patio para dejarlo, pero con el síndrom de Diógenes que padezco hubiera hecho algo parecido. Adiós, colega, fue un placer. Siento haberte llevado al chatarrero, si Chillida siguiera vivo habría tratado de convencerle para que hiciera de ti una obra de arte.
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miércoles, 19 de marzo de 2008
La despedida de Sánchez Dragó
Agradeceré eternamente a mi hermana Bea el haberme introducido en el magnífico programa Sé lo que hiciste la última semana, aunque sea de la competencia. Siguiéndolo no hace falta casi ver la tele. Allí encontré esta perla: la despedida del inefable Sánchez Dragó de Diario de la Noche, de Telemadrid, un programa que he seguido muchas veces con una mezcla de genuino interés, curiosidad morbosa, asombro e indignación. Muchos habrán visto la escena, pero por aquellos que se lo perdieron y por mis lectores que no viven en Madrid, creo que merece la pena reproducirla.
El presentador se despide de sus seguidores arropado por sus seres queridos: su esposa japonesa y su gato. Al gato parece que no le sientan muy bien las cámaras-"un diablo, pese a que generalmente es buenísimo"- y su mujer, una sombra fantasmal al fondo de la imagen, parece que se ha equivocado de programa, como apunta acertadamente Patricia Conde. De programa o de planeta. Un estrambote a la altura de su trayectoria.
PS: Me cuenta una fuente bien informado que el gato se hizo caca encima de la mesa durante esta escena. Animalito...
El presentador se despide de sus seguidores arropado por sus seres queridos: su esposa japonesa y su gato. Al gato parece que no le sientan muy bien las cámaras-"un diablo, pese a que generalmente es buenísimo"- y su mujer, una sombra fantasmal al fondo de la imagen, parece que se ha equivocado de programa, como apunta acertadamente Patricia Conde. De programa o de planeta. Un estrambote a la altura de su trayectoria.
PS: Me cuenta una fuente bien informado que el gato se hizo caca encima de la mesa durante esta escena. Animalito...
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