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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Un metro sin calvos


Me preguntan a menudo qué es lo que más me llama la atención de México. Me encantaría entonces ser un tipo moderno y guay y contestar algo sobre culturas alternativas, modas urbanas o eso que llaman tendencias, aunque mi tendencia natural sea, justamente, huir de ellas. Pero para cuatro lectores que tiene este blog no les voy a andar engañanado. Lo confieso, me fijo en cosas rarísimas y una de ellas es que, entre otras cosas envidiables, los mexicanos tienen en general un pelo excelente.

Verán, he leído un poco sobre el tema. Los humanos más propensos a la calvicie son los de raza caucasiana, los blancos, para entendernos. Luego van los negros y los orientales. Y los de cabello más resistente son los indígenas americanos. En México, según las estadísticas, hay diez millones de indígenas puros, ninguno de ellos calvo, aseguran algunas webs (ya será para menos, aunque es verdad que nunca he visto ninguno). Y hasta el 95% de la población es, en el algún grado, mestiza, con lo cual un altísimo porcentaje ha heredado esos genes resistentes a la alopecia. (Aquí me gustaría incluir una foto estupenda de un mexicano de 100 años, pero como tiene derechos, la enlazo).

El asunto es evidente en algunas zonas de Estados como Chiapas, donde la población apenas se ha mezclado con el europeo, y en concreto en comunidades como San Juan Chamula, que tuve la suerte de visitar la pasada primavera. Allí es casi imposible encontrar un calvo. Es más, es muy difícil encontrar a alguien con entradas. Ni el padre, ni el abuelo ni, si me apuras, el bisabuelo. Y en general tienen pocas canas y ya a muy avanzada edad. Las mujeres ya ni les cuento. Tienen la cabeza totalmente tapizada de un pelo bellísimo: totalmente negro y muy brillante.


En el DF, donde ha habido mucha más mezcla con el europeo, la cosa cambia, pero va por barrios. Desgraciadamente, en México, como en la mayoría de países sigue habiendo cierta correlación entre razas y clases sociales. El país tuvo al primer presidente indígena del mundo (que no es Evo Morales, sino Benito Juárez siglo y medio antes) y otro mestizo al frente de la nación durante 35 años (Porfirio Díaz). Pero predominan con mucho los tipos más claros entre las clases altas, mientras que los de las razas nativas ocupan por lo general las capas sociales más bajas. Triste, pero es así.

El resultado, según me he fijado, es que en los barrios más pobres hay muchísima menos alopecia que en las zonas ricas de La Condesa o Polanco. Y en el metro, medio de transporte habitual de las clases populares, es relativamente difícil encontrar un calvo. Humildes sí, pero con un pelo estupendo. Y se los digo yo, que cuando viajo en el suburbano y no tengo sitio para sentarme y leer (lo más habitual) me entretengo admirando, con envidia, las cabelleras que tiene la gente.


(Abro paréntesis para recordar que el progresista presidente de Bolivia Evo Morales llegó a decir que en Europa hay calvos y gays porque comemos pollo con hormonas. Sin comentarios).  

A la espera de adquirir algo de la frondosidad capilar mexicana, aunque de momento aguanto bastante bien, sigo aquí una costumbre que adquirí en Madrid: ir a peluquerías de barrio, cuanto más sencillas y auténticas, mejor. Harto de salones de belleza que me cobraran el triple y me dejaban igual, encontré una barbería estupenda en Chamberí, la única superviviente del siglo XIX según me enteré luego, donde los peluqueros hablan de cosas intrascendentes y a la vez interesantes (fútbol, el tiempo) y te ventilan el cerebro saturado por horas de sesudas reflexiones en el periódico. Y si notan que no quieres hablar, respetan tu silencio, como aquel barbero que según el guionista Rafael Azcona preguntaba a sus clientes: “¿Con conversación o sin conversación?”. Y al que quería charla, le repreguntaba: “¿Dándole la razón, o con controversia?

Pues bueno, aquí he encontrado ya un par de locales que me parecen ideales para confiarles mis reservas estratégicas de cabello. Una, la peluquería Internacional, junto a la avenida Insurgentes, reúne todos los requisitos: letrero con barras azules, rojas y blancas a la puerta, sillas de skay y revistas con muchas fotos y poco texto. Al barbero le pido no solo que me corte el pelo, sino que me afeite a navaja, me rasure unos pelos que me salen por encima de las orejas (lo sé, no es nada sexy lo que cuento) y que me arregle las cejas. Lo que yo llamo, un completo. Sale uno de allí más fresco que del confesionario.

El propietario de la peluquería Internacional también tiene muy buen cabello, lo cual es un punto a su favor, aunque dudo que se lo arregle a sí mismo. Y en ese sentido gana puntos otro sitio, más bizarro, que queda a cinco minutos de casa. No tiene letrero en la puerta. Como la otra, parece que no ha sido reformada desde los tiempos de Porfirio Díaz. Y además está regentada por dos señores bastante mayores que lucen unas cabelleras que habrían despertado la codicia de Toro Sentado. No les he preguntado si se cortan el pelo el uno al otro. Pero la imagen de esas matas de pelo blanco desafiando al tiempo y a la ley de la gravedad son para el local la mejor publicidad posible.


Foto del Metro: Hector García 
Foto de los indígenas: Do Ho

miércoles, 1 de junio de 2011

Maneras de morir

Debo la resurrección de este blog, que se hallaba en peligro de extinción, a las amables sugerencias de algunos amigos. Al comentar una de las noticias del día una compañera del trabajo me pidió que calculara la probabilidad de morir por un meteorito. No supe hacerlo, pero a cambio escribí este post. Ahora se los explico.

La OMS ha hecho hoy un anuncio que se presta tanto a la alarma como a la confusión. Por primera vez ha considerado "posible" que las radiaciones que emiten los teléfonos móviles sea un agente cancerígeno. Es "la peor decisión posible" como dice Emilio de Benito en EL PAÍS: no descartan el riesgo pero tampoco se atreven a desaconsejar el uso, ni siquiera calculan el tiempo de exposición a partir del cual puede existir riesgo. Nosotros decimos esto, y ustedes actúen como les parezca. Yo sé que la muerte y las enfermedades no son temas para tomarlos a broma pero tampoco pasa nada porque ironicemos un poco sobre ellas, sobre todo cuando el organismo que en teoría debe velar por nuestro bienestar nos lanza mensajes tan desconcertantes como el de esta tarde.

Los más aprensivos dirán que ahora a las radiaciones de móviles se las sitúa en la misma categoría que al plomo o al cloroformo (que suenan fatal) y los relativistas (encabezados por los fabricantes de móviles, según leo en el periódico) dirán que se igualan en peligrosidad al café o a los polvos de talco. Y todos tienen razón, porque la clave de la noticia, creo yo, está en la palabra "posible", un término que en realidad dice muy poco. Posible no es lo mismo que probable: es posible morir aplastado por un meteorito, pero es francamente improbable. Sin embargo, era una causa de muerte igualmente improbable para los dinosaurios y todos ellos se extinguieron por ese motivo. Tuvieron que pasar 65 millones de años para que se batiera ese récord de muerte improbable -pero posible- cuando el dramaturgo griego Esquilo falleció al caerle encima una tortuga que se desprendió de las garras de un águila. Si ponen "muerte absurda" en Google el hombre acaparará probablemente las diez primeras entradas.

Quizá la OMS nos aclare algún día cuál es el riesgo real de andar todo el día enganchado al móvil. De momento, si no nos da repelús el humor negro, les diré que hay una página estadounidense -creo que en España no existe nada parecido- donde se detalla exactamente la probabilidad de morir por muchísimas causas, algunas tan peregrinas como picadura de serpiente, rayo o mordedura de perro. En realidad, el cálculo, elaborado cada año por el Nacional Safety Council, está basado en el número de estadounidenses que murieron por esos motivos en un año determinado, que se extrapolado al conjunto de una vida, pero es divertido consultarlas ( ya les dije que para leer esta entrada había que ser sensible al humor negro).

Con datos de 2011 encuentro este gráfico, donde me entero de que un estadounidense tiene doble probabilidades de morir en un atraco a mano armada a lo largo de su vida (una de cada 306 personas) que atropellado por un vehículo (uno de cada 649) y que también es más probable morir alcanzado por un rayo (uno de cada 84.000) que por mordedura de perro (uno de cada 120.000). Más detallados son estos datos del mismo organismo, correspondientes a 2003, donde se calcula el riesgo de prácticas tan peligrosas como darse un remojón en la bañera (uno de cada 11.000 estadounidenses morirá ahogado en su cuarto de baño) o acercarse a una serpiente venenosa (uno de cada 1.800.000 morirá por sus picaduras, si extrapolamos los datos de fallecimiento de ese año). Naturalmente, el dato es un promedio: si me ato a un parrarayos, soy domador de cobras o frecuento una zona donde sobrevuelan águilas con tortugas en sus picos, compro bastantes boletos para engrosar la estadística de muertes extrañas.

Cuando leo noticias sobre riesgos, peligros y probabilidad me acuerdo siempre de una anécdota que leí hace muchísimos años, creo que en un libro muy recomendable, Sucesos de Isaac Asimov, recopilación de cientos de deliciosas anécdotas históricas y científicas. Yo recordaba algunos datos de la historia y Google completa (o distorsiona, vete a saber) los que me faltaban: Gustavo III, rey de Suecia estaba convencido de que elas bebidas excitantes eran venenos. Así que perdonó a dos condenados a muerte a cambio de que tomaran a diario uno café y el otro té. Y designó un médico para que los vigilara. El experimento resultó ser un fracaso: primero se murió el médico. Luego el Rey. Luego, con más de 80 años el bebedor de te. Y por último, el de café. La historia está por todos lados en internet y quizá por eso me suena poco rigurosa. Como -de momento y hasta que no den más datos- la advertencia de la OMS. Pero como soy hiponcondriaco hoy voy a dormir un poquito más lejos de mi móvil.

PS: La foto es de un servidor hablando por el móvil cuando en la casa de mis abuelos en Burgos sólo había cobertura en el almendro. Ni que decir tiene que en este caso era bastante más peligroso subirse al árbol que las posibles radiaciones del móvil.

lunes, 7 de febrero de 2011

El placer de regalar

Un tema habitual en este espacio es reflexionar sobre lo que queda en nosotros de los niños que fuimos. En general llegamos a la conclusión de que los años apenas nos hacen cambiar más que los detalles y que lo sustancial permanece. Pero hoy voy a hablar de un tema en el que, al menos yo, he notado un cambio radical, no sé ustedes. De niño me encantaban que me regalaran cosas pero de mayor me he dado cuenta de que regalar puede ser una actividad mucho más satisfactoria. No por el típico rollo moralista de que es mejor dar que recibir, como pone en las postalillas estas que venden en las papelerías con el payaso al que se le cae una lágrima, sino porque currarse un regalo, encontrar el objeto exacto para la persona que queremos y confirmar, por la cara que pone, que hemos acertado, es uno de los mayores placeres de la vida, como despertar en medio de la noche pensando que va a sonar el despertador y descubrir que aún quedan cuatro horas de sueño, o quitarnos los calcetines y rascarnos por donde apretaba la goma.

Regalar sí, pero no cualquier cosa. El año está abarrotado de fechas en las que es obligatorio hacerlo: cumpleaños y a veces el santo, los Reyes y ahora también Papa Noel, San Valentín (¡horror!), el día del padre, de la madre, de los abuelos, del amigo (aquí empieza a celebrarse, yo me iba a arruinar con los 525 que tengo en Facebook) y supongo que hasta del consuegro. Según una leyenda extendida todos esos días los inventó el Corte Inglés pero en países donde no opera esta empresa se conmemoran festividades aún más pintorescas. En este calendario argentino, totalmente agujereado de "fechas inolvidables", proponen celebrar por ejemplo el día del redactor publicitario (15 de febrero), del visitador médico (26 de mayo), del trabajador gastronómico (2 de agosto), del animal (26 de abril) o de la suegra (debería ser el 29 de febrero pero es el 26 de octubre).

O sea, que nos pasamos el año regalando por obligación y al final eso provoca que compremos cosas porque sí o que recibamos paquetes absurdos adquiridos cinco minutos antes para quedar bien. Pero el espíritu debe ser otro. A mí se me puede pasar comprar un regalo a mis hermanas por su cumpleaños pero tres meses después, sin venir a cuento, encuentro algo, un objeto, que me dice, como mirándome a los ojos: "Es que soy ideal para Bea". Y claro, lo compro, o lo archivo mentalmente a la espera de que llegue una de esas fechas del día del compadre o de la madrastra en que tenga sentido regalarlo -en argot periodístico diríamos, en que haya "percha" para hacerlo. Percibir que encontramos un regalo exacto para alguien es una sensación preciosa porque supone haber hecho el esfuerzo de meternos en su piel -empatizar- y de sentir dentro de esa piel el cariño que le tenemos. Y aunque nos equivoquemos o el resultado no sea tan redondo, al menos el obsequiado notará que lo hemos intentado.

Como todo el mundo, por las prisas y los compromisos, no siempre encuentro el objeto idóneo, la mayoría de las veces me tengo que conformar con uno simplemente adecuado y en ocasiones compro cualquier cosa, no voy a ir ahora de exquisito. Pero estoy particularmente orgulloso de un regalo que hice hace unos meses a una compañera de trabajo, fan desquiciada de Diego Forlán. Le compré las memorias del jugador uruguayo -en cuya portada aparece luciendo la tableta de chocolate que es en realidad lo que a mi amiga más le interesa del individuo- y le pedí a un colega que cubre el Atlético de Madrid que se lo llevara a firmar. Pero no con una dedicatoria cualquiera, si no con una que incluyera la palabra "tenaz", expresión que mi compañera, de origen venezolano, no deja de repetir en el trabajo. La cuestión es que el libro no pudo estar para su cumpleaños pero insistiendo un poco al jugador conseguí exactamente lo que quería. El libro quedó rubricado con el siguiente texto: "Para María José, mi admiradora más tenaz. Diego Forlán". No creo que a mi amiga le importara que llegara tres meses tarde.

Meto todo este rollo porque el otro día recibí un regalo tan perfecto que me hubiera gustado hacerlo a mí. Me lo envió una amiga y cuando quité el envoltorio solté una carcajada tremenda aunque no acostumbro a reírme con estruendo. Porque el contenido era "muy mío", "muy yo", o sea, parecía elegido por alguien que se había metido en mi cabeza para escoger exactamente algo que me tocara una fibra emotiva y muy personal. El regalo es el machanguito que aparece en la foto de la izquierda, un click de Playmobil, icono de nuestra infancia, entregado al piano, pasión a la que con dificultad he intentado incorporarme de mayor. Un muñequito un poquillo siniestro, de aires draculescos, con su instrumento de cola en el que suenan dos melodías y su candelabro, pero entrañable, que cuando salió me sonrió sabiendo que había ido a parar a las manos adecuadas.

Bueno, ya lo saben: no se sientan nunca obligados a regalarme nada. Pero si encuentran un objeto ideal para mí y quieren comprarlo, robarlo o fabricarlo, háganlo por favor. Nací el 4 de diciembre, mi santo es el 20 de agosto, celebro Navidad y Reyes, soy hijo, hermano, sobrino, primo, amigo, cuñado, periodista, profesor, aprendiz de músico, futbolista en mis ratos libres, cantante de piano-bar, bloguero, twitero, facebookero, chicharrero, de Teruel, de Busto de Bureba, del Real Madrid... así seguro que encuentran cientos de fechas al año como excusa para darme eso que han encontrado y que les parece tan apropiado. Y yo haré lo mismo con ustedes.

sábado, 5 de junio de 2010

Himnos y selecciones nacionales

Se acerca el Mundial, así que en pocos días nos vamos a hinchar de oír himnos nacionales. Muchas de estas melodías nacieron para enardecer a los soldados en la batalla -véase los violentas que son algunas letras, como la de la sobrevaloradísima La Marsellesa- y ahora casi sólo se escuchan en ese sucedáneo incruento de la guerra que es el deporte: al comenzar los partidos de fútbol o al concluir las carreras de coches o motos. Salvo que sea un entusiasta de los desfiles militares estoy seguro de que las últimas 30 veces que ha oído la Marcha Real había una pelota, una moto o una bici por en medio.

Reconozco que me encanta el momento de los himnos previo a los partidos, ya he confesado en otras ocasiones que soy un hortera sentimental sin complejos y no tengo por qué dar más explicaciones. De hecho me he sentido estafado cuando alguna televisión, para ahorrar tiempo de emisión o meter publicidad los ha suprimido impunemente: es como quitar los títulos de crédito de la película a un cinéfilo -algo que también hacen. Aparte del componente sentimentaloide, algunas melodías, como las de Italia, Rusia, Alemania o Reino Unido me parecen particularmente hermosas. El himno francés también, pero ya conté en otra ocasión por qué le tengo manía. El español, reconozcámoslo, es un poco patatero, pero no vamos a renegar de él por eso, que sería como renunciar a nuestra madre si fuera fea. Además, varios cuentan con el aval de ser obra de compositores célebres, como el citado de Alemania -de Haydn- o el de Austria, que lógicamente fue compuesto por Mozart.

La interpretación de los himnos puede parecernos un anacronismo, una horterada o las dos cosas juntas, pero no siempre es una mera formalidad carente de valor para el espectador curioso. Me resulta por ejemplo muy interesante observar la actitud de los jugadores, unos emocionados, otros más bien indiferentes y mascando chicles; comprobar quiénes cantan y quienes no y, desde que se han instalado micrófonos cerca, quiénes lo hacen bien y quiénes lo hacen fatal. Estos momentos patrióticos han generado en ocasiones noticias que se recordarán cuando ya todo el mundo haya olvidado el resultado del partido, como la enorme pitada al himno argentino en la final del Mundial del 90 después de que Maradona pidiera a los italianos del sur que renegaran de su país y apoyaran a la selección sudamericana -por si no se acuerdan, arriba incluyo el vídeo, lean los labios del Pelusa. También fue inolvidable la interpretación del himno de Riego en vez del oficial en una Copa Davis en Australia, ante el estupor de los tenistas españoles -que por supuesto no habían escuchado nunca el himno de la República- y la bronca en la final de Copa del Rey de 2009 que acabó con varias dimisiones en Televisión Española.

Mis compañeros de especiales de ELPAÍS.com han tenido la original idea de incluir en el dossier sobre el Mundial de Suráfrica audios con todos los himnos de las selecciones participantes tal y como se escuchan en el estadio. Tras un repaso rápido concluyo que los que mejor cantan en masa son los holandeses -aunque su himno, Wilhemus, el más antiguo del mundo y dedicado a Guillermo de Orange sea un alegato contra los españoles- y los que más desafinan son los ingleses, quizá por el calentamiento previo que hacen en las cervecerías de los alrededores del estadio.

Más allá de estas músicas patrióticas, el otro día debatía conmigo mismo si el hecho de organizar un Mundial de fútbol por países no sería en sí mismo un anacronismo. Pero es que no se me ocurre otra solución. Partimos de que el deporte es competición y para competir en este caso en fútbol hay que organizarse en equipos que representen a un colectivo determinado. O sea, que no tendría sentido organizar un Mundial con equipos de jugadores formados al azar, sin mayor conexión entre ellos, porque no representarían a nadie. Para enfrentarse por clubes ya existen otras competiciones así que el criterio debería ser otro, por ejemplo por religiones, por nivel de estudios o por ideología política, pero me temo que en ambos casos sería peor que lo que tenemos. Otra idea bizarra sería que compitieran por profesiones: carpinteros contra proxenetas, por ejemplo. ¿Y qué tal por color de pelo o tono de piel? Quizá lo menos estrambótico sería encuadrarse por idiomas maternos, pero tampoco me convence. En las fiestas de pueblo son habituales los partidos de solteros contra casados y de gordos contra flacos pero después de darle muchas vueltas me temo que no hay alternativa a la idea de organizar los Mundiales por estados nacionales. ¿Se les ocurre alguna?

martes, 18 de mayo de 2010

El mejor país para ser hijo

El otro día publicaba EL PAÍS -y otros medios- un interesante informe de la ONG Save the Children sobre los mejores países para ser madre. Se llevaba la palma Noruega, donde las mujeres que dan a luz tienen una baja maternal de entre 46 y 56 semanas, cuentan con la mejor asistencia al parto, apenas hay mortalidad infantil y la esperanza de vida es estratosférica. Al otro lado de la clasificación se encontraban los parias de la tierra: Afgansitán, Níger, Chad, Congo... Allí ser madre es un infierno y encima la mayoría de las mujeres lo son muchas veces en la vida... hasta que se mueren de un parto. Así de horrible y de cierto.

Puesfijate que andaba yo reflexionando el otro día sobre estos datos y pensaba que aunque ser madre en Noruega es algo muy cómodo, fácil e higiénico quizá no sea un chollo tan grande ser hijo en Escandinavia. A diferencia del estudio de Save the Children no tengo datos para sostener lo que voy a decir ahora. Pero me parece que cuando más al norte y más civilizado es un país se vuelve más probable, por ejemplo, que tus padres te echen de casa a la mínima en cuanto cumplas los 18 años. Lo que en general entendemos por progreso tiene una consecuencia negativa, según esta impresión probablemente errónea pero bien enraizada en mis convicciones: tiende a enfriar los vínculos familiares. Naturalmente, hasta cierto punto eso es bueno: que se lo digan al africano que vive con 18 parientes en una choza... pero supongo que hay un término medio.

Alabemos pues el grado de civilización alcanzado por países como Noruega, Nueva Zelanda o Finlandia -todos ellos aburridísimos, siempre según mis prejuicios- pero reconozcamos que nos hemos dejado algunas cosas importantes por el camino de tanto desarrollo. Esas cosas, como ese sentido más calido de la familia, aún las podemos encontrar en naciones un poco más atrasadas pero desde luego no menos felices. Ser madre será un chollo en Noruega. Pero para ser hijo me quedo con un país mediterráneo. España no está mal -yo no tengo queja alguna- pero el paraíso es, sin duda, Italia.

De todas las afirmaciones gratuitas enunciadas en este post esta es la más rigurosa. Lo afirman muchos de mis amigos italianos, algunos de los cuales sostienen hasta la violencia que la mejor pasta del mundo se come en su casa. Y lo confirma indirectamente el periodista Enric González en su estupendo libro Historias de Roma, publicado hace poco. Dice González: "Lo de las madres italianas será un tópico pero resulta rigurosamente cierto [...] La mamma vela para que su hijo se convierta en un ser feliz, despreocupado, con ese brillo juguetón en los ojos que caracteriza al italiano de género masculino, peremnemente ligado al regazo materno y por sublimación devoto de alguna virgen católica...". Se refiere especialmente a los chicos, pero creo que la reflexión también es extensiva a las chicas.

Para cerrar este post inflado de lugares comunes no contrastados, un chiste. Pensé que lo conocía más gente pero lo cuento y todavía se ríe alguno. ¿Saben de dónde era Jesucristo? Italiano. Tenía 30 años, no trabajaba, vivía en casa de sus padres... Decía que su madre era virgen, ella replicaba que su hijo era Dios. Igualito que en Noruega y encima imagínate pasar todo el día comiendo salmón...

FOTO: Imiazel, vía Flickr

lunes, 3 de mayo de 2010

Mi penúltimo Mundial

Vivo los mundiales con tremenda pasión. De hecho, creo que el Mundial 82 -y no el 23F- fue el gran momento generacional para los chicos de mi edad: las chicas, siento la incorrección política, estaban muchísimo menos interesadas por el fútbol que ahora. Lo dije en otra ocasión: este evento desgraciado -España hizo el ridículo cuando más debía lucirse- podía habernos convertido en tipos cenizos y amargados como los del 98 por la pérdida de Cuba. Pero un año y pico después otro extraordinario acontecimiento futbolístico nos redimió del pesimismo para siempre: el 21 de diciembre de 1983 España le metió 12 goles a Malta y nos enseñó que los milagros son posibles.

Batallitas al margen, he decidido vivir este Mundial de Suráfrica que se avecina con la misma pasión que viví el de Naranjito. Ya me compré la televisión plana, esta semana me ponen el aire acondicionado y en un mes lleno de cervezas la nevera. Y además, estoy coleccionando, como en el 82, la colección de cromos oficial del campeonato. Entonces -cito de memoria- el album sugería como las posibles estrellas del Mundial que se avecinaba a ocho jugadores: Maradona, Rummenigge, el polaco Boniek, Arconada, Kevin Keagan, Blokhin, Zico y Platini. Creo que no apostaba por Paolo Rossi, ya se sabe que la especialidad de los italianos siempre han brillado cuando nadie lo pronosticaba, pero tengo que contrastar esto si algún día encuentro el álbum por casa. Por casa de mis padres, o sea, mi casa.

Un amigo mío dice que es dramático cuando te das cuenta de que casi todos los jugadores de fútbol son ya más jóvenes que tú. Pero que lo realmente deprimente sucederá cuando constatemos que somos mayores que los entrenadores. Y no digamos cuando nos suceda eso con los presidentes. Puesfijate que he estudiado con temor mi nueva colección de cromos y he experimentado cierto alivio al comprobar que aún hay dos tipos que a priori pueden disputar el campeonato -las listas no están cerradas- que me superan en edad. Son dos porteros, el inglés David James, de casi 40 años, y el australiano Mark Schwarzer, de 37, nacido dos meses antes que yo, que soy de diciembre del 72. Luego hay tres a los que saco unos meses, como el mexicano Cuauhtemoc Blanco, de enero del 73, Zanetti o Cannavaro. Así que no soy demasiado viejo para ir a Suráfrica y, apelando a la historia, incluso podría jugar en Brasil 2014: sería aún unos meses más joven que el camerunés Milla, que con 42 disputó el de EE UU 94.

Ya puestos, y como el álbum trae también las características físicas de los jugadores -altura y peso- he confirmado que no estoy demasiado delgado para jugar un Mundial. Hay dos futbolistas, el español Jesús Navas y el brasileño Josue que pesan lo mismo que un servidor, 60 kilos, y son casi calcados en altura, 1,70 (les saco un centímetro). Así que tengo edad, kilos y por supuesto, tamaño -los hay muchísimo más bajitos, empezando por Messi o Silva- para disputar el campeonato. Concedo que, por mi carrera deportiva lo tendría un poco complicado, porque mi máximo logro es haber ganado tres torneos de futbito del Colegio Mayor Deusto hace 15 años, en mi época universitaria. Pero, como dije al principio, el España-Malta nos hizo creer en milagros. Así que, señor Del Bosque, aquí me tiene por si me quiere seleccionar.

jueves, 22 de abril de 2010

¿En qué se parecen Verdi y Boney M?

Puesfijate vuelve hoy a un tema de esos que nos encanta: sin percha de actualidad, sin la menor relevancia, una curiosidad absolutamente inútil hallada mientras me dejaba por la corriente de internet. Vamos para allá sin más vueltas ¿Saben qué tienen en común Giuseppe Verdi y Boney M? ¿Qué une a la ópera con el Eurodance pachanguero? Pues que sus composiciones más célebres son versiones musicales de un mismo texto... Sí señor, el sublime Va Pensiero de Nabucco -el coro de los esclavos judíos en Babilonia, seguro que lo conocen y si no caen, pinchen el vídeo arriba- y el pachanguero Rivers of Babylons (vídeo de abajo) se inspiran en el salmo 137 de la Biblia, numerado como el 136 en la Vulgata, la primera traducción del libro al latín.

El salmo 137, conocido por las palabras con las que comienza en latín, super flumina Babilonys (sobre los ríos de Babilonia), cuenta la nostalgia del pueblo judío, cautivo del rey Nabucodonosor, por la perdida Sion (Israel). Estas referencias patrióticas hicieron que muchos partidarios de la unificación de Italia utilizaran el Va Pensiero como himno reivindicativo frente a la ocupación francesa y austriaca de parte de su territorio. De hecho, esta melodía que Nana Mouskouri popularizó con una letra horrible, fue una de las propuestas como himno para el país cuando el país cuestionó sus símbolos tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora ha tenido la mala suerte de caer en mano de los indeseables de la Liga Norte, que la cantan al final de cada mitin. Así que se habrá hecho antipática para muchos italianos.

Dicen que cuando el féretro de Verdi recorría Milan la muchedumbre se puso a cantar espontáneamente el Va Pensiero. Si pudiera viajar en el tiempo creo que una de las primeras visitas sería para comprobar si esa anécdota es cierta. Concibo pocas escenas más emocionantes.

PS: Después de tres años he cambiado la cabecera de Puesfijate. Donde decía "noticias curiosas, insólitas o sencillamente falsas" ahora dice "noticias curiosas e insólitas pero nunca falsas". Aquí contaremos muchas bobadas, pero siempre bobadas rigurosas.

lunes, 5 de abril de 2010

Guerra a la basura postal

Lo primero les pido disculpas por el tiempo que llevo sin escribir, la Semana Santa ha roto el ya irregular ritmo de publicaciones de Puesfijate. De estos días sólo les cuento que he estado en el Genarín, del que ya hemos tratado en otras ocasiones aunque tal vez merezca la pena una actualización del tema, y en Busto de Bureba, adonde regresaba tras el largo invierno. Pero más adelante, probablemente cuando ya no venta a cuento, hablaremos de la Semana Santa. Hoy toca filosofar sobre los buzones.

Nunca hemos recibido tantos mensajes como en estos tiempos. Gracias a internet y a los móviles nos comunicamos cada día con decenas de personas que están lejísimos, comentamos sus fotos y vemos sus vídeos y si les ha gustado o no el desayuno. Pero es cierto que apenas recibimos ya cartas físicas o postales: cuando encontramos una en un buzón -físico- es un acontecimiento que, al menos a mí, me llena de gran alegría. Sobre todo, por que es muy raro que suceda. Este año, que yo recuerde he recibido una desde Venecia de mis amigos Alfredo, Ruth y Emma. Y tal vez alguna otra desde algún rincón del planeta enviada por mi quate Íñigo de la Quadra Salcedo.

El resto, basura. Publicidad de un señor que no se ha enterado de que ya he reformado la casa. Cartas del banco, aunque no me hace falta que talen una secuoya gigante en el Canadá al año para informarme de unas cuentas que consulto por Internet. Más publicidad de un restaurante chino con ofertas asombrosas. La factura del móvil y la de la luz, que también las puedo consultar on line. Alguna revista de la FAPE -Federación de Asociaciones de Periodistas de España-, que es de lo poco que me interesa. Y felicitaciones de Navidad de lo más impersonal enviadas por el administrador de fincas, el BBVA o la tienda donde me compré la tele. Y más publicidad del Media Markt o de algún centro comercial de esos que no sé ni dónde está. Sí, sé que existe la lista Robinson ésa, pero eso no previene contra el buzoneo.

Ante este panorama y mi lucha tenaz contra el síndrome de Diógenes atenuado que padezco en modo atenuado he adoptado una estrategia inflexible hacia mi buzón: en vez de abrirlo cuando subo a casa, como se ha hecho de toda la vida de Dios, lo abro cuando salgo a la calle. ¿Por qué? Porque el 95% de lo que me encuentro dentro es una porquería y según piso la acera lo deposito en el contenedor de reciclaje de papel. Así me evito llenar mi casa de papeles que se acaban perpetuando en la mesa multiuso de los mandos a distancia o junto al ordenador. ¿Que me interesa algo? -esa postal que me llega cada seis meses de mi amigo Íñigo dando envidia- pues tomo nota mental y la recojo de vuelta a casa. Pero por esos cuatro pisos de escalera no sube ni un papel más de lo imprescindible. Les seguiré contando mis progresos en ésta mi guerra contra el desastre.

viernes, 19 de marzo de 2010

50 horas con Delibes

El otro día se murió Delibes y me dio mucha pena. Porque era un gran escritor, porque era una estupenda persona y sobre todo porque me recordaba, por su sencillez, por su austeridad, por su amor a Castilla, a algunas estupendos seres humanos que he conocido muy de cerca. A él no lo conocí personalmente pero sentí su muerte como alguien próximo porque me caía bien y porque cuando has disfrutado con la obra de un escritor, de un actor o de un músico has compartido también tu vida con ellos.

Compartido la vida literalmente. Yo he echado cuentas -ya saben lo que me gusta hacerlo- y he calculado que he pasado al menos más de dos días completos con Delibes: he leído seis novelas suyas, a 250 páginas por novela y a dos minutos por página me salen 50 horas redondas. Como para cogerle cariño, aunque no tuviera otros motivos. Con otros escritores he convivido mucho más tiempo: de Agatha Christie he leído casi 70 libros, que a 200 páginas cada uno y a un minuto por página -es de lectura más fácil- me salen diez días enteros. Bastante más, seguro, de lo que he pasado con al menos la mitad de los 414 amigos que tengo, a día de hoy, en el Facebook. Porque en una relación más exclusiva: en una fiesta, en el trabajo, en clase, compartimos nuestro tiempo con varias personas a la vez pero cuando leemos, si realmente estamos concentrados, establecemos una relación única con el autor del libro.

Delibes o Agatha Christie, cada uno a su estilo, me han hecho pasar muy buenos ratos. Como otros escritores, como algunos actores y actrices o humoristas e incluso jugadores de fútbol. Personas a las que nunca hemos conocido han formado parte importante de nuestras vida, quizá más que otras teóricamente más próximas. Puesfijate que yo tengo muchas fotos en casa de mis seres queridos, de mis familiares y amigos y he pensado llenarla también de imágenes de esos otros personajes lejanos en el tiempo o el espacio pero muy próximos afectivamente. Si tuviera que escoger 25 fotos para mi altar laico la heterogénea lista -sólo explicable con claves sentimentales muy íntimas- estaría formada -el orden es aleatorio- por Chesterton, el humorista Eugenio, Sofía Loren, Agatha Christie, Machado, Carlos Santillana, Gloria Fuertes, Joaquín Sabina, Proust, Verdi, Francisco Ibáñez, Kurt Vonnegut, Hitchcock, Darwin, Les Luthiers, Ángel González- a éste sí tuve la suerte de conocerlo-, Rodríguez de la Fuente, Albert Camus, Carlo Frabetti, Robert Louis Stevenson, The Beatles, Quino, Bertrand Russell, Labordeta y Delibes. ¿A quién elegiría usted?

lunes, 8 de marzo de 2010

Los guisantes salen del armario

El sábado limpié el armario de mi cocina. Sé que suena muy prosaico pero para mí fue muy importante. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de poner mi vida en general, en orden. En pocas semanas he arreglado también el trastero; ahora tengo pendiente el armario ropero, mis archivadores, el correo electrónico, un mueble de tres cajones donde guardo papeles y que me da miedo sólo de mirarlo -así que imagínense el pavor que me da abrirlo-, mis películas y dvds y el contenido de mi iPod. Cuando haya organizado -o probablemente antes- empezarán a desordenarse otras cosas pero al menos una vez al año tengo que sentir que todo está en su sitio.

Lo sé, soy un desastre. Desde pequeño. Y eso que gracias a un esfuerzo titánico me he reformado mucho. Pero aún así la labor de organizar la cocina fue un duro golpe para la autoestima de un tipo que quiere llevar una vida ordenada. El hecho de que guardara cuatro paquetes de spaguetti abiertos y dos de arroz -de la misma calidad exactamente- no fue el detalle más desmoralizador. Lo peor fue que de cinco baldas relativamente pequeñas extraje más de diez productos caducados: un paquete de biscottes, otro de galletas crackers, un tarro de alcachofas, cuatro cajas de medicinas diversas -y eso que casi nunca me medico-, tres paquetes de té, uno de harina, otro de alfanjores, un trozo de turrón duro -ya durísimo-, dos patatas que habían echado raíces y pedían ser trasplantadas a una huerta y una lata de guisantes.

Lo de la lata de guisantes era particularmente preocupante. Primero porque ese tipo de productos suelen tener una caducidad muy remota. Pero sobre todo, porque estaban pasados de fecha desde 2007. No es sólo que hubieran hayan pasado tres años, es que a finales de 2008 yo hice una reforma en mi casa. Todos los productos que tenía en la cocina fueron metidos en cajas, en las que nunca debió entrar algo que ya no era comestible. Peor aún es pensar que la lata pasó un segundo filtro: acabada la reforma todas las cosas que había guardado volvieron a las estanterías. ¿No me fije entonces tampoco en si estaban pasados de fecha?

No crean que es un detalle aislado. En anteriores arranques de furor organizativo he detectado en mi casa sustancias caducadas el siglo pasado, en concreto en 1998. Lo curioso es que desde entonces yo había hecho dos mudanzas, trasladados de una vida entera a los que sobrevivieron estos productos ya no aptos para el consumo humano.

Analizando un poco el asunto he llegado a la conclusión de que hay tres factores que han traído este estado de cosas. Primero, una tendencia natural, genético o aprendida, al desorden. Segundo, un síndrome de Díogenes atenuado que, ante la duda, me lleva a conservar cualquier cosa en vez de tirarla. Y tercero, circunscrito sólo al área de la cocina, el problema que tenemos los singles -antes solterones- para calcular bien lo que tenemos que comprar y para acabar con los productos que tenemos en stock. Mi próximo reto será sumergirme en el mueble ese de tres cajones que me mira desafiante. Ya les contaré los tesoros que me encuentro.

Nada, que volvemos

Una semana justa ha durado mi propósito de no escribir más en el blog. En un primer momento sentí un gran alivio, liberado de la obligación de publicar un post al menos una o dos veces por semana. Pero en un par de días me empezó a dar pena haberlo dejado, me sentía como si se me hubiera muerto el perro. Además, tres circunstancias imprevistas me empujaban a retomarlo.

Primero, los mensajes, algunos publicados en esta bitácora, de gente que me leía y me animaba a seguir. Ya sabía que mi hermana o mi madre visitaban de vez en cuando este espacio pero me sorprendió que gente como mi amiga Rocío Gallarre -jefa de prensa de la Ruta Quetzal BBVA-, mi antigua compañera de trabajo Olga Suárez -Olguix Maximus- o incluso mi primo Nacho se pasaran por aquí de vez en cuando. Y eso anima.

En segundo lugar, una conversación con mi colega de curro y sin embargo amigo Toño Fraguas, cuyo blog La Fragua es una referencia del humor y la reflexión en Internet, que me aconsejó que continuara, eso sí, sin crearme falsas obligaciones. "Tú escribe cuando te apetezca y ya está. Que pasa un mes y no has publicado nada, pues estupendo. Pero no lo dejes".

En tercer lugar, qué caray, que me apetece contar cosas. Hoy sólo quería decir que vuelvo pero en un par de días les contaré con detalles lo que he encontrado en mi cocina al hacer limpieza de los armarios. Escrupulosos abstenerse.

miércoles, 24 de febrero de 2010

211 cosas que un chico listo debe saber

Cuando más lee uno más difícil es encontrar un libro original, pero creo que he encontrado dos. Uno de ellos es éste que estos días tengo en mis manos, 211 cosas que un chico listo debe saber, de Tom Cutler, editorial De Bolsillo. Tiene la apariencia, la estructura, el lenguaje y hasta el olor de un antiguo manual de buena conducta para jovencitos como aquel legendario Valentín, el niño bien educado, del que hablaré algún día. Pero esa apariencia es totalmente irónica: el tal Cutler es un cachondo que se ríe de aquellos enciclopedias y ha escrito una obra divertidísima, disparatada y didáctica a la vez. Porque si bien capítulos como cómo arrestar a un ciudadano es poca más que una boutade simpática no me negarán la utilidad de lecciones tales como cómo ordeñar una vaca, cómo recuperarse de una resaca o cómo impresionar a una chica sin arruinarse.

El libro está, pues, compuesto de enseñanzas prácticas para la vida cotidiana, trucos para divertirse y divertir, y saberes teóricamente inútiles, de esos que nos encantan en Puesfijate y que resultan en realidad utilísimos porque convierten la vida en algo mucho más entretenido. El enunciado de los ocho capítulos en los que se divide la obra dice bastante de su delirante contenido: Cómo ser un hombre de verdad (guía para desenvolverse en cualquier situación); Ciencia de feria (ideas increíbles y divertidas basadas en la física); El árbol del conocimiento inútil; Pasión por las actividades al aire libre (Práctica de deportes, juegos y pasatiempos en plena naturaleza); No hay nada en la tele (pasatiempos para un miércoles lluvioso); ¡Te pillé! (bromas, apuestas, timos e inocentadas); El desfile de los exhibicionistas (trucos insólitos para los bromistas más exigentes); y Cocina militante (recetas audaces para tipos con agallas).

Y les decía que he descubierto dos libros originales porque hay un volumen simétrico de éste, 211 cosas que una chica lista debe saber, que regalé a una amiga por su cumpleaños y que por lo que he ojeado, es aún más ingenioso. Además de saberes tan útiles para una mujer como aprender a fabricarse un vestido de noche con una bolsa de basura o a estrangular a un hombre con las piernas incluye un capítulo antológico sobre cómo adelgazar tres kilos en seis horas. Empieza con algunos consejos, más o menos obvios, como pasar por una sauna o tomar diuréticos pero enseguida toma carrerilla y propone medidas más desesperadas: córtate el pelo, dona sangre, depílate las cejas, piensa en algo triste y llora un rato... Para eliminar los últimos gramos las sugerencias son aún más radicales: escupe, vacía los pulmones de aire o límate las asperezas de los pies.

El libro lo ha escrito Bunty Cutler, alterego femenino de Tom Cutler, según leo en Amazon, aunque algún blog sugiere que son hermanos. Ahora que lo pienso, cuánto hubiera disfrutado escribiendo esta bilogía (como trilogía, pero de dos, está en la RAE) con cualquiera de mis hermanas, Dácil y Beatriz -recordwomen de sentido del humor, ambas. A ver si se me ocurre algo parecido y salimos de pobres.

viernes, 12 de febrero de 2010

Del rigor periodístico e Internet


Internet ha multiplicado hasta lo inconcebible la información de que disponemos. Cuando yo era no mucho más pequeño, quizá hace 12 años, tenía a mi disposición unos cuantos libros -bastantes para lo que usaba en una casa normal- y una enciclopedia lógicamente desactualizada desde el día en que se publicó. Hoy gracias a mi conexión a la red tengo a mi alcance una base de datos muchísimo mayor que la que ofrecen todos los libros que en el mundo han sido. Los que nos gusta curiosear, picotear, aprender saberes inútiles nos preguntamos cuando encendemos el ordenador ¿Cómo podíamos vivir hasta ahora con semejante pobreza de fuentes de información? Y así a veces pienso que si tuviera que elegir entre mi querida biblioteca y mi conexión a la red me temo que el papel saldría malparado.

La información en internet no es por naturaleza menos fiable que la se extrae de otras fuentes. Pero está claro que igual que la red la difunde a gran velocidad y a mil rincones, los errores también se multiplican. Antes cuando alguien quería contrastar un dato, buscaba una segunda fuente. Pero ahora el problema es que una fuente errónea puede contaminar a otras mil y convertir una mentira en una aparente verdad. El otro día me pasó dos veces. Una, en el ámbito profesional y por ello no la contaré, no voy a sacarme aquí los trapos sucios del trabajo: es inevitable que nos equivoquemos pero la verdad es que cada caso es evitable. La otra fue en el ámbito lúdico, en estos acertijos futbolísticos con los que, según les conté el otro día, nos entretenemos en el Facebook un grupo de amigos.

Les cuento. El otro día les puse a mis cuates el siguiente problema: ¿Qué tres jugadores que han militado en equipos del País Vasco han sido campeones mundiales de fútbol? Yo me sabía dos de memoria: Valdano, campeón con Argentina en el 86 y ex jugador del Alavés; y Lizarazu, que ganó el Mundial del 98 con Francia y jugó en el Athletic de Bilbao. Pero no sé muy bien cómo encontré un tercero: Mazinho, que ganó el Mundial 94 con Brasil y supuestamente había jugado también una temporada con el Alavés. De lo primero no tenía duda, lo recordaba en la final contra Italia en aquel equipo en el que también estaban Zinho, Bebeto, Mauro Siva, Aldair, Marcio Santos... Lo segundo me sorprendía un poco pero varias páginas lo confirmaban, entre ellas las wikipedias en inglés y portugués -no la española, pero la entrada del jugador era demasiado breve- y varios blogs. Y aparentemente habían obtenido el dato por vías distintas.

Planteado el problema mis amigos sacaron pronto los dos primeros futbolistas. Pero Mazinho se les resistía. Ayer por la tarde recibí una llamada de mi amigo Manolo: estaba desesperado. Había repasado a fondo las plantillas del Athletic, la Real, el Alavés e incluso el Sestao y el Eibar y no había encontrado ningún candidato. Se rindió y me pidió la respuesta. Se la di, y aunque se mostró extrañado de no haber encontrado el dato, se fio de mí. Pero el que no me fié de mí fui yo y me puse a investigar. Era extraño. En muchas páginas solventes no se citaba el paso del brasileño por el equipo vasco. Ni había rastro del fichaje, que tenía que haber sido sonado. En cambio, me alertó que en la wikipedia portuguesa dijera que había jugado 15 partidos con el Alavés... y otros 15 con el equipo al que se marchó tras su experiencia española y que se llamaba, sospechosamente, el Vitoria. Y ahí descubrí el engaño: alguien había escrito en algún momento que tras su paso por el Elche se había marchado al Vitoria, y otro había traducido a su manera el nombre de ese equipo por el Alavés (que como todo el mundo sabe, juega en Vitoria). Luego el error se había difundido en diveras versiones e idiomas por toda la red.

¿Que moraleja hay que extraer de esto? Internet es una herramienta descomunal que nos ofrece muchísima información y muy buena. Pero hay que contrastarla exhaustivamente: para poner acertijos a nuestros amigos. O para hacer periodismo. Llevo trabajando 12 años en la red y con la red y he oído sobre ella cientos de pronósticos fallidos, profecías incumplidas y frases altisonantes desmentidas con el tiempo. Pero hace una década oí a un tipo decir en el congreso digital de Huesca una sentencia de sentido común que confirmo más y más cada día que pasa: "Del periodismo tendrá que quedar todo". Ha variado el soporte, pero los elementos esenciales permanecen: el rigor, la humildad o la búsqueda de las fuentes originales. Trabajemos en una web, en un periódico, sobre tablillas de arcilla o con un tam-tam.

lunes, 1 de febrero de 2010

Una fascinante manera de perder el tiempo

Me gusta aprovechar el tiempo. O mejor dicho, me encanta perder el tiempo, de hecho es lo que más me gusta, pero luego me siento culpable. Y en las últimas semanas he encontrado una nueva y fascinante manera de hacerlo.

Les cuento. Tengo un grupo de amigos capitaneados por el inefable Manolo Torres -fuimos juntos a la guardería y luego al mismo instituto- absolutamente demenciados con el fútbol. Nos encanta verlo, a mí al menos me gusta también jugarlo, y sobre todo nos fascina recordarlo. Recordar partidos, jugadores, anecdótas de hace 10, 20 o 30 años. O más porque el otro día haciendo memoria llegué a la terrible conclusión de que tengo recuerdos futbolísticos desde hace 32 años, dos meses y un día. Ése día, el 30 de noviembre de 1977, España se clasificó para el Mundial de Argentina con un gol de Rubén Cano ante Yugoslavia y a Juanito le abrieron la cabeza de un botellazo. Y yo me acuerdo.

A ver si no me disperso. Pues resulta que ese grupo de amiguetes nos hemos organizado en Facebook -otra manera deliciosa de perder el tiempo, aunque más genérica- para plantearnos acertijos relacionados con la historia del fútbol. Uno pone el problema y el resto debe resolverlo, en solitario o apoyándose en los cabos que van atando los demás. Algunas preguntas se han respondido gracias a la prodigiosa memoria deportiva de alguno de mis compañeros de desafío pero para resolver la mayoría hay que recurrir a la gigantesca hemeroteca de internet. Reflexionar, investigar, atar cabos, visitar una página y otra, comprobarlo todo... una labor periodística o incluso detectivesca.

Ejemplo de acertijo: hay un jugador que ha sido internacional con España y que ha jugado en el Tenerife famoso por sus goles decisivos. De hecho ha marcado cuatro goles en cuatro partidos cruciales con cuatro equipos diferentes. ¿Quién es el jugador? ¿Qué goles, qué equipos y qué partidos son esos? Como pueden ustedes comprender es casi imposible que alguien, salvo el propio protagonista del problema, supiera responder a eso de cabeza, así que ahí empieza una labor de investigación que hace años habría sido impensable sin internet. En ocasiones tardamos días en sacar la solución, apoyándonos unos en lo que van averiguando los otros. Pero encontrarla produce la alegría que debe experimentar un egiptólogo al descubrir una momia.

La afición se convirtió en un vicio. Yo llegaba a casa por la noche y en vez de hacerme la cena me ponía a indagar sobre partidos de fútbol de los años 70 en la hemeroteca de ABC. Me sonaba el móvil en el trabajo y Manolo para que contestara si la respuesta que había dado era la correcta: no podía esperar ni unas horas. Así que comenté en nuestro foro que me quería borrar durante un tiempo del juego: me reventaba perder tantas horas con un pasatiempo tan delicioso. Para mi sorpresa, todos aprobaron mi moción y acordamos una tregua. Unos tenían exámenes. Otros, mujer e hijos que atender. Yo un piano que tocar. Y estábamos convirtiendo estos desafíos en una forma de vida alternativa.

miércoles, 6 de enero de 2010

Han vuelto a pintar al negro

Noche mágica, de ilusión y todos los topicazos que se les ocurran, amigos. Esta noche vienen los Reyes Magoa, aunque a mí ya me dejaron algunas cositas anoche en Tenerife. Y para escenificar su llegada, España entera se ha llenado de cabalgatas, unas muy sencillitas, como la que ha debido haber en Busto de Bureba, con tres burros (o dos, porque creo que uno se murió) y otras mucho más sofisticadas, con decenas de carrozas, camellos (en Santa Cruz, siempre) y personajes de esos de moda entre los niños (los lunnies o pocoyo supongo) que no sé muy bien ni quiénes son ni qué pintan ahí.

Al grano, que es muy tarde. Me subraya mi querida hermana Beatriz -gracias por la pista- una circunstancia lamentable que se ha dado en la cabalgata de Madrid, la que por presupuesto e importancia de la ciudad debería ser la más vistosa de España. Se gastan una pasta en pagar carrozas, confetis, caramelos y fuegos artificiales, cierran siete horas La Castellana y son incapaces de cuidar un detalle clave: Baltasar no es un negro, como tiene que ser, sino un blanco pintado. Como ironiza mi hermana, "y luego dicen que los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo".

Puesfijate que hace unos días el Centro Panafricano llamó a boicotear todas las representaciones de Reyes Magos en las que Baltasar fuera un blanco coloreado. En su impecable manifiesto, esta asociación advierte a los "niños y niñas españoles" que "el Baltasar pintado no es el auténtico sino un impostor. Al mismo tiempo queremos advertir a las autoridades competentes que no deben defraudar la confianza de los niños ni seguir insultando a la raza negra, presentando personajes sórdidamente pintados, al tiempo que felicitamos a quienes tienen el buen criterio de elegir Baltasares negros de verdad". Así se habla, aunque sea un poco tarde pinchando aquí puede unirse a la iniciativa.

Porque mira que hay negros en Madrid para hacer de rey mago. Miles de ellos anónimos pero quieres a un famosete hasta puedes llamar a Lass Diarra. Supongo que lo de pintar a un blanco será para que pueda hacer de rey el concejal de turno, pero me reconocerán que es muy cutre. Y además los niños no son idiotas y este Baltasar en cuanto se ponga a dar besos empezará a desteñir. Otras ciudades lo han hecho mejor. En Huelva han sacado a los reclusos de la cárcel para hacer de pajes de Melchor, encarnado por el director de la prisión, mientras de Baltasar hacía un inmigrante llegado en patera. En Bilbao, como se ve en el vídeo de abajo, sí han escogido a un negro reglamentario. Me voy a dormir, que les dejen muchos regalos.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Pruebe su agudeza visual

Este proyecto, que se desarrolla en el puerto de San Sebastián de la Gomera, ayuda a "reducir las disparidades sociales y económicas" de los ciudadanos de la UE, según dice en el cartel. Preo ¿podría decirnos en menos de 20 segundos a qué no ayuda en absoluto?

Respuesta: A difundir la buena ortografía. ¿Se han fijado en el "contribulle"? Pues lleva así varios meses.

martes, 22 de diciembre de 2009

Ludopatía de Navidad

Dentro de unas horas se celebra el sorteo de Navidad así que puede que cuando me lean puede que la lotería me haya hecho millonario. O les haya hecho millonarios a ustedes. Soy fan del 22 de diciembre y como el año pasado ya les conté los diez motivos para amar esa fecha no voy a repetirme. Pero voy a añadir un undécimo motivo: ese día disfruto de una ludopatía bajo control bastante parecida al placer del tipo que sólo se toma unas copitas en los grandes acontecimientos. El resto del año casi no juego, pero para este sorteo me gusta llevar muchos numeritos, si es posible con todas las terminaciones, y sobre todo repartir participaciones o décimos entre mis seres queridos. Porque es un sorteo para ganar acompañado, lo más opuesto a la suerte del tipo que hace saltar la banca en el casino y sale por la puerta de atrás para que nadie se entere. Si uno gana la lotería de Navidad tiene que exhibirse, pegar saltos por la calle y abrir delante de las cámaras una botella de champán con los amigos o con los compañeros de trabajo. Es un día en el que los telediarios abren con una buena noticia y hay que contribuir al buen rollo, aunque quede uno como un hortera.

Dicho esto, nos ponemos serios, o sea matemáticos. ¿Qué probabilidad hay de que me toque mañana el gordo? Jugando un sólo número la probabilidad es una entre cien mil. No es tan improbable. Si jugáramos todos los días de nuestra vida y vivierámos ochenta y tantos años (30.000 días) tendríamos alrededor de un tercio de probabilidades de que nos tocara el primer premio alguna vez. El problema es que para entonces nos habríamos gastado bastante más de lo que reparten... Leo en una curiosa y macabra estadística sobre las causas de muerte en EE UU que 1/100.000 también es la posibilidad aproximada de morir un año concreto atragantado con un objeto o en el incendio de un edificio. Otro ejemplo para calibrar las posibilidades que tenemos: pienso en alguien que viva en Madrid -ciudad de unos cuatro millones de habitantes. Y luego salgo por una calle elegida al azar. La probabilidad de que me toque la lotería jugando un sólo número es la misma que la de encontrar a esa persona entre las primeras cuarenta que me cruce -suponiendo que todo el mundo saliera a la calle con la misma frecuencia, claro.

¿Difícil? Bueno, yo una vez quería ver a una chica que había ido a una manifestación cerca de mi casa, una de esas concentraciones en las que se juntaban al menos cien mil personas -según cálculos científicos, según los convocantes, dos millones- y la primera persona a la que me encontré fue a ella. Entonces me alegré mucho pero después visto lo visto hubiera sido mejor que me tocara la lotería... En fin, les dejo soñar, que es gratis, aunque para soñar que te ha tocado el Gordo conviene haberte gastado algo...Y les dejo con la musiquita aquella del Calvo de la Navidad con la que se anunció el sorteo en años anteriores. Una melodía maravillosa llamada Interior Student Cafe compuesta por Maurice Jarre y que pertenece a la banda sonora de una no menos maravillosa película: Doctor Zhivago. Lo dicho, que la suerte les acompañe.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Fútbol insólito: El autogol más tonto

Prometimos hace dos meses que, para desengrasar de tanta epístola, recogeríamos en este blog de vez en cuando alguna escena curiosa del mundo del fútbol. La de hoy no transcurrió en ningún estadio de primera -no hay más que ver el campo- sino en un partido del equivalente a regional preferente inglesa. El polaco Pitor Skiba, portero del Farsley Celtic, ataja bien una jugada de ataque del equipo rival pero al intentar sacar el balón se hace un lío y se mete un gol en propia meta de lo más ridículo. En España, en primera división creo recordar, sucedió algo parecido hace años. Aquí les destacamos esta desgraciada jugada por una cuestión de actualidad (sucedió hace unos días) pero si quieren darse un atracón de carambolas increíbles, goles rarísimos, fallos inexplicables y jugadas insólitas les recomendamos este enlace. A ver si pueden ver el vídeo entero sin reírse.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Risas enlatadas

¿Quieren introducir en sus lugares de trabajo un elemento de distensión, para liberar tensiones de vez en cuando? No, no les voy a recomendar que cuelguen un saco de boxeo del techo de la oficina, es algo más sencillo. Incluyan en el escritorio de su ordenador un botón de risas enlatadas, ésas que suenan en las comedias y que, según algunos, insultan a la inteligencia del espectador indicándole cuándo tiene que desborregarse. Es muy fácil hacerlo: se baja uno de internet (aquí por ejemplo) un archivo de sonido y cada vez que la ocasión lo requiere, pincha y se escuchan las carcajadas.

Si alguien pregunta si es cierto que va a haber una subida generalizada de sueldos, lo aprieta (risas enlatadas). Si viene el jefe y pide para dentro de una hora un trabajo que requerirá siete, lo aprieta (risas enlatadas). Si alguien sugiere que tal vez determinado departamento podría encargarse de una tarea cuando faltan diez minutos para que sus integrantes salgan pitando para sus casas, lo aprieta (risas enlatadas). De hecho hemos pensado otorgar en Navidad un premio con ese nombre a la frase más jocosa del año.

Las risas enlatadas, según leo por ahí, sonaron por primera vez en televisión en 1950 en The Hank McCune Show. Fueron inventadas por un técnico estadounidense llamado Charles Douglass. Cuenta el breve pero interesante obituario que le hizo The New York Times que murió en 2003, a los 93 años. Por la misma fuente me entero de que Douglas concibió una máquina de risas, que hoy incorpora desde carcajadas a pequeños suspiros, que puede combinar 40 sonidos distintos y -lo más interesante- que incluye ejemplos de risas de gentes de otras culturas, que por lo visto expresan su regocijo de manera muy distinta a los americanos. Lo que no dice es si sus dos hijos o su mujer -31 años más joven que él- cobran algún tipo de derechos de autor.

martes, 20 de octubre de 2009

La vida siempre es maravillosa, aunque a veces puede ser bastante jodida

El viernes por la noche nos sorprendió a todos la muerte de Andrés Montes, el histriónico periodista deportivo que ponía motes inverosímiles a todos los jugadores de fútbol y baloncesto, el inventor de expresiones tan populares como "jugón", "tiqui-taca" o "la vida puede ser maravillosa". No sabemos de qué se ha muerto pero como se supone que no atravesaba un buen momento profesional -no había renovado su contrato con la Sexta- muchos han apuntado enseguida la hipótesis del suicidio. Es una posibilidad truculenta pero no mucho más pausible que otras, por muy mal que le fuera. Parece que no nos damos cuenta de que -si es verdad- que estaba triste o deprimido también era muchísimo más probable que le diera un infarto, un derrame cerebral o lo que sea. Pero dejo el tema: a mí tampoco me importa demasiado de qué haya fallecido, lo siento en todo caso por su familia y por él. Era muy pesado pero también un tipo entrañable al que estoy seguro que escuchaban divertidos sus mayores críticos. Aunque fuera a ratos cuando nadie los veía.

Puesfijate que tras conocer la noticia casi todos tuvimos la ocurrencia fácil de decir aquello de "la vida puede ser maravillosa pero no tiene por qué serlo". Yo también lo dije, pero ahora pensándolo mejor, rectifico. Nuestra existencia es a ratos estupenda, a veces horrible y las más de las veces, mediopensionista. Como los libros de autoayuda no dejan de repetir, la felicidad depende en parte de lo que nos pasa y en gran parte de cómo nos lo tomamos. Pero la vida en sí, nuestra vida, cada vida, es, si reflexionamos, en esencia maravillosa. Aunque luego no nos pasen más que desgracias.

Me explico. Yo creo parte de la culpa de que no aguantemos bien los pequeños contratiempos de la vida -los grandes infortunios son más fastidiados de sobrellevar, por mucho que filosofemos- procede de la idea de que estamos en este mundo por una suerte de derecho divino. Que teníamos que existir sí o sí. Es lógico. Desde que tenemos recuerdos siempre hemos existido. Pero si analizamos un poco cómo carajo hemos llegado aquí -procuren no marearse- nos daremos cuenta de que somos una casualidad infinitesimal. Cuando alguien dice "si mi abuelo no hubiera ido a la guerra yo no hubiese nacido" yo pienso "no, si tu abuelo se hubiera apuntado a la guerra un segundo después, tu no habrías nacido". Y no te digo nada si la primera célula que pobló la Tierra hubiera perecido en el intento, o si no se hubieran extinguido los dinosaurios. O si se hubieran extinguido un minuto después. El presente es el resultado de trillones, por decir algo, de circunstancias interdependientes, si hubiera cambiado sólo una, todo sería diferente. Incluidos nosotros, no íbamos a ser especiales.

Por eso digo que la vida, la de cada uno, es siempre algo maravilloso. Reímos, lloramos, lo pasamos bien, mal o fatal porque nos ha tocado un número en la inmensa lotería cósmica de la que hablamos. Aunque sólo sea por la novelería de conocer el mundo casi todas las vidas merecen la pena ser vividas, sobre todo si reflexionamos sobre la inmensa suerte que hemos tenido de estar aquí. Pero incluso en aquellos casos en los que no merezca la pena el viaje -pensemos en un tipo nacido en un campo de concentración que sólo conozca el dolor y la muerte- la experiencia siempre será más interesante que la alternativa: no existir. Eso sí que tiene que ser un coñazo.

PS: Sobre la muerte de Andrés Montes les recomiendo el blog de su amigo Iturriaga. Un obituario para leer con una sonrisa.