lunes, 8 de marzo de 2010

Los guisantes salen del armario

El sábado limpié el armario de mi cocina. Sé que suena muy prosaico pero para mí fue muy importante. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de poner mi vida en general, en orden. En pocas semanas he arreglado también el trastero; ahora tengo pendiente el armario ropero, mis archivadores, el correo electrónico, un mueble de tres cajones donde guardo papeles y que me da miedo sólo de mirarlo -así que imagínense el pavor que me da abrirlo-, mis películas y dvds y el contenido de mi iPod. Cuando haya organizado -o probablemente antes- empezarán a desordenarse otras cosas pero al menos una vez al año tengo que sentir que todo está en su sitio.

Lo sé, soy un desastre. Desde pequeño. Y eso que gracias a un esfuerzo titánico me he reformado mucho. Pero aún así la labor de organizar la cocina fue un duro golpe para la autoestima de un tipo que quiere llevar una vida ordenada. El hecho de que guardara cuatro paquetes de spaguetti abiertos y dos de arroz -de la misma calidad exactamente- no fue el detalle más desmoralizador. Lo peor fue que de cinco baldas relativamente pequeñas extraje más de diez productos caducados: un paquete de biscottes, otro de galletas crackers, un tarro de alcachofas, cuatro cajas de medicinas diversas -y eso que casi nunca me medico-, tres paquetes de té, uno de harina, otro de alfanjores, un trozo de turrón duro -ya durísimo-, dos patatas que habían echado raíces y pedían ser trasplantadas a una huerta y una lata de guisantes.

Lo de la lata de guisantes era particularmente preocupante. Primero porque ese tipo de productos suelen tener una caducidad muy remota. Pero sobre todo, porque estaban pasados de fecha desde 2007. No es sólo que hubieran hayan pasado tres años, es que a finales de 2008 yo hice una reforma en mi casa. Todos los productos que tenía en la cocina fueron metidos en cajas, en las que nunca debió entrar algo que ya no era comestible. Peor aún es pensar que la lata pasó un segundo filtro: acabada la reforma todas las cosas que había guardado volvieron a las estanterías. ¿No me fije entonces tampoco en si estaban pasados de fecha?

No crean que es un detalle aislado. En anteriores arranques de furor organizativo he detectado en mi casa sustancias caducadas el siglo pasado, en concreto en 1998. Lo curioso es que desde entonces yo había hecho dos mudanzas, trasladados de una vida entera a los que sobrevivieron estos productos ya no aptos para el consumo humano.

Analizando un poco el asunto he llegado a la conclusión de que hay tres factores que han traído este estado de cosas. Primero, una tendencia natural, genético o aprendida, al desorden. Segundo, un síndrome de Díogenes atenuado que, ante la duda, me lleva a conservar cualquier cosa en vez de tirarla. Y tercero, circunscrito sólo al área de la cocina, el problema que tenemos los singles -antes solterones- para calcular bien lo que tenemos que comprar y para acabar con los productos que tenemos en stock. Mi próximo reto será sumergirme en el mueble ese de tres cajones que me mira desafiante. Ya les contaré los tesoros que me encuentro.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón por comentar privacidades. Pero,¿para cuando un post sobre la vez que volviste de un verano en Inglaterra con la ropa sucia metida en una bolsa transparente que llevabas como equipaje de mano? Es verdad que entonces eras muy pequeño,Berni, pero por si te sirve de consuelo HAS MEJORADO MUCHÍSIMO. Lo de los guisantes es un detalle muy menor.

mariangela dijo...

Me alegro que hayas vuelto, Berni!

Anónimo dijo...

ufff, qué miedo cuando llegues al trastero... ahí quedan dos maletas de la vaca parada ;)

Anónimo dijo...

jajajaja!! muy buena esta descripción del caos!

Andrés dijo...

Mi hermano Alejandro tiene un método radical para combatir el síndrome de Diógenes atenuado: ante la duda, lo tira.

Sí, has leído bien: ante la duda, lo tira. Es brutal. ¿Cuántos seríamos capaces de hacer algo parecido?

Eso sí, qué ligeritas se volverían las mudanzas.

Me alegro de que vuelvas, primo.

Anónimo dijo...

En el trastero ya no queda nada que pueda suponer algún peligro (a no ser el techo, que acabe cayéndose de nuevo). Hicimos limpieza y descubrimos hasta un equipo de música nuevecito que regalamos a un nigeriano muy simpático que vende La Farola.

Anónimo dijo...

Bernardo, soy tu madre. Parece mentira que no hayas mejorado nada desde que la víspera del examen buscabas los apuntes de matemáticas debajo de los muebles del salón. Bueno, para ser justa creo que sí que has mejorado algo; entonces te parecía muy natural que los apuntes anduvieran arrastrados: ahora te parece horrible tener guardar guisantes del año 98. Algo es algo.

marta dijo...

Me alegra que hayas vuelto, bueno realmente no llegaste a irte. Yo me acuerdo de la manzana en el fondo del púpitre, había algún que otro gusano... pero ya en ese momento tenías muchisiiimas cosas que me encantaban.... Besos Marta