Dentro de unas horas se celebra el sorteo de Navidad así que puede que cuando me lean puede que la lotería me haya hecho millonario. O les haya hecho millonarios a ustedes. Soy fan del 22 de diciembre y como el año pasado ya les conté los diez motivos para amar esa fecha no voy a repetirme. Pero voy a añadir un undécimo motivo: ese día disfruto de una ludopatía bajo control bastante parecida al placer del tipo que sólo se toma unas copitas en los grandes acontecimientos. El resto del año casi no juego, pero para este sorteo me gusta llevar muchos numeritos, si es posible con todas las terminaciones, y sobre todo repartir participaciones o décimos entre mis seres queridos. Porque es un sorteo para ganar acompañado, lo más opuesto a la suerte del tipo que hace saltar la banca en el casino y sale por la puerta de atrás para que nadie se entere. Si uno gana la lotería de Navidad tiene que exhibirse, pegar saltos por la calle y abrir delante de las cámaras una botella de champán con los amigos o con los compañeros de trabajo. Es un día en el que los telediarios abren con una buena noticia y hay que contribuir al buen rollo, aunque quede uno como un hortera.
Dicho esto, nos ponemos serios, o sea matemáticos. ¿Qué probabilidad hay de que me toque mañana el gordo? Jugando un sólo número la probabilidad es una entre cien mil. No es tan improbable. Si jugáramos todos los días de nuestra vida y vivierámos ochenta y tantos años (30.000 días) tendríamos alrededor de un tercio de probabilidades de que nos tocara el primer premio alguna vez. El problema es que para entonces nos habríamos gastado bastante más de lo que reparten... Leo en una curiosa y macabra estadística sobre las causas de muerte en EE UU que 1/100.000 también es la posibilidad aproximada de morir un año concreto atragantado con un objeto o en el incendio de un edificio. Otro ejemplo para calibrar las posibilidades que tenemos: pienso en alguien que viva en Madrid -ciudad de unos cuatro millones de habitantes. Y luego salgo por una calle elegida al azar. La probabilidad de que me toque la lotería jugando un sólo número es la misma que la de encontrar a esa persona entre las primeras cuarenta que me cruce -suponiendo que todo el mundo saliera a la calle con la misma frecuencia, claro.
¿Difícil? Bueno, yo una vez quería ver a una chica que había ido a una manifestación cerca de mi casa, una de esas concentraciones en las que se juntaban al menos cien mil personas -según cálculos científicos, según los convocantes, dos millones- y la primera persona a la que me encontré fue a ella. Entonces me alegré mucho pero después visto lo visto hubiera sido mejor que me tocara la lotería... En fin, les dejo soñar, que es gratis, aunque para soñar que te ha tocado el Gordo conviene haberte gastado algo...Y les dejo con la musiquita aquella del Calvo de la Navidad con la que se anunció el sorteo en años anteriores. Una melodía maravillosa llamada Interior Student Cafe compuesta por Maurice Jarre y que pertenece a la banda sonora de una no menos maravillosa película: Doctor Zhivago. Lo dicho, que la suerte les acompañe.
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martes, 22 de diciembre de 2009
Ludopatía de Navidad
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viernes, 23 de enero de 2009
¿Tú juegas a la primitiva?
Mi amigo y compañero Juan Carlos Galindo, hombre de orden y lector diario de la Biblia (The New York Times), me ha mandado este interesante enlace. La página genera automáticamente una combinación de seis números entre el 1 y el 56, como si fuera una apuesta de la lotto de Estados Unidos, similar a la lotería primitiva española. A continuación empieza a simular sorteos, aproximadamente uno cada décima de segundo y compara las combinaciones premiadas con la nuestra. En la columna de la derecha va contando el número de veces que acertamos uno, dos, tres, cuatro, cinco o seis números. Lo desalentador es que puede dejar el programa funcionando durante un buen rato (recuerde, hay diez sorteos por segundo, 600 por minuto) sin conseguir si quiera tres números correctos. Déjelo toda la noche, un par de días si prefiere. ¿Ha logrado acertar al menos cuatro?La lotería primitiva española es algo más fácil (tiene 49 números en vez de 56) pero la conclusión es la misma: gastarse un euro en semejante engañifa es, desde un punto de vista racional, una estupidez. Pero nuestra alma irracional seguirá impulsándonos a jugar a los juegos de azar. Porque cuando compramos un décimo o un cupón lo que adquirimos es ilusión. Yo me gasto 120 euros todos los años en lotería de Navidad y nunca me toca nada. Pero me parece un precio barato por todos los ratos que me hace pasar imaginando qué haría si me tocara.
Suerte.
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sábado, 19 de abril de 2008
Jugad, que al final toca
La vida de mi amigo Alfredo no es más interesante que la del común de los mortales. Pero como cuenta tan bien las historias -le viene de familia, su tío y su hermano son escritores- da la impresión de que siempre le están pasando cosas curiosas. Su última anécdota es estupenda. Sólo me la creo porque me la cuenta él de primera mano y porque aporta como prueba un correo electrónico. Resulta que el otro día estaba esperando que se incorporara a su empresa un tipo al que le había hecho una entrevista -es responsable de Recursos Humanos- y le llegó el siguiente e-mail del individuo. No les adelanto nada, leánlo hasta el final.
"Estimado Alfredo,
Sintiéndolo mucho pero este viernes he sido ganador de una buena cantidad de dinero de una de las apuestas del estado y sinceramente tras un loco fin de semana, ahora os comunico mi renuncia al puesto ofertado por vuestra empresa, lo cual siempre agradeceré.
Siento no haber comunicado antes pero dadas las circunstancias esta es la verdad y realidad de los hechos y así os la transmito.
No penséis que os miento ni que sufro de alguna patología extraña, sencillamente ya no necesitaré trabajar como empleado nunca más y hasta el año que viene no decidiré que hacer con mi vida.
Ya se que suena a cuento pero es real, estamos mi familia y yo muy felices como podrás entender.
Os deseo lo mejor y siento mucho el perjuicio que os ocasione. Si me disteis de alta en la seg. social, darme de baja.
No os molestéis en llamarme ya que me encuentro a punto de salir de viaje.
Muchas gracias por vuestra confianza y jugad que al final toca.
Daniel XXXXXXX"
"Estimado Alfredo,
Sintiéndolo mucho pero este viernes he sido ganador de una buena cantidad de dinero de una de las apuestas del estado y sinceramente tras un loco fin de semana, ahora os comunico mi renuncia al puesto ofertado por vuestra empresa, lo cual siempre agradeceré.
Siento no haber comunicado antes pero dadas las circunstancias esta es la verdad y realidad de los hechos y así os la transmito.
No penséis que os miento ni que sufro de alguna patología extraña, sencillamente ya no necesitaré trabajar como empleado nunca más y hasta el año que viene no decidiré que hacer con mi vida.
Ya se que suena a cuento pero es real, estamos mi familia y yo muy felices como podrás entender.
Os deseo lo mejor y siento mucho el perjuicio que os ocasione. Si me disteis de alta en la seg. social, darme de baja.
No os molestéis en llamarme ya que me encuentro a punto de salir de viaje.
Muchas gracias por vuestra confianza y jugad que al final toca.
Daniel XXXXXXX"
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miércoles, 30 de enero de 2008
¿Cuánto vale la salud?
¿Tiene usted salud y se considera pobre, desgraciado, infeliz...? Pues fíjese lo que darían algunos por estar tan mal . Si la historia la hubiera escrito Capra aparecería un ángel que curaría a este señor y luego repartiría el dinero entre los pobres. No perdamos la fe. A veces la vida imita al cine y nos sorprende con un final insólito y feliz.
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domingo, 9 de diciembre de 2007
Compro suerte en Doña Manolita
Un consejo de un enamorado del centro de Madrid: no se acerquen por allí hasta por lo menos el 10 de enero. Entre la Gran Vía y la Plaza Mayor no hay quien se mueva estos días de furor navideño. A la agorafobia que produce andar por Sol como si por allí pasara una manifestación perpetua se une el horror estético de los gorritos de Papa Noel y -Dios sabe por qué- las pelucas, a cual más aparatosa, de moda en estas fechas. Mi habitual paseo de sábados y domingos a la piscina de La Latina -una de mis rutinas más agradables- se ha convertido hoy en una aventura. Avisados están.Particularmente agobiante resulta contemplar las colas que estos días se forman frente al número 31 de Gran Vía. Allí se ponen las botas a vender lotería los propietarios de la administración que fundó Doña Manolita en 1931, y que hasta Sabina menciona en su canción A la sombra de un león ("compro suerte en Doña Manolita..."). La fila ocupa tres o cuatro manzanas pero la magia del lugar se extiende centenares de metros a la redonda. Por ejemplo, en los tenderetes de las gitanas que venden décimos en la Puerta del Sol no faltan carteles anunciando que los numeritos allí expuestos han sido adquiridos en dicho establecimiento. Naturalmente, se venden con un recargo de dos euros, que para eso se ahorra usted la cola.
Al margen de que es muy difícil comprobar de dónde carajo han salido los boletos hay que concluir que, desde un punto de vista racional, tanta idolatría con dicha señora es una memez. La probabilidad de que te toque un premio depende del número de décimos distintos que lleves, no de dónde los hayas comprado. Si en Gran Vía 31 se ha vendido 20 veces el Gordo no es porque el lugar sea mágico, sino porque vende miles de números distintos. Y así es fácil. Igual sucede con la administración de Sort cuyo propietario, prototipo del nuevo rico, se ha apuntado a lista de millonarios horteras que quieren ser turistas en el espacio.
Pero incluso a quienes nos gustan las matemáticas no podemos sustraernos a las supersticiones. Un estudio reciente concluye que un tipo que hubiera comprado el último boleto de un número no lo revendería antes del sorteo salvo que le ofrecieran, de promedio, 60 veces su valor. A mí me pasa algo peor. He soñado con un décimo y lo quiero comprar. Lo vende el de Sort, y sería fácil hacerme con él por internet. Pero me da tan mal rollo el tipo -lo siento, seguramente será un santo- que me desplazaré a una remota administración en los confines de Madrid para adquirirlo. Quizá incluso haré cola. Y miren que es el mismo número. Por la cara que me vean el 22 por la tarde sabrán como me ha ido. Sólo adelanto que acaba en 4.
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sábado, 1 de septiembre de 2007
¿Superstición provinciana?

El jamón, de jabugo. La morcilla, de Burgos. Las cerezas, del Jertes. Y la lotería de Madrid. Quiero suponer que este cartel, colgado en un bar de Santa Cruz, pretende llamar la atención de esa gente a la que simplemente le gusta jugar décimos de diversos puntos de España. Pero supongo que también atraerá a quienes creen que cuanto más grande es el lugar donde se compran los billetes, más probabilidad hay de que toquen. Conocí a un tipo que adquiría siempre la lotería en el pueblo de al lado, menos en Navidad. Entonces la encargaba a una administración de Bilbao porque "¡cómo va a tocar el Gordo en Briviesca!".
Del mismo espíritu anúmerico participa ése que compra en la provincia que nunca se ha visto agraciada "porque es más probable que toque". O el que cree que es muy posible que el Gordo termine en seis porque lleva 30 años sin caer en ese número. Sujetos que encima esgrimen argumentos seudomatemáticos para apoyar su razonamiento y zanjan con un "eso es científico" cualquier amago de discusión. Aunque pensándolo bien ¿No es más probable que toque el premio en Madrid que en un pueblecillo?
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