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lunes, 19 de marzo de 2012

¡Viva la Pepa y viva el ilustre gomero!

Hoy (ya ayer para la mayoría de ustedes) se cumplen 200 años de la Constitución de Cádiz y me imagino que estarán saturados de leer, ver y oír informaciones sobre la primera carta magna que nos dimos los españoles. Espero no aburrirles aún más pero yo también voy a hablar del mismo tema, en concreto de uno de sus protagonistas, Antonio José Ruiz de Padrón, el diputado que las Islas Canarias enviaron a esas cortes constituyentes. Y de propina les voy a contar dos historias que pasaron hace cien años, cuando se celebraba el primer centenario del texto, en la casa donde nació Don Antonio José, que ocupa el número 57 de la calle Real de San Sebastián de la Gomera. ¿Siguen ahí? ¿Preparados para las batallitas? Pues arranco.

Verán, yo desde muy pequeño conozco a Ruiz de Padrón porque esa casa resulta ser la casa de mi familia en La Gomera, donde también nació mi bisabuelo Ventura, mi abuela Altagracia y casi todos sus hermanos, y donde he pasado muchas navidades y muchos meses de septiembre. Sin embargo, durante años este diputado fue para mí una figura oscura, de méritos desconocidos. La culpa la tenía la placa que sigue adornando la fachada, en la que se recuerda que ahí nació en 1757 un "ilustre gomero" (expresión entrañable y gastada en mil bromas en nuestra familia), muerto en 1823, pero de cuya biografía no se contaba nada. He visto a decenas de viajeros pararse a leer el cartel e irse con más dudas de las que traían y también los he visto elucubrar sobre quién sería el personaje. Según unos turistas catalanes, que debían llevar bromeando todo el viaje con el nombre de la isla, se trataría sin duda del inventor del chicle.


Ruiz de Padrón no inventó el chicle. Pero si fue una figura clave en las Cortes de Cádiz. Era clérigo, pero defendió la supresión de la inquisición. Y propuso también que se aboliera la esclavitud. Las actas de todas sus intervenciones en las cortes las recopiló mi hermana Dácil cuando trabajó en el Congreso y regaló un ejemplar a mi madre y otro a cada uno de sus hermanos. Además, el ilustre gomero tuvo una vida muy interesante que tuvo un capítulo novelesco y trascendental. Sucedió que al cruzar el Atlántico para visitar Cuba en 1785 una tormenta hizo naufragar su barco y acabó en Pensilvania. Y ya que estaba allí aprovechó para pasar una temporada en los Estados Unidos, donde conoció a Washington, fue contertulio de Benjamin Franklin y se empapó de las ideas ilustradas que habían alumbrado aquel país que cumplía entonces ocho años.

Franklin es el protagonista de una de las dos historias que sucedieron hace cien años en esa casa donde paso las Navidades. Cuando en 1912 se iba a celebrar, supongo que la misma pompa que ahora, el primer centenario de la Constitución le pidieron a mi bisabuelo don Ventura desde el comité organizador de los festejos que les prestara unas cartas que el político estadounidense había enviado a Ruiz de Padrón y que mi familia guardaba. Mi bisabuelo, que era un buenazo (y se parecía mucho a mí, según mi madre, lo cual no quiere decir que yo tambien lo sea), las envió a Cádiz... pero las cartas nunca regresaron. No hay nada que reclamar, nuestra propiedad prescribió hace mucho y pensándolo bien es preferible que estén en un museo a que las tenga un particular. Lo único que me molestaría es que alguien hubiera hecho negocios con ellas.

El protagonista de la otra historia que ahora cumple cien años fue la persona que me contó la anécdota de las cartas. En esa casa donde había nacido Ruiz de Padrón, y desde donde don Ventura enviaba a Cádiz los originales de los textos de Franklin, se celebraba hace ahora un siglo el bautizo de un niño, nacido en la misma calle apenas tres manzanas más allá. El padrino era mi bisabuelo y le había prestado al pequeño para la ceremonia las mismas ropas con las que el año anterior había bautizado a su hija menor. Esa niña era mi abuela y el bebé, su vecino, a quien ella miraría con la curiosidad de sus ocho meses de vida, se acabaría convirtiendo con el tiempo en su marido. Sí, el 13 de marzo se cumplieron cien años del nacimiento de mi abuelo Manolo y le debo un post pero tengo tantas cosas que contar que cuando me pongo me sale una tesis. Espero que cuando lo acabe -esta semana seguro- entiendan por qué me está costando tanto.

martes, 29 de diciembre de 2009

Curso de silbo gomero por Internet

Hay épocas del año en que a uno le da por repetirse. Manuel Vicent escribe sobre toros -contra las corridas- al arrancar la Feria de San Isidro de Madrid cada mes de mayo y a mí -salvando las distancias- en Navidad me da por escribir sobre la isla de la Gomera. Es natural, paso desde hace años estas fiestas en la tierra natal de mis abuelos, donde conservamos una estupenda casa familiar del siglo XVII -perdonen la inmodestia, pero una de las mejores del lugar. Puesfijate -ya lo sabrán muchos- que en este lugar perdido del Atlántico mantienen un lenguaje ancestral a base de silbidos, lo que les permite comunicarse entre las escarpadas montañas que forman la isla. Un sistema muy útil antes de la llegada del móvil y aún hoy cuando no se tiene saldo, batería o cobertura, o en lugares abarrotados de gente.

Sí, mis fieles lectores, ya hablé de esto hace dos años, así que les ahorro el rollo y para saber más -por ejemplo, que se puede chiflar en cualquier idioma porque es un lenguaje fonético, o por qué en mi familia no sabemos silbar- les remito a mi post correspondiente. Pero hoy quería añadirles una cosa nueva. Siempre he dicho que me gustaría apuntarme a un curso para aprender este curioso sistema de comunicación. Ahora se estudia en los colegios de la isla y veo anunciadas clases en las paredes de su capital, San Sebastián de la Gomera, pero el inconveniente es que ni estoy en edad escolar ni puedo pasarme una temporada lo suficientemente larga como para aprender algo. Puesfijate que Internet puede darme la solución. He descubierto que la página busuu.com, dedicada a la enseñanza de idiomas, propone un curso on line con el lema "conviértase en silbador". Soy un poco escéptico sobre este tipo de enseñanza pero me apetece tanto el reto y me parece tan bizarro que igual le dedico unas horas libres. Si aprendo algo les prometo un vídeo demostrativo.

Felices Navidades con algo de retraso.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Pruebe su agudeza visual

Este proyecto, que se desarrolla en el puerto de San Sebastián de la Gomera, ayuda a "reducir las disparidades sociales y económicas" de los ciudadanos de la UE, según dice en el cartel. Preo ¿podría decirnos en menos de 20 segundos a qué no ayuda en absoluto?

Respuesta: A difundir la buena ortografía. ¿Se han fijado en el "contribulle"? Pues lleva así varios meses.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Instrucciones en silbo

Poca gente fuera de Canarias sabe que en La Gomera tienen un lenguaje único en el mundo, a base de silbidos. En realidad más que una lengua con vocabulario propio es una manera de transportar las palabras entre los escarpados barrancos de la isla. O sea, que se puede silbar en español, en alemán o en lo que sea. Como era muy difícil acercarte al tipo que veías en la cresta de la otra montaña y las palabras no podían vencer el abismo, te dirigías a él chiflando. Y el otro, que conocía los códigos, te comprendía y contestaba.

El silbo era característica de las zonas rurales; como sucedía con el euskera los habitantes de las zonas más urbanas -en el caso de La Gomera, la villa de San Sebastián- tenían a gala no utilizar una habilidad que delataba tu procedencia pueblerina. Mi abuela, gomera de pura cepa, me regañaba cariñosamente incluso cuando silbaba una canción. Entre la gente cercana sólo conocí a una silbadora, nuestra vecina Olga, ya fallecida. Hace años, cuando el ferry que une Tenerife y La Gomera se acercaba al puerto era frecuente que los pasajeros comenzaran a comunicarse a silbazos con quienes esperaban. La sinfonía de chiflidos que amortiguaba la impaciencia de los viajeros por llegar ha sido sustituida ahora por la sarta de sms inútiles enviados a gente a la que veremos en diez minutos: "¿Marearon?", "¿Vino a buscarnos la tía?".

Pues bien, la compañía Armas, una de las navieras que enlazan ambas islas ha decidido promover este lenguaje ancestral. Los mensajes que se dirigen por megafonía al pasaje se comunican en español, inglés y en silbo (español silbado, entiendo), tal y como se escucha en el vídeo. También quieren recuperarlo en las escuelas. Hacen bien. A parte de ser una riqueza cultural tiene una utilidad práctica de la que carecen otras lenguas vernáculas, con todos mis respetos. Permite, por ejemplo, dirigirte a alguien entre la multitud o hablar a distancia cuando el móvil se queda sin cobertura o sin saldo. Con todo el respeto por mi abuela, en cuanto pueda me apunto en un curso para aprender.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Navidad y cambio climático

Una de las estampas más típicamente navideñas es la del paisaje nevado surcado por los renos. Supongo que ese será el panorama ahora en el norte de Europa, y que en el sur del viejo continente también caerá estas fechas algún copo. Pero como imagen de una fiesta con vocación de universalidad resulta sumamente parcial. Ayer hizo frío en Jerusalén, pero la temperatura no bajó de nueve grados centígrados, por fijarnos en el epicentro de la Navidad. En Brasil, el país con más católicos del mundo, hace en estas fechas el mismo buen tiempo de siempre. Y más al sur, en Argentina, Chile o Australia viven los días de más calor de todo el año.

Para mí las Navidades significan desde hace 17 años volver a Canarias desde algún lugar más frío, Bilbao primero y Madrid después; acercarme a la playa y, si hay suerte, darme un buen baño en el Atlántico. Aquí el agua suele estar muy fría, pero como el invierno es muy suave si el tiempo acompaña resulta más un placer que un sacrificio ritual para presumir de zambullida en diciembre. Hoy brillaba el sol en San Sebastián de la Gomera, teníamos 24 grados, el cielo estaba despejado y el chapuzón ha sido una gozada.

Si se cumplen las profecías de los augures del cambio climático (yo no soy agnóstico en este tema aunque sí un poco escéptico) es posible que este panorama se traslade en las próximas décadas mucho más al norte. Quizá dentro de cien años alguien se dé en Estocolmo en tal fecha como hoy un baño tan estupendo como el que he disfrutado esta mañana. ¿Seguiremos entonces adornando nuestras casas con imágenes de trineos entre colinas de nieve o cambiará también con el tiempo el atrezzo navideño?

martes, 4 de septiembre de 2007

De aquí partió Colón

La última tierra que pisó Colón antes de avistar América fue ésta donde me hallo ahora: San Sebastián de la Gomera. Un acontecimiento histórico, sin duda, aunque aquí a veces parece que queremos ocultarlo. A parte de unas camisetas que se vendían hace años -no sé ahora- con la leyenda De aquí partió Colón, apenas nada recuerda que aquí el Almirante se aprovisionó de agua y víveres y, probablemente, cortejó por última vez a una mujer -Beatriz de Bobadilla- antes de su gran travesía. O mejor dicho, si hay múltiples referencias colombinas. Pero están francamente mal enfocadas. Un ejemplo: en la placa de una reciente y pequeña escultura al descubridor ubicada en la calle de Enmedio no sé dice que diablos pinta ahí Colón. Pero sí que fue inaugurada por los Reyes.

Otro detalle contribuye a la confusión del visitante: un mapa ya descascarillado en el suelo del paseo marítimo de San Sebastián muestra la supuesta ruta del primer viaje a América. El problema es que la flecha que comunica La Gomera y el nuevo continente pasa lejos de Guanahani, la primera isla que avistaron las carabelas...y va a parar a La Hispaniola, donde arribaron los barcos tiempo después. Pero el remate lo muestro en la foto: la iglesia donde rezó Colón exhibe en su fachada un magnífico mosaico con fecha de 1768. La explicación es sencilla: es la fecha de construcción de la nave lateral del templo, que data del siglo XV. ¿Hacía falta mantener este detalle para que muchos turistas piensen que se les está tomando el pelo?