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jueves, 19 de marzo de 2009

Samuelear

Conocí la palabra gracias al estupendo proyecto digital de fin de curso que hicieron los chicos del Máster de EL PAÍS de el año pasado, un monográfico sobre aquellas materias poco conocidas en las que España es número uno del mundo. Rodrigo Cavalheiro entrevistaba el campeón mundial de Scrabble en castellano, un tal Enric Hernández, poseedor de un léxico impresionante. Le interesaban a este Hernández especialmente las palabras que contienen letras de mucha puntuación, como za, expresión usada para ahuyentar a los perros o cuz, lo que se les grita para traerlos de vuelta. A las gallinas, en cambio, se las espanta diciendo ox. De algunos términos ni sabía su significado, sólo que existían. Pero también conocía el sentido de miles de vocablos rarísimos y muy útiles para cuadrar las letras en el tablero.

Uno de esas palabras curiosas que citaba en la entrevista era el verbo samuelear. Un término usado en Costa Rica que no tiene sinónimos fáciles en castellano. Según la RAE, en Costa Rica usan la palabra con el significado de "ver o tratar de ver las partes sexuales o los muslos de la mujer". Y aunque no lo diga el diccionario en el país centroamericano se usa con un matiz de clandestinidad: más o menos equivale a la actividad que desarrolla el voyeur de toda la vida. Por cierto que en esta página de la Academia se han molestado en conjugarlo en todas sus formas verbales simples: futuro de subjuntivo, samueleare; imperativo, samuela [tú]; gerundio, samueleando...

Los que participamos en el proyecto fin de máster adoptamos cariñosamente el término y le dimos un sentido más amplio que tampoco puede expresarse con una sola palabra: más o menos mirar a otra persona con disimulo e interés. "No samulees", me espeta mi amigo Manolo cuando me quedo mirando a las chavalitas que pasan por el pasillo del periódico. O bien: "Este bar es de samueleo". La palabra ha ido cuajando entre mis compañeros de trabajo y se ha convertido en una broma común, en parte de ese lenguaje compartido que es buen síntoma de que un grupo humano ya es un equipo.

En Costa Rica este simpático término está totalmente extendido. Rastreando en Internet he encontrado esta deliciosa noticia en la que una secretaria denuncia a un jefe policial "por samuelearla". No se pierdan la información porque no tiene desperdicio. Comienza con un lead contundente, de los que enganchan: "Tremendo escándalo sexual se armó en la Reserva de la Fuerza Pública...". Impagable la foto del baño escenario de los hechos. Y genial el remate: "La samueleaba porque dejaba de ser la querida". Ah, hombre. Eso lo explica todo.

¿Y de dónde vendrá la expresión? Sólo he encontrado una explicación en Internet, así que vaya usted a saber. En la web dennismelendez.com, en el apartado de costarriqueñismos y pachuquismos, hay un capítulo dedicado a "sexo y porno". Muy pudorosamente, el autor de la página advierte que "no se recomienda a personas con prejuicios o tabúes del lenguaje". Seguimos leyendo y nos enteramos de que la palabra procede un tal Samuel que vivía en la localidad de Cartago (de Costa Rica, no la de Aníbal) a principios de siglo (entendemos, del XX), muy aficionado al asunto. No es insólito que el nombre de una persona dé origen a una palabra: nos acordamos de Joseph-Ignace de Guillotin o del marqués de Sandwich, o del de Sade. Pero nos preguntamos qué clase de golfo sería el tal Samuel para haber dejado semejante impronta en el vocabulario de un país.

Foto: Sr. Ternasco

martes, 28 de octubre de 2008

Una crisis histórica

A los periodistas nos encantan la palabras contundentes: histórico, debacle, catástrofe, hundimiento. Quizá porque confundimos nuestras obligaciones: no tenemos que vender las noticias, no debemos hacerlas más sexys para que nos las compren los lectores. Simplemente tenemos que contarlas en los términos que honestamente creamos que se ajustan más a la realidad. Y creo que a la larga venderemos así más noticias, pero eso es materia de reflexión para otro día.

Entre esos términos de los que abusamos en la prensa está la palabra "histórico". Y digo que abusamos porque el 90% de las veces sólo la perspectiva que da el paso del tiempo hace que un acontecimiento puede ser calificado de tal. Es decir que quede como un hito señalado para la Historia. Es evidente que cuando mataron a Kennedy o cuando Bin Laden derribó las Torres Gemelas sabíamos desde el minuto 1 que estábamos ante un acontecimiento que íbamos a recordar toda la vida. Pero ¿cuántas veces hemos escuchado calificar de tal partidos de fútbol, jornadas bursátiles o incluso declaraciones de políticos de las que ya no se acuerdan sino las hemerotecas?

Es obvio que estamos en un momento singularmente complicado. Las bolsas han sufrido enormes caídas (históricas en el sentido de "sin precedentes en décadas"), han quebrado un buen número de empresas y las perspectivas son alarmantes. La tentación de comparar esta situación con el crack del 29 son tremendas, y es cierto que los pronósticos de los más sabios (sabios que no supieron predecir este lío) apuntan a unas consecuencias casi tan desvastadoras para la economía. Pero imaginemos...

Imaginemos que las inyecciones de liquidez de los Bancos Centrales y las ayudas estales empiezan a funcionar (ya están funcionando, el Euríbor ha bajado en las últimas semanas). Imaginemos que las bolsas han tocado fondo (¿por qué no?), empiezan a remontar casi al mismo ritmo que han caído y los tipos con agallas que han comprado en los últimos días son dentro de dos años los nuevos ricos del siglo XXI. Imaginemos que la recesión, esa sí casi inevitable, sea más suave de lo previsto (también se equivocaron hace pocos meses al pronosticar un panorama más bonancible). Imaginemos, en fin, que para mediados del próximo año la situación de la economía real aparece razonablemente despejada.

¿Una locura? Quizá todo esté para entonces aún más hundido de lo que vaticinan los más agoreros. Pero tampoco es un panorama imposible. No digo, Dios me libre, que el momento actual invite al optimismo pero sí creo que los pronósticos que se hacen ahora mismo están contaminados por dos circunstancias. Uno, los opinadores prefieren pecar de pesimistas porque los diagnósticos catastróficos parecen más sesudos. Y dos: si dentro de seis meses hemos salido del hoyo no se hablará de la crisis, ni de los peores vaticinios. Si se sigue hablando es porque andamos peor. Y entonces los agoreros podrán salir diciendo: "Ya lo decía yo...".

¿Qué tendrá entonces de histórica la situación que estamos viviendo? Desde luego cambiarán las reglas que regulan los mercados financieros. Los bancos de inversión ya han desaparecido, y eso son importantísimas novedades. Pero sobre sobre todo recordaremos una histórica crisis de confianza y un histórico ataque de pánico de los inversores. Algo que ya les gustaría haber vivido a quienes sufrieron la crisis de 1929. Esa que con 80 años de perspectiva sí podemos calificarla de Histórica, con mayúsculas.

(Dos apostillas: Javier Marías se refería el otro día en EL PAÍS a esos "momentos históricos" y comentaba también cómo el lenguaje apocalíptico que usamos los periodistas a menudo retroalimenta las noticias, lo que en psicología se llaman profecías autocumplidas. Y otra: mi padre, que ha empezado a usar su email electrónico me ha mandado un documento que explica muy bien el origen de la crisis. PINCHEN AQUÍ para leerlo).

Ilustración: MotherPie

sábado, 29 de diciembre de 2007

Instrucciones en silbo

Poca gente fuera de Canarias sabe que en La Gomera tienen un lenguaje único en el mundo, a base de silbidos. En realidad más que una lengua con vocabulario propio es una manera de transportar las palabras entre los escarpados barrancos de la isla. O sea, que se puede silbar en español, en alemán o en lo que sea. Como era muy difícil acercarte al tipo que veías en la cresta de la otra montaña y las palabras no podían vencer el abismo, te dirigías a él chiflando. Y el otro, que conocía los códigos, te comprendía y contestaba.

El silbo era característica de las zonas rurales; como sucedía con el euskera los habitantes de las zonas más urbanas -en el caso de La Gomera, la villa de San Sebastián- tenían a gala no utilizar una habilidad que delataba tu procedencia pueblerina. Mi abuela, gomera de pura cepa, me regañaba cariñosamente incluso cuando silbaba una canción. Entre la gente cercana sólo conocí a una silbadora, nuestra vecina Olga, ya fallecida. Hace años, cuando el ferry que une Tenerife y La Gomera se acercaba al puerto era frecuente que los pasajeros comenzaran a comunicarse a silbazos con quienes esperaban. La sinfonía de chiflidos que amortiguaba la impaciencia de los viajeros por llegar ha sido sustituida ahora por la sarta de sms inútiles enviados a gente a la que veremos en diez minutos: "¿Marearon?", "¿Vino a buscarnos la tía?".

Pues bien, la compañía Armas, una de las navieras que enlazan ambas islas ha decidido promover este lenguaje ancestral. Los mensajes que se dirigen por megafonía al pasaje se comunican en español, inglés y en silbo (español silbado, entiendo), tal y como se escucha en el vídeo. También quieren recuperarlo en las escuelas. Hacen bien. A parte de ser una riqueza cultural tiene una utilidad práctica de la que carecen otras lenguas vernáculas, con todos mis respetos. Permite, por ejemplo, dirigirte a alguien entre la multitud o hablar a distancia cuando el móvil se queda sin cobertura o sin saldo. Con todo el respeto por mi abuela, en cuanto pueda me apunto en un curso para aprender.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Le hago políglota en diez segundos

Hablando de la capacidad para los idiomas que tienen Aznar y Zapatero ¿Quiere aprender mil palabras en inglés, francés, portugués e italiano en diez segundos? Pues bien, ahí va el truco: prácticamente todos los sustantivos que en español terminan en "ción" (unos mil), se escriben igual pero acabados en "tion" en inglés, también en "tion" en francés (aunque se pronuncia "sion"), en "zione" en italiano y en "çao" en portugués. Ejemplos: Constitución-constitution-constitution-constituzione-constituçao / confirmación-confirmation-confirmation-confirmazione-confirmaçao / acción-action-action-azione-acçao.

Esta curiosidad la leí en una publicación de la era analógica -tal vez en las entrañables Selecciones del Reader's Digest- pero la anécdota no ha sobrevivido a la era digital. De hecho, la cito de memoria porque no la encuentro ni con Google. Ah, en la radio anuncian todo el rato el método de un tal Professor Maurer, de CCC, para aprender el inglés con mil palabras ¿Será este el sistema empleado?