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viernes, 3 de abril de 2009

We own the world

¿Se acuerdan de USA for África? Corría el mes de abril de 1985, estaba uno en séptimo de EGB y un grupo de cantantes estadounidenses, liderados por Michael Jackson, Lionel Richie, Harry Belafonte y Stevie Wonder, grabaron el single We are the world para recaudar fondos contra la pobreza en África. La canción se convirtió rápidamente en número uno en todo el mundo. Ahora, 24 años después, la ONG InspirAction ha sacado esta réplica para parodiar la cumbre del G-20. "We own the world, we are the bussiness" (poseemos el mundo, somos el negocio) cantan estas caricaturas de Obama, Sarkozy o Zapatero (sí, se le ve al principio un poco, a la derecha). Soy de lo que confían en que salga algo bueno de esta cumbre y poco propenso a excesos antiglobalizadores. Pero me parece que tiene gracia.

PS: Hace un par de posts se me coló una falta de ortografía horrible. "Hay van..." en vez de "Ahí van". Ya está corregido. Mis disculpas.

martes, 31 de marzo de 2009

The New Hard Times

Creo que nada me ha dado tanto asco en mi vida como esta crisis. No es que me afecte directamente a mí, de momento, pero sí a muchas personas a las que quiero. Ver a tanta gente en paro, con trabajos precarios, recibir todos los días correos de amigos que buscan trabajo, observar el caudal de talento que se está desperdiciando, me pone enfermo. Pero bueno en Puesfijate decidimos desde el día de su fundación que íbamos a ser optimistas, así que después de este desahogo ofrecemos, como siempre, todo nuestro apoyo y ayuda a quien la solicite, aunque el margen de actuación sea mínimo. Como ya dije hace unas semanas, ya me gustaría que me sobraran tres millones de euros para emplear a un montón de gente valiosa hasta que pase el temporal. El Euromillón se resiste, pero llegará.

The New York Times también está en crisis, pero sólo económica. No de ideas. Su penúltima genialidad -ya saben que aquí llegamos a todo con quince días de retraso- se llama The New Hard Times, los nuevos tiempos duros, jugando con el nombre del diario. La sección consiste en una serie de vídeos con conversaciones entre testigos del crack del 29 y las nuevas generaciones que tienen que lidiar con esta depresión en ciernes. Los lectores están invitados a mandar sus grabaciones. Una abuela es entrevistada por su nieto de 13 años. Un profesor de 96 años charla con sus alumnos. Los descendientes de Jackson Pollock leen la correspondencia del artista en aquellos años. El resultado en algunos casos es extraordinario. Y confirma mi impresión de la crisis es de la industria periodística, no del periodismo. Espero que las neuronas de quienes nos tienen que sacar de ésta estén tan en forma como las de los profesionales de The Holly Bible, como llamamos en el trabajo al viejo Times.

lunes, 16 de febrero de 2009

¡Atención! ¡Talento a precio de saldo!

Alguien dijo que el despertar es el momento más arriesgado del día. Y es verdad. Durante un segundo no sabemos aún ni quienes somos y uno puede ser un condenado a muerte en el último día de su vida o el príncipe azul que ha pasado la noche de bodas con la princesa prometida. Después nos cae encima la realidad, ni tan mala ni tan buena en la mayoría de los casos. Y se enfrenta uno con ella. Yo, desde hace unos meses, tengo mis primeros pensamientos del día para la puñetera crisis. ¿Habremos tocado fondo y empezado a recuperarnos? Pues no. Pone una la radio -lo primero que debe hacer uno después de hacer pis, según Juan Cruz, o no podrá considerarse periodista- y resulta que la situación está todavía peor que el día anterior.

Podría decir que la crisis no me afecta personalmente, o al menos estoy en el grupo menos perjudicado. Pero sí ha alcanzado a alguna persona muy próxima que ha perdido su trabajo, a algunos amigos en igual situación y a muchas personas muy queridas -antiguos alumnos, becarios de mi trabajo- que ni siquiera han podido encontrar aún un primer empleo. Egoístamente todos debemos estar preocupados: esto tiene mala pinta y nadie está seguro en su puesto. Pero como me considero una persona fundamentalmente empática -soy feliz cuando estoy rodeado de gente feliz, y a mucha honra- aunque me triplicaran el sueldo y me blindaran el contrato la crisis me seguiría teniendo jodido.

Cuando estábamos y hablábamos de los periodos de depresión económica con la alegría de quien habla de dolores de cabeza sin haber tenido una jaqueca, se recordaba una frase muy acertada, aunque pareciera sacada de un manual de autoestima, como tantas frases acertadas: donde hay una crisis hay una oportunidad. Algún listo diría incluso, parafraseando a Lisa Simpson, que en chino se usa la misma palabra para ambas cosas, aunque por lo visto eso es un disparate, como explican aquí. Bueno, da igual lo que digan los chinos. Lo cierto es que este parón económico ha dejado sin trabajo a muchísima gente.

A algunos los conozco. Están en mi familia, entre mis amigos, los he tenido de alumnos y como compañeros: son jóvenes, están muy cualificados, tienen mucho talento, buenas ideas, ganas de trabajar y de comerse el mundo. No quieren prostituir su valía pero tal y como está la cosa estarían dipuestos a trabajar por un salario modesto mientras sea digno. Sólo falta un empresario con la suficiente valentía para arriesgase en este momento. No tiene que ser un loco, ni un personaje de película de Capra. Tal vez sea el más listo de todos ellos: el que sepa calibrar todo el capital humano que hay por ahí suelto, que piense que dentro de no tanto tiempo las aguas volverán a calmarse, y decida hacerse con un equipo extraordinario a un precio de saldo.

Predigo que ése o esos valientes serán los grandes triunfadores de la crisis. Nunca el talento estuvo tan barato. Yo no tengo los millones de euros necesarios para montar una empresa pero por si acaso el sábado sellé un boleto del Euromillón. Con la quiniela no tendría bastante. Si me toca lo anunciaré aquí. Y les pediré que me manden su currículum.

jueves, 5 de febrero de 2009

Recetas de Capra para una crisis

En estos tiempos en los que uno se deprime nada más abrir el periódico con las cifras del paro, antes la inflación y ahora la posible deflación, y las debacles busátiles conviene volver a Capra para animarse un poco. A su archifamosa Qué bello es vivir y sobre a su menos conocida pero absolutamente imprescindible y actual La locura del dólar (American madness). La historia de Thomas Dickson, un banquero que en pleno crack del 29 insiste, contra el criterio de su consejo de administración, en seguir concediendo créditos a gente "honrada y cautelosa" para inyectar el dinero que saque a su país de la depresión.

Una persona da el primer pasito para convertirse en mala persona cuando deja de cumplir con su obligación con la excusa de "no ser el único tonto que lo haga". Y es que la regla que ordena el cerebro de la buena persona es precisamente el opuesto: "Seré el único idiota que actúe así [pagar los impuestos, guardar cola, tirar la basura a la papelera] pero es mi deber". Dickson es así, un banquero atípico precisamente porque piensa tanto en los demás como en sí mismo. Hemos festejado durante años al modelo opuesto, a los listos que sabían enriquecerse sin importar muy bien cómo en quince días. Pero son ellos los que nos han metido en el hoyo. Y aunque ingenuo, e ingenuas mis palabras, sólo los tipos como Dickson pueden salvar el mundo.

De esta película el espectador sale con una sonrisa. No revelaré el final, pero por lo que cuento deducirán que tiene un final feliz. Ya es hora de que vean algo así, si se han quedado con el mismo cuerpo que yo después de Revolutionary Road. A Capra los críticos le criticaban por su optimismo. Pero los amantes del cine de "cubo de la basura" como los llamaba el director estadounidense olvidan que la vida es en gran parte bonita o fea por cómo nos la tomamos. Capra no cuenta que el mundo sea un lugar objetivamente maravilloso, pero sí que podemos afrontar la realidad con mejor o peor ánimo. Él decide poner buena cara. Y probablemente ésa sea la estrategia más inteligente.

martes, 28 de octubre de 2008

Una crisis histórica

A los periodistas nos encantan la palabras contundentes: histórico, debacle, catástrofe, hundimiento. Quizá porque confundimos nuestras obligaciones: no tenemos que vender las noticias, no debemos hacerlas más sexys para que nos las compren los lectores. Simplemente tenemos que contarlas en los términos que honestamente creamos que se ajustan más a la realidad. Y creo que a la larga venderemos así más noticias, pero eso es materia de reflexión para otro día.

Entre esos términos de los que abusamos en la prensa está la palabra "histórico". Y digo que abusamos porque el 90% de las veces sólo la perspectiva que da el paso del tiempo hace que un acontecimiento puede ser calificado de tal. Es decir que quede como un hito señalado para la Historia. Es evidente que cuando mataron a Kennedy o cuando Bin Laden derribó las Torres Gemelas sabíamos desde el minuto 1 que estábamos ante un acontecimiento que íbamos a recordar toda la vida. Pero ¿cuántas veces hemos escuchado calificar de tal partidos de fútbol, jornadas bursátiles o incluso declaraciones de políticos de las que ya no se acuerdan sino las hemerotecas?

Es obvio que estamos en un momento singularmente complicado. Las bolsas han sufrido enormes caídas (históricas en el sentido de "sin precedentes en décadas"), han quebrado un buen número de empresas y las perspectivas son alarmantes. La tentación de comparar esta situación con el crack del 29 son tremendas, y es cierto que los pronósticos de los más sabios (sabios que no supieron predecir este lío) apuntan a unas consecuencias casi tan desvastadoras para la economía. Pero imaginemos...

Imaginemos que las inyecciones de liquidez de los Bancos Centrales y las ayudas estales empiezan a funcionar (ya están funcionando, el Euríbor ha bajado en las últimas semanas). Imaginemos que las bolsas han tocado fondo (¿por qué no?), empiezan a remontar casi al mismo ritmo que han caído y los tipos con agallas que han comprado en los últimos días son dentro de dos años los nuevos ricos del siglo XXI. Imaginemos que la recesión, esa sí casi inevitable, sea más suave de lo previsto (también se equivocaron hace pocos meses al pronosticar un panorama más bonancible). Imaginemos, en fin, que para mediados del próximo año la situación de la economía real aparece razonablemente despejada.

¿Una locura? Quizá todo esté para entonces aún más hundido de lo que vaticinan los más agoreros. Pero tampoco es un panorama imposible. No digo, Dios me libre, que el momento actual invite al optimismo pero sí creo que los pronósticos que se hacen ahora mismo están contaminados por dos circunstancias. Uno, los opinadores prefieren pecar de pesimistas porque los diagnósticos catastróficos parecen más sesudos. Y dos: si dentro de seis meses hemos salido del hoyo no se hablará de la crisis, ni de los peores vaticinios. Si se sigue hablando es porque andamos peor. Y entonces los agoreros podrán salir diciendo: "Ya lo decía yo...".

¿Qué tendrá entonces de histórica la situación que estamos viviendo? Desde luego cambiarán las reglas que regulan los mercados financieros. Los bancos de inversión ya han desaparecido, y eso son importantísimas novedades. Pero sobre sobre todo recordaremos una histórica crisis de confianza y un histórico ataque de pánico de los inversores. Algo que ya les gustaría haber vivido a quienes sufrieron la crisis de 1929. Esa que con 80 años de perspectiva sí podemos calificarla de Histórica, con mayúsculas.

(Dos apostillas: Javier Marías se refería el otro día en EL PAÍS a esos "momentos históricos" y comentaba también cómo el lenguaje apocalíptico que usamos los periodistas a menudo retroalimenta las noticias, lo que en psicología se llaman profecías autocumplidas. Y otra: mi padre, que ha empezado a usar su email electrónico me ha mandado un documento que explica muy bien el origen de la crisis. PINCHEN AQUÍ para leerlo).

Ilustración: MotherPie

viernes, 3 de octubre de 2008

El por qué de la crisis

Me llega a través de Jesús Olmo este vídeo subtitulado que en clave de humor, si a alguien le quedan ganas de bromear, explica cómo hemos llegado a la actual situación de catástrofe económica. También lo recomienda hoy Enric González en EL PAÍS. No se lo pierdan. Dedicado a la sección de Economía y a la enorme paciencia que han demostrado estos días aclarando las dudas de gente tan ignorante y con tanta prisa por abandonar su ignorancia como nosotros. Desde el jefe hasta la gran Crispíiiin, muchas gracias.

PS: Por cierto, estoy de vacaciones, no esperen de mí gran cosa en los próximos días, si es que alguna vez esperaron algo...