Los viernes por la noche como termino la semana demasiado cansado en vez de salir me pongo una buena peli de cine clásico y la veo en versión original para practicar de paso un poco el inglés. Tengo que decir que para el cine, como para tantas cosas, soy un antiguo: en las dos últimas semanas he visto Sabrina y El apartamento, ambas de Billy Wilder y no encuentro en lo que llevamos de siglo XXI ningún filme a su altura. Una tara mía, sin la menor duda.
Pero otro día hablamos de eso. Hoy quería hacer una reflexión sobre el cine que vi en mi infancia, o vimos, porque sólo había entonces una tele y al cine no iba tanto. Era, en su inmensa mayoría, un cine bondadoso, para todos los públicos, estadounidense en el que los buenos ganaban y los malos eran castigados. Como en las dos comedias que he citado antes, el chico acababa besando a la chica y uno terminaba la peli convencido de que el mundo podía ser un poco complicado pero todo terminaba arreglándose. Los libros que leíamos iban también en esa línea. Hasta que llegamos al instituto y nos hicieron tragarnos la amargura de obras como El árbol de la Ciencia, de Baroja, y otras igualmente deprimentes, salvo que la vida nos hubiera dado algún revés de consideración suponíamos que el destino normal de las historias era el happy end. Así de sencillo.
El alimentar nuestro espíritu con semejante pienso de optimismo no es necesariamente malo, siempre que uno sea consciente de la distancia que hay entre la ficción y la realidad. Pero aún así a algunos nos ha quedado un poso de justicia poética a la que la vida no siempre quiere ajustarse. Nos pueden pasar cosas como en las películas, pero uno no se puede cruzar de brazos esperándolo. En el caso de las películas de amor mi amigo David Fuentefría -un filósofo con un sentido del humor algo ácido pero siempre tierno- subraya otra distorsión añadida. La historia se termina cuando el chico besa a la chica -véase como magníficos ejemplos las citadas Sabrina y El Apartamento. Y no, se queja David, ahí no acaba la historia. Ahí empieza. Ahí tienen que empezar a convivir, a aguantarse las manías, a soportar los cambios de humor del otro... Pero claro, eso ya es Krammer contra Krammer y era para mayores de 14 años.
Supongo que a estas alturas de la treintena la mayoría de los de mi generación tenemos superado este mini trauma que supuso darnos cuenta de que la vida no siempre discurría por la misma senda que la ficción bondadosa. Pero nos queda un poso, cómo evitarlo, de ése romanticismo y en el fondo esperamos que alguna vez nos pase lo que a Bogart o a Jack Lemmon. Esa actitud por un lado es buena, por revela inconformismo, pero por otro, puede ser germen de grandes desilusiones. Lo mejor yo creo es no renunciar a vivir una historia como las del cine pero dándonos cuenta de que otras con comienzo mucho más prosaico pueden ser tremendamente felices. Y saber que la vida suele empezar donde terminan las películas.
Mi amigo Laslo, que no era tan filósofo como David pero igualmente ocurrente, hacía en la Universidad una reflexión similar sobre el cine porno. En aquellos tiempos éstas eran la única referencia sobre sexualidad para algunos compañeros del colegio mayor y Laslo opinaba que éstos iban a sentirse unos fracasados cuando empezaran a tener relaciones con chicas si esperaban que las cosas pasaran así. Tengo algunas dudas sobre si el cine romántico fue para nosotros una buena o una mala influencia, pero sobre este otro no albergo ninguna. Pensar que la vida es como una novela rosa puede ser una ingenuidad. Pero creer que lo que pasa en las películas porno se parece lo más mínimo a la vida real es una soberana estupidez.
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lunes, 5 de octubre de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
Recetas de Capra para una crisis
En estos tiempos en los que uno se deprime nada más abrir el periódico con las cifras del paro, antes la inflación y ahora la posible deflación, y las debacles busátiles conviene volver a Capra para animarse un poco. A su archifamosa Qué bello es vivir y sobre a su menos conocida pero absolutamente imprescindible y actual La locura del dólar (American madness). La historia de Thomas Dickson, un banquero que en pleno crack del 29 insiste, contra el criterio de su consejo de administración, en seguir concediendo créditos a gente "honrada y cautelosa" para inyectar el dinero que saque a su país de la depresión.
Una persona da el primer pasito para convertirse en mala persona cuando deja de cumplir con su obligación con la excusa de "no ser el único tonto que lo haga". Y es que la regla que ordena el cerebro de la buena persona es precisamente el opuesto: "Seré el único idiota que actúe así [pagar los impuestos, guardar cola, tirar la basura a la papelera] pero es mi deber". Dickson es así, un banquero atípico precisamente porque piensa tanto en los demás como en sí mismo. Hemos festejado durante años al modelo opuesto, a los listos que sabían enriquecerse sin importar muy bien cómo en quince días. Pero son ellos los que nos han metido en el hoyo. Y aunque ingenuo, e ingenuas mis palabras, sólo los tipos como Dickson pueden salvar el mundo.
De esta película el espectador sale con una sonrisa. No revelaré el final, pero por lo que cuento deducirán que tiene un final feliz. Ya es hora de que vean algo así, si se han quedado con el mismo cuerpo que yo después de Revolutionary Road. A Capra los críticos le criticaban por su optimismo. Pero los amantes del cine de "cubo de la basura" como los llamaba el director estadounidense olvidan que la vida es en gran parte bonita o fea por cómo nos la tomamos. Capra no cuenta que el mundo sea un lugar objetivamente maravilloso, pero sí que podemos afrontar la realidad con mejor o peor ánimo. Él decide poner buena cara. Y probablemente ésa sea la estrategia más inteligente.
Una persona da el primer pasito para convertirse en mala persona cuando deja de cumplir con su obligación con la excusa de "no ser el único tonto que lo haga". Y es que la regla que ordena el cerebro de la buena persona es precisamente el opuesto: "Seré el único idiota que actúe así [pagar los impuestos, guardar cola, tirar la basura a la papelera] pero es mi deber". Dickson es así, un banquero atípico precisamente porque piensa tanto en los demás como en sí mismo. Hemos festejado durante años al modelo opuesto, a los listos que sabían enriquecerse sin importar muy bien cómo en quince días. Pero son ellos los que nos han metido en el hoyo. Y aunque ingenuo, e ingenuas mis palabras, sólo los tipos como Dickson pueden salvar el mundo.
De esta película el espectador sale con una sonrisa. No revelaré el final, pero por lo que cuento deducirán que tiene un final feliz. Ya es hora de que vean algo así, si se han quedado con el mismo cuerpo que yo después de Revolutionary Road. A Capra los críticos le criticaban por su optimismo. Pero los amantes del cine de "cubo de la basura" como los llamaba el director estadounidense olvidan que la vida es en gran parte bonita o fea por cómo nos la tomamos. Capra no cuenta que el mundo sea un lugar objetivamente maravilloso, pero sí que podemos afrontar la realidad con mejor o peor ánimo. Él decide poner buena cara. Y probablemente ésa sea la estrategia más inteligente.
lunes, 26 de enero de 2009
Una cosa horrible
Acabo de salir del cine de ver Revolutionary Road. La película supongo que no es mala y la actuación de Kate Winslet es espléndida, de verdad. Pero no vuelvo a pagar por ver una cosa así. Por entrar al cine feliz y relajado después de dormir 20 horas el fin de semana y salir tristísimo tras empaparme de las miserias de un matrimonio tan horrible de muros para dentro como modélico en su vecindario. Ya sé que al cine no sólo se va a ver finales felices. Hay historias descarnadas y a la vez espléndidas. Pero en este caso no es que lo cuente sea triste, que también. Es que la desgracia es la excusa de la trama, su propia esencia. Como si el director hubiera querido untar el celuloide de infelicidad y hubiera usado para rellenar los 120 minutos del largometraje a un matrimonio que ya puestos a ser sinceros, no me interesa. Supongo que habría sido lo mismo pasar las dos horas viendo un cáncer haciendo metástasis y extendiéndose por un cuerpo. Como decía mi abuela "¿Qué necesidad?".Algunos de lectores cinéfilos me condenaran como hereje y me someterán a público tormento después de lo que voy a decir ahora: lo mismito me pasó hace diez años con American Beauty, del mismo director, el aclamado Sam Mendes. También una buena película, supongo, pero para mí un sufrimiento innecesario. Al cine voy a entretenerme, a reírme, a emocionarme, a sentir el miedo controlado de las películas de terror, a reflexionar e incluso a llorar. Y también a pasarlo mal porque la buena historia que se cuenta sea chunga, pero no porque alguien decida encarnar la chunguez, valga la expresión, sin la menor concesión a la esperanza, en sus pobres personajes. Ninguna de aquellas sensaciones me ha inspirado esta película. Sólo un terrible abatimiento. Menos mal que luego te tomas unas cañas, te ríes un rato, te das un paseo hasta casa y te prometes que nunca, pero nunca, volverás a una sala sin enterarte antes de donde te estás metiendo.
Debí fijarme en la buena crítica de Carlos Boyero a ésta, supongo, buena película que le encantó. "Aquí sólo hay tragedia de primera clase, desolación al comprobar que las vías de escape están selladas". Lo dicho, mejor quedarse viendo un mal partido del Real Madrid.
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miércoles, 29 de octubre de 2008
Las mejores 500 películas
Me entero por el muy recomendable blog de mi amigo Chiqui que la revista británica Empire ha elaborado la lista de las mejores 500 películas de la historia con la opinión de 10.000 lectores, 150 trabajadores de la industria y 50 críticos. La ganadora ha resultado ser El Padrino, seguida por En busca del arca perdida y El imperio contraataca. Hay tres españolas, la deliciosa El espíritu de la Colmena, de Víctor Erice, en el puesto 93, y dos de Buñuel, Un perro andaluz (354) y Viridiana (169).Yo echo de menos cinco películas que estarían entre mis diez favoritas (quizá me las haya perdido, pero de un rápido vistazo no las he encontrado): Amarcord, Murieron con las botas puestas, Milagro en Milán, Perdición y Atrapado en el tiempo. Echo de más muchísimas, sobre todo algunas modernas que no valen ni para telefilme de Antena 3 un domingo por la tarde. Supongo que habrá votado gente muy joven...
Dense un paseo y cuenten qué les parece. (Y ojo que los botoncitos de siguiente y anterior no funcionan muy bien y en ocasiones hay que cambiar el número de la página en la barra de dirección).
miércoles, 2 de julio de 2008
Solo ante el peligro
Hasta hace unos minutos tenía la suerte de no haber visto nunca Solo ante el peligro. Ahora tengo la suerte de haberla visto. Me imagino que casi todos saben de qué va la peli. Un sheriff (Gary Cooper) es abandonado por todos, incluso por su mujer (Grace Kelly) el día de su boda ante la llegada de un grupo de malotes que han prometido acabar con él. No voy a hacer crítica de cine, por que no se me da. Sólo que los motivos para abandonar a un hombre en esas circunstancias son muchos -el principal, miedo, pero también orgullo, envidia e incluso un discutible rechazo a todo tipo de violencia- y todos están estupendamente bien pintados en la película.Cuando terminó, como hago siempre que algo me gusta, sea un libro, una película o una chica, me lancé a Internet para recabar toda la información posible sobre el objeto apreciado. Primero me informé de cómo se llamaba la actriz hispana que me recordaba a una amiga de CNN y que resultó ser Katy Jurado, la primera mexicana en ganar un Globo de Oro, precisamente por ese papel. Y luego me enteré de algo muy interesante. Lo siento si lo saben y soy el último en enterarme.
Resulta que Solo ante el peligro (High Noon, en inglés) ha sido un símbolo de la lucha contra algunas de las peores caras del capitalismo y el comunismo. Durante el rodaje de la película, en 1951, su guionista, Carl Foreman, tuvo que declarar ante los tribunales de Actividades Antiamericanas y se negó a dar nombres de supuestos enemigos de la patria. El propio Foreman reconoció que el filme es una alegoría de su situación personal, así que no podía arrugarse y ser menos que el sheriff Will Kane. Después John Wayne o Howard Hawks criticaron la película, supuestamente porque un vaquero nunca pediría ayuda y como revancha rodaron Río bravo. Pero, ironias del destino, el propio Wayne tuvo que entregarle el Oscar al mejor actor a Cooper.
30 años después, al otro lado del Telón de Acero, Solo ante al peligro se convirtió en símbolo de otra lucha. La del sindicato Solidaridad contra los soviéticos. Los de Walesa usaron el cartel de la película para presentarse a las elecciones democráticas de 1980 (véase la foto). Los rusos se rieron suponiendo que el pueblo polaco reaccionaría contra un icono tan remoto como un cowboy pero se equivocaron. Si no la han visto, véanla. Y si son culos inquietos como yo no se preocupen. Sólo dura 85 minutos, exactamente lo mismo que la acción en tiempo real. Se les hará cortísima.
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lunes, 11 de junio de 2007
El ET y el OTO
Para los nostálgicos y los aficionados a aquella frase de "ñoh, como pasa el tiempo": Hoy se cumplen 25 años del estreno de E.T., el extraterrestre en Estados Unidos. Cuatro meses después, en octubre, llegó a España y la vimos todos, menos Alfredo. Igual que nuestros padres se acuerdan de dónde estaban cuando mataron a Kennedy, creo que ninguno de nosotros ha olvidado el día que fue a verla. ¿Era realmente una obra genial o simplemente la pionera de un tipo de películas de las que luego se han hecho cientos igual de buenas? Se puede hacer una prueba. A los que tengan niños pequeños, pongánles el dvd. ¿Se entusiasman como nosotros o la ven con la indiferencia de quien ya he viso cosas parecidas?EL éxito de E.T. estuvo en parte en el márketing. Pero es fácil vender una obra maestra. Como decía Diego Manrique en su crítica en EL PAÍS hace un cuarto de siglo: "Sin su capacidad publicitaria, E. T. no hubiera obtenido el reconocimiento de todos. Pero en este caso, hay algo más que mucho dinero, y justo es reconocerlo así. E. T. es una película impar, capaz de apasionar a públicos muy distintos. Por primera vez en muchos años los críticos y los espectadores se han aunado en el entusiasmo. Cada uno de ellos ha podido desear en la intimidad ser alguno de los personajes centrales de la película". Yo quería ser Elliot, claro. ¿Y ustedes?
Pese al éxito de la película nunca hubo una segunda parte? Si descartamos claro, la hipercasposa y bufa ETE y el Oto, de los hermanos Calatrava. ¿Pero qué tienen que ver estos indocumentados con el genio de Spielberg? La interesantísima (y sorprendentemente desconocida) página Oracleofbacon.org le muestra que alguna relación tienen. Poniendo cualesquiera dos personajes de la historia del cine en su apartado de starlinks nos busca la relación profesional más directa que existe entre ambos. Así, nos enteramos que:Steven Spielberg (I) trabajó en Vanilla Sky (2001) con Penelope Cruz
Penelope Cruz trabajó en Carne trémula (1997) con Liberto Rabal
Liberto Rabal trabajó en ¡Soy un pelele! (2007) con Francisco Calatrava
Prueben la combinación más estrambótica que se les ocurra (Andrés Pajares y Rita Hayworth, Rocco Siffredi y Audrey Hepburn) y el oráculo les dará una respuesta. De nada.
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