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sábado, 11 de octubre de 2014

El ascensor

Puesfijate no se ha actualizado desde hace 13 meses. Muchas, muchas cosas han pasado desde entonces y empezar ahora a contarlas nos llevaría demasiado tiempo. Por abreviar digamos que vuelto a España. Hoy quería solo recoger, aumentado y corregido, un post que publiqué en Facebook hace dos semanas, bien recibido por mi pequeño círculo de amigos, con la esperanza de que sirva para arrancar de nuevo este blog. Hace una semana una persona muy querida me dijo que echaba de menos estas historias. Esa persona desgraciadamente ya no vive, pero estoy seguro de que de alguna forma podrá seguir leyéndolas. Así que va por ti, Benito.

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Hace casi 14 años, en diciembre de 2000, me mudé a la casa donde vivo ahora. Era un cuarto piso sin ascensor, pero una vecina me aseguró que la obra ya estaba aprobada y que lo tendríamos muy pronto.

Hace unos diez años murió la vecina. Sin ver el ascensor, claro. Otros tres propietarios han muerto después, y eso que sólo hay nueve viviendas. Uno de ellos, el que más ilusión tenía, había nacido en el propio edificio. De hecho nació y murió en la misma habitación.

En 2004 dos operarios subieron a pulso un piano por la escalera. Pero, poco a poco, yo he cargado mucho más peso. En estos años transcurridos, a un par de kilos al día, calculo que habré llevado unas ocho toneladas de cosas escalera arriba, camas, armarios y sofás incluidos. Algunas visitas que hubieran resultado agradables se quedaron sin subir por pura pereza, pero también me libré de algunos pesados.

En 2009 una empresa empezó la obra del ascensor pero nos estafó y se quedó con el dinero adelantado. El 27 de febrero de 2010 -lo recuerdo porque ese día mi hermana Bea cumplía 34 años- un fenómeno meteorológico bautizado como ciclogénesis explosiva cruzó la Península. En mi edificio se hundió el techo de la escalera. No hubo heridos, pero el desastre retrasó aún más el sueño del ascensor. Por aquel entonces yo era el presidente de la comunidad.

En 2012 me fui a México por seis meses y me aseguraron que a la vuelta estaría funcionando. Volví a los dos años y medio y sólo habíamos avanzado un poco: estaba hecho el foso. Un mes después pusieron la cabina.

Pero todavía tuvieron que pasar cuatro meses hasta que el pasado 22 de septiembre de 2014 me ahorrara por primera vez el subir andando los 81 peldaños del edificio. Pero la historia no acabó ahí. Al día siguiente se rompió el ascensor. Y se arregló. Y se volvió a romper. Y se volvió a arreglar.

Hoy bajé en él a hacer unas compras y ya no pude subir. Los técnicos "están en ello", o sea, los técnicos no tienen ni idea de lo que pasa. Y no se despeja la intriga de si alguna vez, en esta década o en la siguiente, tendremos un ascensor como Dios manda.

domingo, 22 de mayo de 2011

Una vuelta por Sol

Prometí hace un mes tratar aquí sobre matemáticas no lo he hecho, no soy hombre de palabra. Dejamos ese tema para otro día, pero me siento obligado por dos motivos a escribir hoy, aunque lleve demasiadas horas despierto y mañana me espere larguísimo día de trabajo. Uno es que a 12 minutos de mi casa se está viviendo una movilización singular, una revuelta pacífica de gente que ha conseguido convertir un enorme cabreo en ilusión y que, en cuatro días y sin romper ni un cristal, ha desplazado del escenario a los políticos tradicionales. Y encima, cayendo bien: con excepciones y matices sólo recuerdo una corriente de simpatía tan amplia hacia un grupo de personas en España cuando la selección ganó el Mundial. No creo que yo tenga mucho que aportar a este tema: aterricé de Londres ayer por la noche y casi no he hecho más que trabajar y dormir, aparte de darme dos paseos por la Puerta del Sol. En twitter, en mi periódico o donde uno quiera mirar hay cientos de opiniones y testimonios infinitamente más documentados, ingeniosos o sesudos. Pero me apetecía por puro egocentrismo,: porque dentro de diez o 50 años, cuando recuerde esta revuelta asombrosa me encantará leerlo, aunque sea para reírme de lo que pronostiqué y no fue o para provocarme un ataque de vergüenza ajena. El otro motivo para escribir también tiene que ver con el ego: algunos amigos me han pedido que dé mi testimonio y no he podido resistirme a tal halago.

Me considero un tipo bastante conservador, así que de entrada recelo de las revoluciones, aunque no suene nada romántico. Creo que casi todas han sido bienintencionadas pero algunas han roto más cosas de las que han arreglado y otras han hecho más felices a las generaciones posteriores a costa de amargar a quienes las vivieron, lo cual, si uno es medianamente egoísta, no tiene la menor gracia. Sin embargo, las revoluciones árabes de los últimos meses me han hecho reflexionar desde la emoción que produce ver como un pueblo desarmado derriba a un tirano y me apunto a la teoría de que sin un poco de desorden, sin un mínimo de transgresión, no se pueden cambiar algunas cosas. Si hay un número suficientemente grande de gente de acuerdo con una idea y se moviliza en la dirección adecuada, no hay nada que les detenga salvo una violencia brutal como en Libia o Siria. Y en España, donde nadie va a abrir fuego contra los manifestantes, hay dos cosas en las que estamos casi todos de acuerdo: que cinco millones de parados son demasiados y que hay que regenerar la política.

Creo que el gran éxito de la movilización del 15-M consiste en es muy concreto en cuanto a sus demandas y muy poco concreto en cuanto a sus propuestas. A ver si me explico. De un lado, la protesta refleja el cabreo de los ciudadanos por esos dos asuntos de los que hablábamos hace un momento: el desempleo y la salud de nuestra política, dos temas en los que estamos de acuerdo el 90% de los españoles. Ahí el tiro está centrado. Es cierto que si hablas con la gente acampada unos te dirán que les gustaría que abolieran de la Ley de Partidos, otros piden el cierre de las nucleares, otros la derogación de la Ley de Extranjería. Pero el movimiento muy acertadamente no ha hecho bandera de ninguno de estos temas, más allá de lo que cada individuo quiera gritar. Porque en esas cuestiones el consenso es muchísimo menor y se trata de atraer al mayor número de gente posible en torno al mínimo común denominador. A favor de derogar la ley de Extranjería hay bastante gente, pero, me temo, quizá encontremos más partidarios de endurecerla. Pero ¿alguien se opone a que la gestión de nuestros cargos públicos sea más transparente? La otra clave del éxito del 15-M se la debo a mi querido primo Andrés, intenso revolucionario y delicioso compañero de tertulia, que quizá se la deba a su vez a este artículo que puede pincharse aquí: los manifestantes no han hecho propuestas concretas de cómo arreglar las cosas. Y quizá no deban hacerlas. Como dice Roger Senserrich en el artículo, nosotros solo estamos cabreados y decimos por qué. Y les toca a ustedes, los políticos arreglarlo.

¿Quiénes se están manifestando? Sobre esto se han escrito quinientos artículos y muchos llegan a la conclusión de que hay de todo, en parte porque es verdad y en parte porque los periodistas, cuando escribimos un artículo así, buscamos que haya de todo y no paramos hasta encontrarlo: chavales con buenos trabajos, parados de larga duración, jubilados, clase medias, bajas, altas, una gran masa perroflauta y hasta medio pijos -pijos del todo yo creo que no. Es cierto que este mediodía en Sol había gente de toda condición incluidos muchos curiosos y muchísimos reporteros con dificultades para no entrevistarse los unos a los otros. Pero sí es cierto que hay una base importante de jóvenes que ya estaban organizados en movimientos sociales de izquierdas y que habían participado con menos éxito -por esgrimir demandas más amplias y lanzar propuestas más concretas- en esas protestas que antes se llamaban antiglobalización. Esto es evidente en la organización extraordinaria de la acampada en Sol, con comisiones de encargadas de la limpieza -la plaza está más decente que antes de la movida- de abastecimiento y hasta de defensa legal que la convierten en una pequeña ciudad. Estos grupos, que no me son particularmente próximos, no están manipulando la protesta como algunos sugieren -al menos hasta hace dos horas que pasé por allí. Simplemente aportan su knowhow, sus conocimientos organizativos a cambio de que parte de sus reivindicaciones -esa pequeña e importante parte en la que por ejemplo coinciden conmigo pero no todas, porque si no ahuyentarían a la gran masa simpatizantes- tenga una difusión extraordinaria.

Ante este panorama a los políticos no les queda más que espabilar. Para lo del paro cada uno tiene su fórmula y no va a cambiar. Estoy seguro de que determinada derecha tradicional cree honestamente que la mejor manera de combatir el desempleo es flexibilizar el despido y bajar los salarios y que así a la larga saldremos todos beneficiados -eso me enseñaron, por ejemplo, en la Universidad como dogma de fe. La izquierda más ortodoxa propondrá subir los impuestos y proteger a los trabajadores, aunque pongan el grito en el cielo algunos empresarios. Pero estoy seguro que en cuanto a la regeneración democrática podemos ponernos más de acuerdo. No domino el tema pero estoy seguro que pueden aprobarse leyes para que la gestión de los dineros públicos sea más transparente o establecer más controles a nuestros representantes: hace poco vimos las bochornosas imágenes de varios eurodiputados que se limitaban a fichar para cobrar unas dietas. No creo que todos los políticos sean unos sinvergüenzas, no desde luego los que yo conozco. Es más, creo que en general cuando se lanzan al ruedo la mayoría lo hacen animados por intenciones altruistas. Pero precisamente por eso ellos deberían ser los primeros en establecer controles que impidan determinadas tentaciones.

La reforma electoral es más delicada: ningún sistema es perfecto. Israel, donde se da una correlación casi exacta entre votos y los diputados, porque se eligen en circunscripción única, es un país difícilmente gobernable donde los gabinetes a menudo están en manos de partidillos ultraortodoxos que con muy pocos votos se hacen los amos del cotarro. En Francia o Reino Unido es virtualmente imposible que un partido pequeño llegue al Parlamento. El problema del sistema español no es la Ley D'Hont, como se repite machaconamente, es la circunscripción por provincias, algunas de ellas poco pobladas, que convierte en inútil el voto a las pequeñas formaciones en casi todo el país. Me parece bien que los sorianos estén un poco sobrepresentados en el Congreso o que el Hierro con 8.000 electores elija un senador -es más fácil serlo casi que llegar a delegado de curso en algunas universidades- pero habría que reservar un número de diputados elegidos a nivel nacional para repartirlos entre todos los partidos de forma proporcional: de esa manera se perderían muchísimos menos votos.

No voy a hacer pronósticos sobre el resultado electoral de la jornada de mañana, aunque creo que no fallaría. Prefiero recordar, para cuando lea esto con nostalgia o vergüenza dentro de unos años, lo que he sentido, para mi sorpresa de tipo conservador, recorriendo esta noche la Puerta del Sol: un aire muy fresco de libertad, buen rollo y respeto al vecino de al lado. Quizá sea la primavera o quizá un cambio climático.

Foto: Sas-Click (Flicker)

lunes, 17 de enero de 2011

Mujeres de vida alegre


Uno de mis propósitos de Año Nuevo fue escribir más en este blog. Como el resto de propósitos, no lo estoy cumpliendo, pero hoy haré una excepción. Sé que prometí un post sobre Benarés hace tres meses pero tendrá que esperar. Porque voy a hablar de un sitio más cercano, de una casa que está en la calle de Alcalá, en Madrid, y de un cartelito que tiene en la puerta.

Decir que uno vive en la calle de Alcalá es no decir nada porque la vía -la antigua carretera hacia Alcalá de Henares tiene 800 números que van desde el palacete que forma con Gran Via la esquina más cara de España hasta casitas bajas pasado Ciudad Lineal que juguetean con la demolición. En una de estas vivendas modestas, cerca del metro de Suanzes, encontré este letrero en la puerta. No se ve muy bien, poque la barra tapa siempre un trozo, pero dice algo así: "Aquí ya no viven mujeres de vida alegre. Aquí vive una familia, así que tengan un respeto".

Me imagino, por el cabreo que transmite el letrero, que esta familia habrá tenido que soportar a más de un noctámbulo borracho aporreando la puerta en busca de un burdel. Se comprende, pues, el mosqueo. Lo que no entiendo, por mucho que se use habitualmente, es la expresión "mujeres de vida alegre". O mejor dicho, la entiendo pero me deja pensando.

Las mujeres han estado secularmente supeditas al hombre y hasta el siglo pasado no se produjo, parcialmente y sólo en algunas zonas del planeta, una liberación femenina, sin duda el gran fenómeno sociológico de las últimas décadas y uno de los más importantes de la historia porque trajo la mayoría de edad a la mitad de la población. Hasta entonces las mujeres llevaban una vida bastante más dura que la de los hombres. Podemos idealizarlas pero ninguna chica actual soportaría más de una semana la vida de su bisabuela, salvo que hablemos de una bisnieta de la duquesa de Alba.

Entonces, quizá con un punto de envidia disfrazada de moralidad y mezclada con ignorancia disculpable, se entendía que alguien hablara de esas "mujeres de vida alegre". Pero hoy sabemos que, ahora y también antaño, pocas mujeres han tenido en general una vida más triste que a las que se refiere el cártel. ¿Mujeres de vida alegre? Ojalá lo fueran todas, en el sentido literal del término. Y hombres de vida alegre y niños de vida alegre... No sé, tal vez el letrero lleve ahí desde el siglo XIX.

jueves, 15 de abril de 2010

Cómo sacar partido de un divorcio


Cartel publicitario colgado en el metro de Madrid: "¿El hombre de tu vida ya está fuera de tu vida? ¡Vende! Compramos tus joyas a precio de oro". A destacar la sonrisa-profidén de felicidad de la chavalita y su gesto desafiante estilo José María Aznar en la Universidad.

miércoles, 6 de enero de 2010

Han vuelto a pintar al negro

Noche mágica, de ilusión y todos los topicazos que se les ocurran, amigos. Esta noche vienen los Reyes Magoa, aunque a mí ya me dejaron algunas cositas anoche en Tenerife. Y para escenificar su llegada, España entera se ha llenado de cabalgatas, unas muy sencillitas, como la que ha debido haber en Busto de Bureba, con tres burros (o dos, porque creo que uno se murió) y otras mucho más sofisticadas, con decenas de carrozas, camellos (en Santa Cruz, siempre) y personajes de esos de moda entre los niños (los lunnies o pocoyo supongo) que no sé muy bien ni quiénes son ni qué pintan ahí.

Al grano, que es muy tarde. Me subraya mi querida hermana Beatriz -gracias por la pista- una circunstancia lamentable que se ha dado en la cabalgata de Madrid, la que por presupuesto e importancia de la ciudad debería ser la más vistosa de España. Se gastan una pasta en pagar carrozas, confetis, caramelos y fuegos artificiales, cierran siete horas La Castellana y son incapaces de cuidar un detalle clave: Baltasar no es un negro, como tiene que ser, sino un blanco pintado. Como ironiza mi hermana, "y luego dicen que los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo".

Puesfijate que hace unos días el Centro Panafricano llamó a boicotear todas las representaciones de Reyes Magos en las que Baltasar fuera un blanco coloreado. En su impecable manifiesto, esta asociación advierte a los "niños y niñas españoles" que "el Baltasar pintado no es el auténtico sino un impostor. Al mismo tiempo queremos advertir a las autoridades competentes que no deben defraudar la confianza de los niños ni seguir insultando a la raza negra, presentando personajes sórdidamente pintados, al tiempo que felicitamos a quienes tienen el buen criterio de elegir Baltasares negros de verdad". Así se habla, aunque sea un poco tarde pinchando aquí puede unirse a la iniciativa.

Porque mira que hay negros en Madrid para hacer de rey mago. Miles de ellos anónimos pero quieres a un famosete hasta puedes llamar a Lass Diarra. Supongo que lo de pintar a un blanco será para que pueda hacer de rey el concejal de turno, pero me reconocerán que es muy cutre. Y además los niños no son idiotas y este Baltasar en cuanto se ponga a dar besos empezará a desteñir. Otras ciudades lo han hecho mejor. En Huelva han sacado a los reclusos de la cárcel para hacer de pajes de Melchor, encarnado por el director de la prisión, mientras de Baltasar hacía un inmigrante llegado en patera. En Bilbao, como se ve en el vídeo de abajo, sí han escogido a un negro reglamentario. Me voy a dormir, que les dejen muchos regalos.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Madrid oculto y curiosísimo

El otro día fui a la Casa del Libro a buscar una guía de Madrid para mi primo Álvaro, que ha tenido el buen gusto de venirse a vivir a esta ciudad con su esposa, Monika. Le compré una normal, que cuenta las cosas y enseña los sitios que todo recién llegado debe conocer: la Puerta del Sol, el Prado, la Plaza de España etc. Pero al lado de las guías convencionales encontré un librito que llamó mi atención y que sigue llamándola cada vez que lo abro. Se llama Madrid oculto -no lo confundan con algunas páginas web con el mismo nombre que hablan de psicofonías ovnis y chorradas por el estilo- y es una manual estupendo de historias, leyendas, y curiosidades de un Madrid tan cotidiano como desconocido, por lo que deduzco después de leer el libro.

Verán, cuando estaba abierta la piscina de La Latina, que desgraciadamente en paz descanse, yo me iba las mañanas de los sábados desde mi casa hasta allí dando un paseo delicioso. Recorría Chueca, un tramo de Gran Vía, Sol, la Plaza Mayor y llegaba a mi destino. Creía que conocía perfectamente el trayecto pero después de leer esta guía práctica me he dado cuenta de la cantidad de cosas que me estaba perdiendo. Yo nunca me había preguntado porque había esas casas tan espectaculares en la estrechísima calle de la Reina -falta de visión de los especuladores que pensaban que la Gran Vía pasaría por allí. Ni porque la Gran Vía, que es una calle artificial no es recta sino curva -había que respetar las cuatro o cinco iglesias que marcan sus cambios de rumbo. Ni tenía idea de que al principio de la calle Arenal se fraguó la leyenda del ratoncito Pérez, que hasta tiene un museo allí en una antigua pastelería. Ni sabía quién era Luis Candelas, el de la cueva que hay al pie de la plaza Mayor. E ignoraba que una rama de palma en un balcón de la calle Mayor marca el lugar desde el cual el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba a Alfonso XIII el día de su boda, en el atentado más sangriento en la ciudad hasta el 11-M.

Ahora sé eso y muchísimas cosas más. Que hay una estatua a Lucifer en el Retiro. Por qué a los madrileños se les llama gatos. O quién era el perro Paco, que como mi querido Kukín en Busto de Bureba, era una personalidad en la ciudad con entrada en los mejores restaurantes y hasta en la plaza de Toros. De todos los placeres de la vida uno de los más gratificantes es aprender cosas nuevas. Porque saber más cosas le hace a uno más feliz, por mucho que algunos byronianos -qué pereza- atribuyan su desgracia a motivos profundos e intelectuales. Y cuando esas novedades se refieren a lugares, a personas, a objetos conocidos a ese placer se añade la sorpresa de encontrar detalles ocultos en lo cotidiano. Tampoco es que antes yo fuera ciego y me haya vuelto un experto -no exageremos, sólo es un libro de 350 página- pero puedo afirmar que ese mismo paseo sería ahora mucho más interesante. Como lo es el del campesino que va por el campo y reconoce los diferentes tipos de árboles, encuentra las moras y las setas y pronostica que lloverá sin duda viendo las formas de las nubes.

El libro está escrito por un padre y su hijo, Peter -neoyorquino- y Marco -madrileño- Besas y, por las explicaciones que dan de casi todo- parece dirigido más bien a un público extranjero. Lo agradezco porque uno de los riesgos de elaborar una guía así sería dar demasiadas cosas por supuestas. Es muy riguroso. Aunque cuenta múltiples leyendas los autores han tenido la honestidad de separar los hechos históricos de lo probablemente inventado, aunque ello suponga rebajar la gracia de las anécdotas. Se publicó en 2007 y está actualizado a octubre de 2008 pero preveo una nueva edición para contar los últimos cambios de la semana pasada en la Puerta del Sol y para cubrir la demanda de los ejemplares que pienso regalar a mis amigos. Hacer publicidad de esta estupenda obra sólo tiene un problema. A mí me encanta hacer de guía turístico. Y si se difunde demasiado este libro no voy a poder presumir tanto de conocer casi en exclusiva anécdotas, leyendas e historias tan jugosas.

martes, 7 de abril de 2009

I love Vallecas

Siempre he dicho que para mí los límites de Madrid son: por el Norte, plaza de Castilla; al oeste, El faro de Moncloa; al sur, Atocha; y al este, Avenida de América. Fuera de esos límites todo es terra incognita. Pero no, me equivocaba y mucho. El sábado por la tarde me acerqué a Vallecas en un ataque de forofismo para ver el Rayo Vallecano-Tenerife. Me acompañaban mi compañera Patricia Rodríguez, vallecana de pro; mi paisano del Puerto de la Cruz Pablo Melián; y mi amigo Alfredo, que se apunta a un bombardeo. Tengo que decir que el barrio me encantó. Lógicamente los edificios no son los de Alonso Martínez ni la Avenida de la Albufera es Recoletos. Es humilde, pero digno y había un ambiente sano y festivo que me dio bastante envidia. El centro de la ciudad será elegante pero nos encorseta mucho: no nos movemos con la naturalidad con que lo haríamos en un pueblo. En Vallecas sí: todo el mundo parecía formar parte de una gran familia. Sacaban las cervezas a la calle, hacían cariñosas bromas a los que llevábamos la camiseta del Tenerife, acompañaban a la abuela al estadio y en el descanso abrían el túper con los sandwiches e invitaban a los compañeros de grada.

Tampoco vamos a exagerar: viajar a Vallecas no fue descubrir un mundo como cuando fui a Delhi. No encontré nada realmente nuevo, pero sí pegué juntos muchos pedazos de recuerdos, de pueblos, de barrios, de comunidades pequeñas donde te sientes parte de algo más grande. Hay quien prefiere el anonimato del centro de la ciudad y quizá a los quince días estaría harto del barrio. Pero no tenemos que tomar decisiones tan drásticas: seguiremos viviendo en la misma calle pero podemos de vez en cuando pillar el metro y cuatro paradas más allá encontrar un sitio diferente. Les dejo con este himno oficioso del Rayo, bastante gamberro, que compusieron unos hijos ilustres de Vallecas: Ska-p. También son de allí Poli Díaz, Inés Sabanés y la estanquera de la película de Eloy de la Iglesia, pero no Ramoncín, aunque muchos piensen que sí. Y la San Silvestre, claro, aunque no el santo, que era un Papa romano del siglo IV, el primer canonizado que no murió mártir. El año que viene me acerco a disputar la carrera.

PS: Una confesión. Me pareció tan agradable la afición del Rayo y tan estruendosa la del Tenerife -me amagaron un par de ataques de vergüenza ajena- que no me hubiera importado que nos colaran un gol. Al final, cero-cero. Espero que subamos los dos.

viernes, 9 de enero de 2009

Paleto meteorólgico

Decía Julio Llamazares en un reciente artículo en EL PAÍS que el paleto de campo que se quedaba abobado mirando los edificios de la Gran Vía ha sido sustituido por el paleto de ciudad que se acerca a una granja vestido de Coronel Tapioca y pregunta si se puede tocar la vaca. Yo no soy ni una cosa ni otra, porque he crecido en la ciudad pero he vivido lo suficente en Busto de Bureba y en Tejina como para distinguir una cabra de una oveja. Pero lo que sí soy es un paleto meteorológico y me quedo con la boca abierta cuando veo una nevada como la que ha caído hoy en Madrid. Llevo 17 años fuera de Canarias pero en la infancia es cuando uno se hace a la idea de lo que es normal y lo que es extraordinario y hasta los 20 años no vi caer los copos del cielo.

Mi amiga Ana, que sabe de ésta mi debilidad, me ha mandado un mensaje que dice: "lo estarás disfrutando". Pues sí, lo estoy disfrutando tanto que me he dado un largo paseo desafiando una posible pulmonía. Ah, la música de fondo del vídeo -ya sé que las vistas de mi casa no valen un pimiento, es interior y hay que pintar los patios- es la más apropiada para este día: el segundo movimiento -largo y no adagio como puse antes- del Invierno de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

lunes, 4 de agosto de 2008

Cerrada por derribo

Una pequeña tragedia: han cerrado la piscina de La Latina para demolerla. Con lo poco que me gustaba el agua de pequeño en los últimos tiempos ir a nadar se había convertido en mi mayor vicio. Claro que lo que no me gustaba no era el agua, eso lo supe cuando descubrí, en la Península y ya de mayor, las piscinas climatizadas. Lo que no me gustaba era el agua fría. Superado ese escollo la natación se convirtió, contra todo pronóstico, en uno de mis deportes favoritos.

Ya sé que hay otras piscinas en Madrid, incluso planean hacer una muy cerca de mi casa. Pero ésta la había vinculado a un ritual estupendo. Tan importante como el baño era el paseo que me daba hasta La Latina, atravesando Chueca, Gran Vía, Sol y la Plaza Mayor. Siempre por las mismas calles, cruzando por los mismos pasos de cebra. Una ruta deliciosa por el centro de Madrid que recorría escuchando la música de mi iPod y con los ojos bien abiertos porque casi siempre encontraba a alguien conocido. Y la vuelta, en metro, leyendo el periódico del día.

El viernes fui de los últimos en salir del agua. Había gente sacando fotos, despidiéndose de los empleados del centro deportivo. No me voy a poner nostálgico, no es la casa de mis ancestros, ni me sucedió nada extraordinario allí, simplemente pasé unos cuantos buenos ratos. Pero lo siento sobre todo porque me va costar encontrar otro ritual tan sano, tan agradable, tan perfecto como ese paseo y ese baño para llenar mis mañanas, ahora maravillosamente ociosas.

Foto: Jesús Encinar

jueves, 15 de mayo de 2008

Canciones de otra época

Ayer el Constitucional avaló la ley integral contra la violencia de género, que prevé penas más elevadas para los hombres que para las mujeres en caso de maltrato. Un amigo me decía que si esa mayor dureza de la pena se debía a que había más hombres maltratadores, habría que reforzar las condenas a los vascos en casos de terrorismo. No estoy de acuerdo con su argumento, aunque en el momento no supe muy bien cómo discutirle. Lo que tampoco sé es hasta que punto aumentar las penas contribuirá a reducir el número de casos. Muchos tipos se suicidan después de cargarse a sus novias o esposas, así que ya me dirán lo que les importa la cárcel.

Pues bueno, hoy celebrábamos San Isidro en Madrid -y en muchas localidades rurales de España, entre ellas Busto de Bureba. Fiesta castiza por antonomasia, se han visto los chulapos por toda la ciudad y se han escuchado chotis y otros folclores locales. Y al fijarme en una de esas músicas, que había escuchado cien veces, se me ha venido a la cabeza la dichosa ley de violencia de género. ¿Ustedes se han fijado que el celebérrimo chotis Pichi el protagonista presume de pegar a las mujeres? La letra dice así, nada menos: "¡Pichi! /pero yo que me administro, / cuando alguna se me cuela, / como no suelte la tela, / dos morrás la suministro; /que atizándolas candela / yo soy un flagelador". Canciones de otra época, afortunadamente, en que se decía aquello de "mi marido me pega lo normal". Hoy sería inconcebible que alguien sacara al mercado una canción así. Lo raro es que nadie haya pedido prohibirla.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Sonría: es miércoles y se acabaron sus vacaciones

Se les ve mal porque la cámara de mi móvil no da para más. Me los encontré por la calle, cerca de casa. Un chico y una chica, de la mano, y con sendas cajas de cartón en la cabeza en las que habían recortado una boca y dos ojillos. Una forma barata de disfrazarse. ¿Estaban engañando a sus respectivas parejas? ¿Huían del cobrador del frac? ¿No querían que sus padres les reconocieran? ¿Se disponían a cometer un atentado? ¿Simplemente les apetecía hacerlo? No lo sé, pero un miércoles de septiembre, en una ciudad con tanta prisa y nostálgica de las vacaciones hacían que los transeuntes levantaran la cabeza del suelo con curiosidad y arrancaban sus sonrisas.

Así que gracias.

miércoles, 11 de julio de 2007

Redondeo

Hace unas semanas vi un anuncio por la calle de una plaza de garaje de 15 metros cuadrados que vendían por 100.000 euros. Corrí a casa a por mi cámara de fotos (ya era muy tarde para sacarla con el móvil) pero cuando volví se habían llevado la propaganda. Lógico. A ese precio se lo quitan de las manos.

No pasa nada. Como 100.000 euros son en pesetas una cifra un tanto incómoda de manejar (16.638.600) alguno ha debido pensar que mejor redondearlo ya a los 20 kilos (120.000 euros). Este anuncio, colocado en la popular página de anuncios idealista.com es auténtico. Corresponde a una plaza en el centro de Madrid justita para un coche familiar (13 metros cuadrados tampoco es mucho). Los hay más caros, pero también muchos más grandes. Y lo peor de todo es que probablemente el anuncio ya no estará dentro de una semana.

Los pisos han subido muchísimo pero el tema de los garajes es caso aparte, sobre todo en aquellas zonas en las que al Ayuntamiento no le ha dado aún por construir un párking de residentes. Un dato: cuando llegué a este barrio hace seis años un garaje costaba 3.500.000 pesetas. No compré plaza, claro: me parecía un auténtico robo.