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lunes, 4 de agosto de 2008

Cerrada por derribo

Una pequeña tragedia: han cerrado la piscina de La Latina para demolerla. Con lo poco que me gustaba el agua de pequeño en los últimos tiempos ir a nadar se había convertido en mi mayor vicio. Claro que lo que no me gustaba no era el agua, eso lo supe cuando descubrí, en la Península y ya de mayor, las piscinas climatizadas. Lo que no me gustaba era el agua fría. Superado ese escollo la natación se convirtió, contra todo pronóstico, en uno de mis deportes favoritos.

Ya sé que hay otras piscinas en Madrid, incluso planean hacer una muy cerca de mi casa. Pero ésta la había vinculado a un ritual estupendo. Tan importante como el baño era el paseo que me daba hasta La Latina, atravesando Chueca, Gran Vía, Sol y la Plaza Mayor. Siempre por las mismas calles, cruzando por los mismos pasos de cebra. Una ruta deliciosa por el centro de Madrid que recorría escuchando la música de mi iPod y con los ojos bien abiertos porque casi siempre encontraba a alguien conocido. Y la vuelta, en metro, leyendo el periódico del día.

El viernes fui de los últimos en salir del agua. Había gente sacando fotos, despidiéndose de los empleados del centro deportivo. No me voy a poner nostálgico, no es la casa de mis ancestros, ni me sucedió nada extraordinario allí, simplemente pasé unos cuantos buenos ratos. Pero lo siento sobre todo porque me va costar encontrar otro ritual tan sano, tan agradable, tan perfecto como ese paseo y ese baño para llenar mis mañanas, ahora maravillosamente ociosas.

Foto: Jesús Encinar