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domingo, 13 de septiembre de 2009

Paquito el chocolatero: manual de instrucciones

En el post anterior veíamos a las familias Marín y Kotlowscy bailando Paquito el chocolatero en Cracovia y hoy vamos a hablar de esta popularísima composición musical. Lo de popularísima lo sabe cualquier habitual de las verbenas y las cifras lo avalan. Según la denostada Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) Paquito fue la composición más interpretada en España en los últimos tres años, y por tanto, supongo que la que más derechos de autor generaría. Por cierto, que el chollo se acaba pronto. Según leo en la web de la SGAE los derechos de las composiciones musicales caduca 70 años después de la muerte de su autor y el compositor, Gustavo Pascual Falcó, falleció en 1946. Así que en 2016 sus herederos dejarán de cobrar cada vez que se interprete.

Paquito el chocolatero fue creado en 1937 como un homenaje de Pascual a su cuñado Francisco Pérez Molina, que tenía una chocolatería. Fue estrenada en las fiestas de Moros y Cristianos de Cocentania, la localidad alicantina donde vivía. Según muchas páginas -entre ellas la wikipedia y la página web oficial de la melodía, que la tiene- Paquito es un pasodoble. Pero yo sé que en algunas plazas de toros pitan a la banda cuando la interpreta porque en realidad es un pasacalles de Moros y Cristianos. En los comentarios de este blog he encontrado alguna información sobre esta polémica. Yo estoy con los puristas. No es un pasodoble ni de coña.

Y ahora llegamos al punto esencial de este post. ¿Cómo se baila Paquito el chocolatero? Un servidor, que lo ha bailado en decenas de fiestas de pueblo, en la boda de mi primo en Cracovia y hasta en la embajada de España en Panamá, ha identificado cinco estilos básicos que paso a detallar. Ruego a mis lectores que, si conocen alguna otra versión, lo cuenten en los comentarios.

1) Haciendo hileras. Es el método más tradicional. Los bailantes agarran por la cintura o por los hombres a sus vecinos de la izquierda y de la derecha y de cara a la orquesta van avanzando o retrocediendo según las indicaciones del cantante. Cuando llega la parte ésa del "hey, hey", se dobla el tronco alternativamente hacia delante y hacia detrás como los animalillos estos que salen en los documentales de la Segunda cadena. Ya me entienden.

2) En filas. En vez de engancharse a los vecinos de los lados se agarra uno a los hombros o cintura de un sólo compañero, en plan conga. La fila puede moverse libremente por el escenario o por la plaza o simplemente para adelante y para detrás, siguiendo las indicaciones de la orquesta. A menudo el cantante pide que se vaya variando la orientación de las filas: "Ahora mirando al Ayuntamiento... y ahora mirando a la iglesia...". Cuando suena el "hey, hey", que para esta versión en ocasiones se cambia por un soez "toma, toma" se hace el movimiento descrito en el punto anterior.

3) En filas con riesgo. En vez de enganchar la cintura u hombros del compañero, uno pasa el brazo por debajo de las piernas y se agarra de la mano con el compañero de atrás. Cuando suena el "hey, hey" se hace lo de siempre pero hay que tener cuidado porque el riesgo de lastimarse los bajos es notable.

4) Estilo mezquita. Es una variante de las tres primeras. Cuando suenan los "hey" los bailantes se arrodillan, se sientan sobre sus pantorrillas y estiran los brazos, levantando y bajando alternativamente el tronco como si emularan el rezo de los musulmanes. No olvidemos que Paquito es un pasacalles compuesto para la fiesta de moros y cristianos.

5) Estilo trainera. Mi favorito. Lo aprendí en Bilbao en los primeros años 90 pero veo que se ha extendido por todo el norte de España. En otras zonas, por ejemplo en Canarias, ni se conoce. Es una variante de los tres primeros estilos mencionados. Cuando suenan los "hey" los danzantes se sientan en el suelo, muy pegados uno detrás del otro (véase la foto, correspondiente a la boda de mi amigo Chechu) y simulan estar remando en una barca.

Paquito el chocolatero es muy bueno para la salud, individual y social. Primero para la mente, porque es una canción divertida, que alegra el corazón de quienes la bailan. La coreografía es participativa, contribuye a la socialización, al ligue y a la fraternidad entre las personas y los pueblos. También es simple: incluso aquellos que nunca bailan con la excusa de su torpeza pueden incorporarse sin hacer el ridículo. Además es sanísima para el cuerpo. Es un ejercicio exigente que implica y destentumece casi todos los músculos. Los cuatro primeros estilos mencionados arriba son muy buenos para fortalecer los dorsales y están indicados, si se practican con cuidado, para quienes padezcan de la columna. El quinto estilo, el de la trainera, es excelente para reducir la tripa y desarrollar los abdominales. Bueno ¿Qué? ¿Se animan?

PS: Colometa me ha dejado un comentario y un vídeo para mostrarme para que tipo de baile fue compuesto en realidad Paquito. Naturalmente , ya advertimos en el post que este tema es un pasacalles de moros y cristianos y ése es su verdadero sentido. Las modalidades arriba mencionadas son en cambio las más habituales cuando la música se interpreta fuera de dichas fiestas, en bodas, verbenas y saraos varios.

jueves, 4 de diciembre de 2008

36

Foto: Bar los 36 Billares (Buenos Aires)- Sebastián Darío

Hoy cumplo 36 años. Con mucho optimismo, no me pesan las tres docenas. Prefiero los impares a los pares, pero este número me encanta. Y voy a echarle algunos piropos, apelando a las matemáticas, que tanto me gustan. Porque el 36 es una cifra muy, muy bonita. Una cifra maciza, vamos. De esas a las que Alfredo y yo les gritaríamos por la ventanilla del coche aquello de "¡chavalitaaaaa!".

El 36 es cuadrado (6x6). También es el producto de dos cuadrados, 2 al cuadrado (4) por 3 al cuadrado (9), o si queremos el producto de los cuadrados de los tres primeros números naturales, si lo multiplicamos por 1 al cuadrado (1). Pero lo que más me gusta de él es que es un número triangular: equivale a la suma de varios números naturales correlativos empezando desde el 1, en su caso 1+2+3+4+5+6+7+8. Y, ojo, es el único número triangular cuya raíz cuadrada (6) es a su vez triangular: 1+2+3. Además es igual a la suma de dos números primos gemelos (19+17), es decir dos números primos separados por sólo dos unidades. Y para rematar es el primer número de la serie de los naturales que tiene nueve divisores (1,2,3,4,6,9,12,18,36).

Recupero el aliento y cambio de tercio. ¿Qué puede esperar uno de los 36 años? Todo o nada, como de los 25 o de los 73. Cumplir años agobia a muchos porque nos da la impresión de que el tiempo pasa y no hemos hecho todo lo que deberíamos en la vida. Craso error. Muchos personajes históricos alcanzaron fama y gloria -si es que éstas son envidiables- mucho más jóvenes. Otros no habían hecho nada reseñable con esos años. Y otros alcanzaron la cima de su genio justo a esa edad. Hagamos un repaso.

Los precoces
Algunos personajes llevaron a cabo su obra antes de los 36 porque no les quedó otro remedio: son los que no llegaron a cumplirlos. Como Jesucristo (muerto con 33) o Mozart (fallecido con 35). Otros nos dejaron justamente a esa edad, Marilyn Monroe o Bob Marley, por ejemplo. Algunos vivieron más pero con esos años ya habían llegado bien lejos, como Napoleón, que a los 35 era emperador. A otros, en fin, la fama les que quedaba a esa edad muy lejos, como tantos niños prodigios de quienes no se ha vuelto a saber. O si se ha sabido, en general, ha sido para mal. Nuestra infancia está llena de referencias así de efímeras, como alguno de los niños de Verano Azul o los componentes de Parchís.

Los remolones
Alcanzaron la fama después de los 36. Como Cervantes, que hasta los 38 años, cuando publicó La Galatea, era sólo un respetable mutilado de Lepanto. Más tardío aún fue José Saramago, que empezó a escribir con 47. O Mahoma, que no empezó a predicar hasta los 40 años, cuando tuvo una revelación rezando en una cueva. Y también Darwin, que hasta los 50 años no se atrevió a publicar El origen de las especies, aunque el hombre lo llevaba rumiando desde los 27, cuando hizo el viaje con el Beagle.

Los que triunfaron a los 36
Con 36 años Adolf Hitler, un perdedor de manual, pintor sin fortuna, militar con antecedentes psiquiátricos, publicó al salir de la cárcel Mein Kampf y empezó a venderlo como rosquillas. El resto es historia. Más agradables para la humanidad fueron los 36 años de Marie Curie. A esa edad recibió el Nobel de Física por sus trabajos sobre la radiación. Y a los 36 años escribió Gilbert Keith Chesterton mi libro favorito, y el de mi hermana Bea, El candor del Padre Brown, que ahora edita, junto a todos los cuentos del cura detective, El Acantilado. Si les gustan los cuentos, si le gustan las historias policiales o si les gusta la literatura, léanlo.

Esto es todo. Ya hablaremos de cómo ha ido el año cuando cumpla 37.

jueves, 15 de mayo de 2008

Canciones de otra época

Ayer el Constitucional avaló la ley integral contra la violencia de género, que prevé penas más elevadas para los hombres que para las mujeres en caso de maltrato. Un amigo me decía que si esa mayor dureza de la pena se debía a que había más hombres maltratadores, habría que reforzar las condenas a los vascos en casos de terrorismo. No estoy de acuerdo con su argumento, aunque en el momento no supe muy bien cómo discutirle. Lo que tampoco sé es hasta que punto aumentar las penas contribuirá a reducir el número de casos. Muchos tipos se suicidan después de cargarse a sus novias o esposas, así que ya me dirán lo que les importa la cárcel.

Pues bueno, hoy celebrábamos San Isidro en Madrid -y en muchas localidades rurales de España, entre ellas Busto de Bureba. Fiesta castiza por antonomasia, se han visto los chulapos por toda la ciudad y se han escuchado chotis y otros folclores locales. Y al fijarme en una de esas músicas, que había escuchado cien veces, se me ha venido a la cabeza la dichosa ley de violencia de género. ¿Ustedes se han fijado que el celebérrimo chotis Pichi el protagonista presume de pegar a las mujeres? La letra dice así, nada menos: "¡Pichi! /pero yo que me administro, / cuando alguna se me cuela, / como no suelte la tela, / dos morrás la suministro; /que atizándolas candela / yo soy un flagelador". Canciones de otra época, afortunadamente, en que se decía aquello de "mi marido me pega lo normal". Hoy sería inconcebible que alguien sacara al mercado una canción así. Lo raro es que nadie haya pedido prohibirla.

martes, 25 de marzo de 2008

De vuelta del Genarín

Esta Semana Santa he vuelto a León. Me adoptan unos buenos amigos que tengo por allí (Alfredo y Ruth y sus cientos de amistades-satélites). Ellos me introdujeron en San Genarín, una procesión pagana que a menudo se confundo con una fiesta de borrachos, aunque es algo mucho más serio. Genaro Blanco era un pellejero, borrachín y jugador, que murió el Jueves Santo de 1929 atropellado por el camión de la basura. En su memoria, un grupo de leoneses comenzó a reunirse en dicha festividad para recordar su figura, recorriendo los lugares que frecuentaba el difunto y recitando poemas. La iniciativa fue prohibida en época de Franco cuando ya era una multitudinaria procesión. Pero con la llegada de la democracia y la publicación por Julio Llamazares de El entierro de Genarín, genial compilación de las aportaciones de los cuatro evangelistas que tuvo el santo pellejero, la celebración experimentó un impulso definitivo.

Hoy, 79 años después de su muerte, los seguidores de Genarín seguimos recordando a tan pintoresco personaje. Primero, durante una cena en la que no faltan los poemas, los tradicionales y los que cada año aportan los cofrades, como el que le he dedicado yo este año. Luego, con una procesión con pasos como las de verdad, gigantes -voy dentro de la muerte, un enorme muñeco con rostro de calavera que se ve al fondo de estas imágenes- charangas y cabezudos. Y por último, con una ofrenda en la muralla de la ciudad, el lugar donde murió Genaro, y a la que sube el hermano trepador para dejarle queso, orujo y una naranja, la comida favorita de nuestro héroe.

La procesión de Genarín no está concebida como un desafío a las tradicionales. Hay a quien le sienta mal que se celebre en plena Semana Santa este carnaval profano pero yo no le veo tanta contradicción. De hecho me parece mucho peor que gente que no pisa nunca una Iglesia y no tiene el menor respeto por la religión se ponga estos días el capirote y salga a la calle dándose golpes de pecho. Yo vivo y siento el Genarín como una bella y divertida tradición y me puedo emocionar también viendo una procesión religiosa. En este caso, como en otros, la supuesta burla o provocación está más en la mente de quien así las considera que en el ánimo de quienes la celebramos. Y me despido con el estribillo que repetimos cada Jueves Santo en recuerdo de aquel personaje:

"Y siguiendo sus costumbres, que nunca fueron un lujo, bebamos en su memoria, una copina de orujo".