Pues bueno, la leyenda (no diré urbana, también la he oído en Busto de Bureba) se ha hecho medio realidad. Sólo medio, porque ayer trincaron a un grupo de narcos que introducía cocaína en España en chupa-chups. Naturalmente los caramelos sólo eran el vehículo para esconderla, no un medio para captar jóvenes consumidores. Pero la historia me ha hecho recordar el cuento que nos contaban nuestras madres y reflexionar sobre la falta de información que ha habido sobre las drogas...en los dos sentidos.
Por un lado es verdad que muchos minimizaban su efecto pernicioso para la salud("¡A colocarse todos...!" decía un alcalde de Madrid que pasó a la historia como un gran sabio). Pero también circulaban historias tan apocalípticas como carentes de fundamento (aunque el efecto de estas sustancias sí fuera para muchos catastrófico). Antonia San Juan ironizaba así sobre este tema, tan grave como a menudo desenfocado: "Mi hermano se hizo drogadicto porque le metieron un porro en la coca-cola".
Para acabar voy a contar una anécdota terrible sobre el tráfico de drogas, no apta para lectores sensibles. Están avisados los que sigan leyendo. Me cuenta un amigo Guardia Civil que trabajó muchos años en el aeropuerto del sur de Tenerife que en una ocasión aterrizó allí una pareja que traía un bebé dormido en brazos. Cuando pasaban el control a una agente le dio por hacerle una caricia al pequeño...y notó que estaba frío como el mármol. Después descubrieron que estaba muerto y relleno de droga. Sé que suena también a leyenda pero desgraciadamente, me fío de mi fuente.