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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Así se hace el vídeo de una boda

Ir a visitar a unos recién casados se convierte a veces en una aventura peligrosa. Te arriesgas a que te castiguen con tres tomos de fotos a cual más cursi y de postre un vídeo largometraje lleno de miradas cómplices, parques y hasta cisnes. He visto alguno bueno, es verdad pero en general son muy largos, en general se hacen pesados y no interesan a nadie que no haya participado en el enlace. Lo cual tiene su lógica porque son de consumo interno, claro. Y uno se pregunta ¿No podrían hacer uno más completo, de recuerdo para los novios, y otro, un resumen bien hecho para enseñar a las visitas?

Pues fíjate que el otro día escarbando en internet, mi manera favorita de perder el tiempo, me encontré uno que me encantó. Y eso que no conozco ni al novio -un tipo italiano bastante cachondo- ni a su ahora esposa, una chica filipina. Dura lo máximo que debe durar un vídeo en la era de Internet: cinco minutos. Y me parece precioso y original. La escena en la que el futuro marido regala a sus amigos su agenda de ex ligues parece de película de Fellini. La ceremonia en Manila está extraordinariamente bien realizada. Y la música de Nino Rota (El Padrino) y Ennio Morricone (Cinema Paradiso) acompaña muy bien las escenas. Pese al tono humorístico de la trama, me ha emocionada. A ver si a ustedes les pasa lo mismo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Lo mejor del verano

Bueno, se acabaron las vacaciones. Tampoco ha sido tan duro volver, ya les digo que estoy muy bien descansando y bastante bien en el trabajo. Tal y como anunciaba en un post anterior mis destinos han sido los dos habituales -Tenerife y Busto de Bureba- y Cracovia, a donde se desplazó la familia Marín prácticamente en pleno para asistir a la boda de nuestro primo Álvaro con Monika.

¿Lo mejor del verano? La boda, claro. Los Marín somos más bien sosos pero en estas fiestas nos desmadramos, arropados esta vez por los Soares, los amigos de Busto, de Castro, de Bilbao y de Polonia. Una ceremonia preciosa y una celebración extraordinaria, híbrida con lo mejor de las costumbres eslavas y españolas. Entre las nuestras exportamos de La Bureba una que no puede faltar en ninguna verbena de pueblo, ni en las bodas de mi familia: Paquito el chocolatero. Bailado en todas sus formas: conga, filas y, como no, en traineras.

Las vacaciones darán para algunos posts más en este blog. Pero vamos poco a poco que llevo casi un mes sin escribir y por hoy ya ha sido bastante. Asómbrense con nuestra magnífica coreografía.

viernes, 3 de julio de 2009

Se casa Hugo

Este fin de semana se casa en Zafra (Bajadoz), o Zafra y Cisjordania, como dice su madre, mi amigo Hugo. Él sabrá lo que hace. Y seguro que hace muy bien, porque su novia María es muy buena chica. Así que toca rendir homenaje a este hombre, hoy respetable farmacéutico. Y alabar un amigo de toda la vida -lo conozco desde hace 32 años- ya saben lo que es: con la excusa de hacer un retrato entrañable del personaje uno se dedica a sacar trapos sucios. Uno tras otro.

A Hugo lo conocí en el antiguo Hispano Británico, allá por la Cuesta Piedra, donde nos gobernaba con mano de hierro la señorita Nelly. Siempre fue muy buen chico, aunque hay un episodio oscuro en sus primeros años de colegio que no me resisto a recordar. En primero de EGB me sobornó durante semanas para que le llevara juguetes bajo la amenaza de contarle a la señorita que le había dado una patada en clase de judo. Cuando se descubrió el pastel en clase hubo bronca para los dos: a él por chantajista, y a mí por dejarme chantajear: así era el régimen disciplinario en el cole. Luego se convirtió, decididamente, en un buenazo. Y por eso nos metíamos tanto con él dándole golpecitos en las orejas, que tenía un poco prominentes.

Hugo era y es un tipo muy inteligente. Pero no sacaba buenas notas porque no le daba la gana. Alguna vez dejó preguntas sin contestar en un examen para salir antes a jugar al baloncesto: sabía que con las que había respondido ya tenía el aprobado. En inglés, sí era bueno, de notable por lo menos, porque para eso había estado en Inglaterra. Y por eso cuando lo de las Malvinas se puso de lado de los británicos. Pero aún así no podíamos jugar a la guerra en el recreo, porque era él sólo defendiendo al Gobierno de Thatcher contra el resto de la clase.

Destacaba mucho en gimnasia: era un gran corredor de fondo. Una vez, y esto me lo ha recordado hace poco, apostó conmigo a que llegaba a su casa corriendo antes que la guagua del colegio. Él vivía a kilómetros del colegio, eso sí, cuesta abajo: para los que conozcan Tenerife, tenía que bajar desde La Higuerita, por encima de La Cuesta; a la calle General Goded, que no sé que nombre le habrán puesto ahora, en el barrio de Salamanca. Llegaron más o menos empatados pero al día siguiente fue ver al director.

Otra gran pasión de Hugo era, y son, los vehículos. Una vez interrumpió una clase para contarnos a todos que su padre había tenido un choque con el coche. También destacaba, y ya después de contar esto me va a matar, por dormirse en cualquier lugar, como por ejemplo en el pupitre durante las explicaciones del profesor. Hugo también era famoso por sus fiestas de cumpleaños. Cuando ya se hizo mayorcito empezó a celebrarlas en la casa de Tegueste, una mansión estupenda donde sus tíos congregan a toda su familia y amigos.

La familia de Hugo merece un capítulo aparte, pero ahí todo iban a ser alabanzas. A su abuelo Don Alejandro, el centenario más lúcido que he conocido, a sus tíos, Juan y Carmen y todos los demás, a sus padres y a su hermano Raúl, que de pequeño era mi doble. Un día mi hermana se lo quiso llevar a casa a rastras desde el colegio. Otro día un tío de Hugo me metió un rollo impresionante creyendo que yo era él. Después crecimos, el se convirtió un tipo cool y metrosexual y yo, según definición de mi amigo Manolo, en su versión profesor de Ética.

Se me acaban las anécdotas, pero he dejado una para el final. Una que de verdad da la medida entrañable del personaje. Hace unos días en el Facebook, precisamente en un foro en el que nos reunimos ex alumnos del colegio, recordaba yo que Hugo creía en los Reyes Magos cuando ya algunos en clase empezaban a tener relaciones sexuales. Rápidamente me corrigió: "Berni", me escribió, "a ti te traerán los regalos tus padres. A mí me los siguen trayendo los Reyes". Claro que sí, hombre, envidia que me das. Y te dejo con Sabina para que te canta aquello de "que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel". Mañana nos vemos.

lunes, 26 de mayo de 2008

Alfrico baila

Este blog se ha convertido en los últimos tiempos en punto de encuentro de cuatro amiguetes que, eso sí, nos llevamos muy bien. Cada vez pontificamos menos sobre el sentido de la vida, el futuro del periodismo, la diferencia entre derecha e izquierda o cualquier otro tema solemne y nos fijamos más en cualquier anecdotilla que nos tenga entretenidos cinco minutos. Este post pertenece a esa categoría de historias, próxima, entrañable e intrascedente.

Quienes conozcan a mi padre encontrarán muy divertido el vídeo que he colgado hoy. En él se ve al tipo, un hombre bastante serio según opinión generalizada, bailando con más desparpajo que ritmo el día de la boda de su sobrina. El enlace de mi prima Ana ha sido un gran acontecimiento familiar, quitando los entierros el más importante desde que se casó mi tío Benito en 1981. Aunque somos todos bastante sosos, el desmadre ha sido generalizado y estas imágenes dan buena muestra de cómo por un día nos salimos todos del molde. Ridículo es el que se siente como tal y mi padre se olvidó por un día de ese sentido del pudor que normalmente tiene hiperdesarrollado.

Por eso, y sobre todo por otra cosa que él sabe, el sábado me sentí muy orgulloso de él. Quién lo verá el día que yo me case.