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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Un país auténtico

Ya he vuelto de India. Lo primero que voy a hacer es dar gracias eternas a mi amiga Gaby, mi anfitriona en Delhi, que me convenció para que hiciera este viaje delirante de cinco días. Y lo segundo advertir a los cuatro seguidores de este blog de que durante un tiempo sólo hablaré de esta experiencia. Espero no ponerme muy pesado y quedarme sólo con tres lectores.

En los viajes que he hecho por América me ha decepcionado comprobar que algunas escenas pintorescas eran pura farsa. En Cuzco, capital de los andes peruanos, ya nadie va con gorrito de lana, tocando la zampoña y llevando una llama de una cuerda. Si vemos un personaje con esa pinta podemos estar seguros de que es un actor que espera obtener una buena propina. En México sólo se ponen sombreros gigantescos quienes quieren atraer a los fotógrafos. La mayor parte de la capoeira que vi en Brasil era folclore para turistas. En resumen, representaciones sin genuino interés, como las del niño que de pronto cobra conciencia de que es gracioso y pierde su espontaneidad y con ello todo su encanto.

En India me ha sorprendido, en cambio, por su atenticidad. No es que sus habitantes caigan deliberadamente en el tópico, como los centuriones romanos que rodean el Coliseo, es que sencillamente son así. Las mujeres visten shari porque es precioso y muy práctico. El tipo del elefante va a trabajar con su animalito, no espera acaparar los flashes. La vaca circula por donde quiere, no la ha puesto el tour operador para goce del giri. Estoy seguro de que los habitantes de Cuzco tienen perfecto derecho a ir en vaqueros. Y que ir cargando con una alpaca en vez de conducir un coche denota un atraso que no deseo a ningún pueblo. Pero también es verdad que cuando uno viaja espera encontrar algo diferente a lo que ve todos los días. Y si es posible, costumbres espontáneas, no teatro callejero.

jueves, 31 de mayo de 2007

El zorrocloco, precursor del permiso de paternidad

Todo está inventado. Hablamos hace unos días de Tolstoi como precursor del copyleft y hoy vamos a hablar del zorrocloco de los aborígenes canarios como antecedente del permiso de paternidad, de cuya ampliación a 15 días se cumplen ahora seis meses. Me he acordado estos días del tema porque mi amigo Jorge Otero y su chica, Almudena, han sido padres de mellizos, y aprovecho la ocasión para felicitarles desde aquí.

El zorrocloco era una costumbre practicada en varias de las islas canarias antes de la conquista y que se prolongó en algunas zonas hasta mediados del siglo XIX. Consistía en que cuando una mujer daba a luz también se encamaba el padre, que recibía durante unos días agasajos y cuidados parecidos a los de la madre. La expresión "ponerse zorrocloco" aún se usa en Canarias (yo la he oído) para referirse a la actitud mimosa de algunos hombres.

Así lo cuenta la entrañable Natura y Cultura de Canarias, la biblia informativa del archipiélago para los que tenemos más de 30 años:

"Destaca sobre todo la costumbre del zorrocloco, que algunos sitúan en Lanzarote, otros en El Hierro y otros en La Palma [...] Consiste en que cuando la mujer daba a luz o cuando se levantaba varios días después el marido hacía el zorrocloco, acostándose en otra habitación, cubriéndose bien y simulando estar enfermo. En este periodo se le llena de cuidados, como si se tratara de la parturienta [...] En el papel del zorrocloco hay una actitud de identificarse con la situación de mimo que vive su mujer ¿Quizás hay una tendencia de indentificación con la maternidad o es un símbolo de considerar al hijo como parte también importante del padre a pesar de no sufrir el parto?"

[Ahora que está tan de moda lo del hecho diferencial haría bien el señor López Aguilar, brillante vencedor de las elecciones en Canarias, en tomar nota y proponer una norma complementaria a la del permiso de paternidad en la que se recoja esta peculiaridad cultural de nuestro archipiélago. Cosas más raras se ven todos los días.]