Hace un año hablábamos aquí del desfile del 14 de julio en Francia, en el que echamos de menos a los poilus. Los poilus, literalmente, los peludos, es como llaman en el país vecino a los veteranos de la I Guerra Mundial. El motivo de su ausencia era evidente: en ese momento sólo quedaban dos con vida y ambos superaban los 108 años. Los dos han muerto en los últimos meses, la noticia del fallecimiento de Lazare Ponticelli, el último superviviente, saltó a las portadas de todos los medios del mundo porque se le despidió con honores de Estado.Sentí mucho ambas muertes. Sobre todo la de Ponticelli, a quien intenté entrevistar infructuosamente en sus últimos meses de vida. Cuando recibí la noticia de su muerte estaba a la espera de una respuesta de su hija, que también debe ser viejísima. Así que pensé que me quedaría sin conocer al último veterano francés de la Grand Guerre. Cada uno tiene sus ilusiones y esa, fijense, era una de las mías.
Pero hace unos días me enteré de que entre los milagros que ha obrado -y sigue obrando, aunque haya terminado- la primavera de este año, está la resurección de un poilu. Un investigador ha encontrado a un combatiente vivo de aquella contienda. Se llama Fernand Goux, tiene 108 años y está jubilado como agricultor en Île de France. No constaba como veterano por el Ejército francés porque no llegó a los tres meses de servicio. Pero el poco tiempo que estuvo chupó la primera línea de frente y le tocó la grata misión de enterrar cadáveres.
Creo que el tipo está bien aunque no tiene ni puñeteras ganas de que le entrevisten. No sé si lo haré, pero al menos recupero la ilusión de conocer algún día, y tendrá que ser muy pronto, a un veterano de las trincheras. Puesfijate les mantendrá informados.