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lunes, 30 de abril de 2012

Don Dionisio en la tercera fase

Hay teorías científicas que aseguran que en los agujeros negros uno entra por un sitio y por un momento temporal del universo y sale por otro, en el pasado, en el futuro, o ni se sabe. El otro día no es que me tragara un agujero negro, pero sentí algunos de sus supuestos efectos. Estaba en México, en 2012, y de pronto me vi transportado al colegio Hispano Británico, en El Charcón, Tenerife, digamos que 30 años atrás. Un encuentro en la tercera fase. Y no, ya sé en lo que están pensando, no había probado el tequila. Ni gota.

La sesión de brujería corrió a cargo de mi queridísima Marta Arocha, que además de una bruja buena es la que convoca todas las parrandas del desorganizado grupo de compañeros del colegio. Y la excusa era perfecta: Don Dionisio, nuestro profesor predilecto, con el que leíamos el periódico en clase, organizábamos asambleas precursoras del 15-M y representábamos obras de teatro, iba participar en un programa de Radio San Borondón. Los que están en Tenerife podrían seguirlo por radio, los compañeros en el exilio (Mariano y yo), por internet. Sería además un encuentro interactivo porque la omnipresente Marta nos organizó una tertulia en Facebook. Ahí estábamos, y espero no dejarme a nadie, Raquel, Mariano, Panchi, Hugo, Ágata y Giuseppe, además de Marta y yo, claro.

Y me conecté. Al principio no entendía nada. Don Dionisio no salía por ningún sitio y solo escuchábamos un grupo de bienintencionados tertulianos llamando a la rebelión creo que contra el Plan Urbanístico de Santa Cruz. Lo siento, pero no tenía paciencia para atender y formarme una opinión sobre si tenían razón o no. Simplemente quería que hablara ya nuestro profesor… Y después de casi una hora mis compañeros –todos menos yo, padres y madres de familia- también se empezaban a impacientar. “Podíamos haber lavado a los niños tres veces”, dijo alguien. La expectación decaía… ¿Y si al final no sale? Uno quiso ver lo positivo del asunto, incluso aunque acabara en catástrofe: “Por lo menos nos hemos reunido aquí un rato…”.

Pero no, no hubo catástrofe. ¡Casi diría que hubo éxtasis! Dionisio entró en antena y estuvo una hora leyendo poesías. Algunas propias –preciosas, como una muy emocionante dedicada a su madre. Otras ajenas, de León Felipe, de Arturo Maccanti, de Agustín Millares, de Félix Francisco Casanova. Muchas de actualidad, comprometidas, como era él también de profesor, en aquellos tiempos en que en clase nos pegaban “lo normal”. El momento más emotivo –yo me eché a llorar en la soledad de mi cocina- fue cuando tuvo un recuerdo sus “primeros alumnos” y recitó para nosotros No Vale, de Millares, el poema que nos regaló la noche que quedamos 17 años después de dejar el colegio y que cada día está más actual y más vivo.

Facebook era un clamor: “Queremos un Dionisio para nuestros hijos”. Y yo no me pude resistir. Llamé a la emisora y entré en directo. Luego me arrepentí un poco, porque sentí que le estaba quitando e protagonismo a la estrella de la noche (la tarde en mi país de exilio). Pero no, en la vida uno no puede dejar de hacer cosas “por si acaso”. Y seguro que le hizo muchísima ilusión.

A mí Don Dionisio me regaló muchas cosas: me estimuló a leer más de lo que ya lo hacía, en aquellos tiempos en los que mi ídolo era Gianni Rodari. Me animó a escribir obras de teatro, como una entrañable, sobre el 23-F cuyo guión debe andar por casa. Y sobre todo, me enseñó que en la vida uno no puede contentarse con respuestas fáciles y hay que estudiar, indagar, profundizar, ser críticos. “Investiguen”, nos decía en clase cuando le hacíamos una pregunta complicada. Sin él probablemente no habría sido periodista. Por la ilusión que mostraron el otro día estoy seguro de que muchos de mis compañeros podrían decir cosas parecidas.

Entonces éramos pequeños y quizá no lo hubiéramos entendido. Pero ahora me doy cuenta de lo bien que está resumido, en esos versos que nos dedicó de Millares, el espíritu digamos dionisiaco que impregnaba su visión de la vida, su relación con los alumnos, su método de enseñanza. Una vez más, y que así sea por treinta y pico años más, o los que sean, gracias Dioni.  

No vale

Te digo que no vale
meter el sueño azul bajo las sábanas,
pasar de largo, no saber nada,
hacer la vista gorda a lo que pasa,
guardar la sed de estrellas bajo llave.

Te digo que no vale
que el amor pierda el habla,
que la razón se calle,
que la alegría rompa sus palabras,
que la pasión confiese: aquí no hay sangre.

Te digo que no vale
que el gris siempre se salga
con la suya, que el negro se desmande
y diga “cruz y raya”
al júbilo del aire.

Vuelvo a la carga y te digo: aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala,
decir “no sabía”, “estoy al margen”,
”vivo en mi torre, sólo y no sé nada”.

Te digo y te repito que no vale.

lunes, 23 de febrero de 2009

Los versos de nuestra vida

Una vez le preguntaron a Jean Cocteau: "¿Si se incendiara el Louvre, qué cuadro salvaría?". E impasible respondió: "El que estuviera más cerca de la puerta". La anécdota la he leído referida a otros famosos y a otros museos, incluso a Woody Allen y el Metropolitan. Yo no sé qué cuadro salvaría del fuego pero si sólo pudiera salvar un disco de toda la discografía mundial que en la historia ha sido salvaría el de Serrat cantando a Machado. Las letras son joyas de la poesía española de todos los tiempos pero el milagro es que la música no desmerece: de hecho ahora se nos hace difícil leer algunos versos del poeta sin acompañarlos mentalmente con la melodía que le puso el cantautor.

El disco es maravilloso pero además no lo hemos conocido ayer. Forma parte de nuestra íntima memoria musical. Ahora que le doy al vinilo fue el primer disco que se me ocurrió traerme a Madrid de la casa de mis padres cuando gentilmente me cedieron su pequeña colección. Y hoy lo he recordado porque, demasiado tarde y gracias a mi tía Pilar, me he dado cuenta de que se cumplen precisamente 70 años de la muerte de Machado en Coillure. Tenía que haber atado cabos: hace una semana una amiga me dijo que se iba al publecito francés por el aniversario, no hice mucho caso y ahora caigo que me tenía que haber apuntado al viaje relámpago. Una de esas pequeñas locuras que hay que hacer y que se recuerdan siempre.

Lo arreglaremos. Con los primeros lirios y las primeras rosas de las huertas me prometo una excursión a Soria a recordar los lugares machadianos. Los habituales de Puesfijate están invitados, ya lo iremos organizando. Única música permitida en el vehículo, las versiones del poeta que hicieron Serrat y Paco Ibañez. Y una vez en la ciudad castellana, visita al Olmo, a la placeta del Mirón, al Espino, a la estación de San Francisco, al instituto, ahora Antonio Machado (donde por cierto mi madre fue años después, también catedrática de francés), a la ermita de San Saturio, a San Juan de Duero...

Terminamos con una anécdota graciosa para que el post no nos quede demasiado solemne. Un día, hace muchos años, le oí contar a Serrat de un concierto que dio en un recinto muy mal iluminado. Interpretaba precisamente el tema que incluimos hoy en el blog, Cantares, y mientras lo hacía se acercaba, sin darse cuenta, demasiado al borde del escenario. De pronto dio un mal paso y se cayó sobre el patio de butacas. Lo más cachondo del asunto es que sus últimas palabras antes de meterse el leñazo fueron aquellas de "golpe a golpe...". No pudo concluir la frase.

sábado, 12 de enero de 2008

Ángel González

Hoy ha muerto el poeta Ángel González, llego del tanatorio en este momento. Cuando uno conoce a una persona a quien admira intelectualmente, digamos un escritor o un músico, espera que en la corta distancia sea tan genial como la obra que de él conocemos. A menudo la decepción es grande. Escribir bien significa tener talento para la escritura y una determinada sensibilidad, pero tener esas cualidades no es incompatible con ser un cretino, un zafio o un desagradable.

En otras ocasiones sucede todo lo contrario. Conocer a algunos creadores multiplica la admiración que por ellos tenemos. Sé que es fácil hablar así de alguien que ha muerto pero en el caso de Ángel González es la pura verdad. Era el mejor poeta español vivo y se daba a sí mismo muy poco importancia. Habla siempre con mucho ingenio, pero no se escuchaba a sí mismo. Escuchaba a los demás. Y aunque tenía a sus espaldas muchas desgracias siempre andaba con una sonrisa y ánimo para tomarse una copa.

Tenía 82 años muy bien vividos, pero me apena su muerte porque creo que tenía cuerda para algunos más. Para unos cuentos miles de cigarros más, unos cientos de whiskys y al menos diez o doce buenas juergas. Esta mañana he escrito para ELPAÍS.com mis recuerdos sobre Ángel. Ahora me quedan dos trabajos pendientes: completar el trasvase de información de su viejo Mac a su nuevo ordenador y leer la parte de su obra que aún no conozco. Les invito a que hagan igual.

viernes, 12 de octubre de 2007

Un gesto por España

Celebramos hoy la Fiesta Nacional. Tranquilos, no voy a filosofar sobre la patria, la Hispanidad ni nada de eso, aunque invito a quien quiera a dejar un comentario. Simplemente es la fiesta de mi país, como dentro de quince días será el cumpleaños de mi madre. No puedo estar orgulloso ni de ser español, ni de ser hijo de Doña Concha: no tengo ningún mérito en ello. Pero sí sentirme feliz de ambas cosas y para festejar el día dejo aquí esta canción de Cecilia, emotiva pero no patriotera, que ha resistido indemne el paso de treinta y pico años. Reconozco que también me gusta Que viva España, soy folclórico sin complejos. Pero no la incluyo por respeto a Manolo Escobar, que ya no la canta porque dice que está anticuada.

[Por cierto que Curry Valenzuela ha incluido al pobre Manolo en su libro Los cien personajes que hunden España. Y su argumento para juntarlo con Josu Ternera u Otegi es precisamente que ya no canta el famoso pasodoble. Hay por ahí un blog que se llama Mi madre es idiota, de una guay que se define como "fértil, bisexual y muy simpática", se pasa todo el día fornicando e insinúa que es que hija de la tal Valenzuela. Creo que es apócrifo. Pero me encantaría que a esta señora tan sectaria le hubiera salido una hija contestona].

Ah, creo que andan buscando una letra para el himno nacional. Yo me emociono cuando lo ponen antes de los partidos de la selección. Incluso subo el volumen de la tele. Y no me importaría cantarlo. Sabina ya ha escrito una letra. Pero prefiero la propuesta de mi compañero Bruno: entonar estas preciosas estrofas de Viento del Pueblo, de Miguel Hernández, que encima cuadran de maravilla con nuestra España autonómica. No citan a los canarios y no va mucho con la música de la Marcha Real, pero ya haremos un arreglo.

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada;
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza...