
Yo era un niño gordo hasta aquel día y desde entonces empecé a cambiar y me convertí en lo que soy ahora: un piltrafilla. Muchas veces he oído el mismo diagnóstico para semejante cambio de metabolismo: celos. Sin embargo no recuerdo en absoluto haberlos sentido, y creo que es de esas cosas que no se olvidan. Tuvimos, eso sí, altibajos en nuestra relación: pasé de superprotegerla a martirizarla. Hasta que ella aprendió a defenderse con una dosis, pequeña pero cierta, de mala leche, de la que me temo soy culpable.
Luego me fui de Tenerife y empecé a verla con menos frecuencia. Así que notaba con más intensidad como cambiaba. Para empezar dejó de ser la gorda. De hecho pasó a estar bastante delgada. Mis amigos empezaron a decirme -y me dicen- que qué hermana más guapa tenía. Pero eso no era lo más sorprendente. Lo curioso es que aquella pequeñaja zurda a la que tratraba con paternalismo filial era en realidad un tía muy inteligente y lo que es más importante, muy ingeniosa. Descubrir que me reía con ella tanto como con Dácil, que ya es decir, fue un hallazgo. Y más aún darme cuenta de que había heredado de mi madre lo único que yo no heredé, la capacidad de escuchar, y que podía convertirla en confidente de mis delirios.
33 años después de aquella tormenta y después de cuatro de convivencia en 40 metros cuadrados que concluyeron con la reforma de mi casa, tengo que decir que además de una hermana tengo en ella a una amiga inmejorable. Quizá a la primera persona a la que le contaría un problema gravísimo. Porque es la que más se parece a mí: nos gusta la misma música de petardeo, las mismas películas e incluso la afición perversa por el karaoke. Incluso cuando he ligado con alguna amiga de Bea creo que el mérito ha sido suyo: porque al conocerme me han atribuido inmediatamente las mismas cualidades de bondad, inteligencia, ingenio y sentido del humor que veían en ella. Y eso significaba sumar muchos puntos de golpe.
Bueno, gorda. Que cumplas muchos más. Esta noche lo celebramos como sabemos: en el karaoke. Gafapastos y culturetas abstenerse.