martes, 9 de diciembre de 2008

Vuelve el vinilo

Ya sé que para los culturetas el vinilo volvió hace años. Pero a mi vida ha regresado estos días. Les cuento: mis tíos y mi prima Eva me han comprado por mi cumpleaños un equipo de música con todos los avances de la tecnología: cd (del siglo pasado), salida usb (de hace unos años) y una cosa que aún no sé que es, así que debe ser de ahora mismo, para enganchar el iPod, supongo o el teléfono móvil, vete a saber. Un cacharro precioso con pinta de gramola antigua, que además de todas esas moderneces incluye un plato de tocadiscos. Como los de nuestra infancia.

Lleva cuatro días en casa y todavía no sé por donde conectar el iPod. Ni me interesa. Sólo tengo ojos para el tocadiscos. No me voy a poner en plan exquisito: no suena mejor el vinilo que el cd, o al menos yo no tengo oído para distinguirlo. Pero sí suena más entrañable. Y el rito de sacar el disco de su ENORME funda con una preciosa ilustración, subir y bajar la aguja con la mano y ver girar el plato son placeres que habíamos perdido con la "sencillez" y "comodidad" de darle a un botoncito del mp3. El único problema es que aún tengo una discoteca corta compuesta solamente por tres volúmenes: dos de canciones napolitanas bastante más flojos de lo que pintaban, y la banda sonora de Memorias de África. Maravillosa película en la que por cierto un fonográfo tiene un papel destacado.

La revolución digital abolió el espacio y nos proporcionó toda la información que necesitábamos aquí y ahora. Nos trajo el periódico a casa sin bajar a comprarlo, más completo, actualizado y con la posbilidad de opinar sobre las noticias y compartirlas con otros lectores. Metió toda las canciones y el cine de nuestra vida en una cajita como un paquete de cigarrillos. Y pronto hará lo mismo con toda nuestra biblioteca. Pero al tiempo nos hizo olvidar el placer que proporcionaban esos objetos que despreciamos luego como simples transmisores de datos. El placer de manosear el periódico, de oler el libro, de acariciar una carátula.

Ya podemos tener toda la literatura y la música de la historia en una memoria electrónica relativamente pequeña. Pero estoy seguro de que no desaparecerán los vinilos ni los libros ni los periódicos si consiguen perpetuarse como objetos valiosos. El disco duro puede derrotar con facilidad al libro de encuadernación rústica o a la pobre cinta de cassette. Pero el disco reluciente, con carátula más bonita; el libro de hermosas tapas, bellamente ilustrado y olor sugerente; y la publicación de diseño exquisito y hecho con el mejor papel sobrevivirán de alguna forma. Y no serán sólo bellas cáscaras vacías: será un placer añadido consumir esa información que ofrecen en formatos tan atractivos.

8 comentarios:

juan dijo...

interesante articulo

Anónimo dijo...

No digas que tu discoteca de vinilo es pobre. Tus pobres padres guardan en su casa(que es la tuya por siempre) una colección más que apreciable (en la cantidad, no sé si en la calidad)de discos de vinilo que te van a poner en el zapato en Reyes.No digas que no te aviso como dice el romance. Lástima que los dichos discos estén asaz rayados por el trato que tú y tus hermanas les disteis otrora.

Anónimo dijo...

Particularmente el de Serrat cantando a Machado, el de Labordeta y los de Ana Belén. Si es que casa de mis patres éramos unos rojos...

Anónimo dijo...

Yo personalmente nunca fui capaz de controlar el tembleque de la mano para colocar correctamente la aguja sin hacer demasiado estropicio en el vinilo, así que casi me quedo con el CD, el USB o el Ipod.
Debe ser el Parkinson ¿juvenil?

Anónimo dijo...

El trato que se le dió a los discos de vinilo en casa de Berni al que hace referencia el segundo comentario se explica perfectamente por el cuarto comentario. Si esto no es interactividad que baje Bill Gates y lo vea

leoygano dijo...

por dios que no vuelvaaaaaaaaaaaaaa

Anónimo dijo...

¿Quién tiene Parkinson en la famiia además de mí? Oye no me quiten la gracia que cada uno tiene su idiosincracia.

Paul dijo...

Yo tengo una colección de discos de vinilo realmente irrepetible, por la naturaleza de las piezas (algunos de los primeros picture disc de la historia del rock, esto es, que no eran redondos) y por su modo de adquisición: un colega del instituto los iba sacando de la discoteca de su hermano y me los vendía poco a poco para costearse el costo.

Tiempos.