miércoles, 31 de diciembre de 2008

¿Somos dictadores los jefes?

El otro día se preguntaba un amigo cómo sería eso de vivir en una dictadura. No le supe contestar. Viví tres años con Franco y otros tres hasta que se aprobó la Constitución pero apenas me acuerdo de nada. Sin embargo, quizá sabemos más de ese tipo de régimenes de lo que pensamos. Un libro serio y bien argumentado que he leído recientemente sugiere que todos vivimos parte de nuestra vida, una parte muy importante en realidad, bajo una tiranía. En concreto, las ocho horas que pasamos en nuestros puestos de trabajo.

Vaya por delante que no me estoy quejando de mis jefes. Creo que en ese sentido he tenido bastante suerte en mi carrera laboral. Supongo que influye el hecho de que he sido siempre un buen súbdito. No, lo que afirma el libro -¿Por qué los jefes son dictadores?, de Chetan Dhrube, editorial Empresa Activa- con argumentos razonables es que todos los responsables de las empresas, todos sin excepción, y me incluyo en mi cuota de poder, son dictadores. No todos por igual, naturalmente. Unos se parecerán a los reyes bondadosos con tres hijas de los cuentos de nuestra infancia y otros serán tiranos sin escrúpulos tipo Stalin. Pero ninguno será un verdadero líder, en el sentido de persona a los que otros siguen por convicción, porque no han sido elegidos democráticamente. Y porque tienen en su mano las más duras sanciones: no pueden mandarte a Siberia, pero sí despedirte, que hoy día es casi lo mismo.

¿Elegir a los jefes en unas elecciones? Suena a marcianada demagógica. Igual que sonaban hace cien años las voces de quienes pedían el voto para las mujeres o para los negros. La tesis de Dhrube, sin embargo, es que las empresas, igual que los países, funcionarían mucho mejor si así se hiciera. Y puede que sea cierto. Un jefe electo tendría que mantener un buen clima laboral y estaría obligado a escuchar a sus subordinados y potenciales votantes. Éstos podrían a su vez expresar más libremente sus opiniones, lo que redundaría en un clima laboral más sano. No nos engañemos, nadie le dice toda la verdad a su jefe como se la diría a un político. Incluso el jefe más abierto es adulado y escucha lo que quiere oír, como pasaba con los monarcas del despotismo ilustrado. ¿Elegirían los trabajadores a un tipo popular aunque fuera vago y arbitrario? Dhrube no lo cree y yo tampoco. Hay demasiado en juego, el pan nuestro de cada día, como para dejarlo en manos irresponsables.

Seamos sinceros. Si yo tuviera una empresa intentaría que hubiera el mejor clima laboral posible pero no me atrevería a implementar este modelo. Eso sí, me encantaría que otros lo hicieran para comprobar los resultados. Quién sabe, quizá dentro de unos años nuestros hijos le preguntarán a nuestros padres "¿cómo se vivía con Franco, abuelo?" y a nosotros "¿y cómo se vivía cuando te imponían a los jefes?".

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace poco tiempo incorporamos en la sección a un compañero infografista que estuvo colaborando con nosotros un par de meses. Estaba alucinado: "¿de verdad que eres mi jefe?" repetía de vez en cuando. "Sí, lo soy, ¿qué te extraña?- le decía yo-."Pues que me tratas muy bien".
El modelo dictatorial de jefe (no me lo invento,os lo aseguro) está obsoleto. Es más humano estar lo más cerca posible de las personas con quien trabajas un mínimo 8 horas al día (no multiplico). Quizá lo que tiene de bueno un jefe "bueno" tiene de malo la responsabilidad que, sin quererlo, asume el "no jefe", el cual quizá espera a un jefe dictador y se encuentra con casi un amigo. Algo que no esperaba. O quizá, todo lo contrario a lo que he dicho.

Un Charly de la vida!

leoygano dijo...

pues me encanta la idea de elegir a los jefes por votacion, yo me prento a la eleccion a jefe y el que no me vote a la puta calle...... jejeje ¿podria pasar no?

Anónimo dijo...

Es muy complicado eso de ser un buen jefe, situación muy distinta a la de ser un jefe bueno. Yo creo que como hacía decir Agatha Christie a la srta. Marple "La naturaleza humana es la misma en todas partes". Así que hay quien tiene dotes de mando y organización que si van unidos a una inteligencia lúcida y a un buen catrácter hacen un jefe ideal. Y hay quien no y a pesar de todo, es jefe.