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jueves, 26 de marzo de 2009
Silencio portugués
martes, 24 de marzo de 2009
Diez motivos para visitar Lisboa
Hecha esta aclaración arranco. A mí Lisboa me ha encantado y volviendo esta mañana en el avión me he parado a hacer una lista, una manía personal, de las cosas que más me han gustado de la ciudad. Las comparto con ustedes: los que ya hayan estado pueden confirmar o rebatir mis opiniones; al resto espero animarles para que la visiten. Ahí van mis diez motivos para visitar -y volver a Lisboa-.
1) El más obvio: es una ciudad preciosa. Aunque un terremoto se la llevó por delante hace 250 años ha sabido reconstruirse. Hay zonas horribles, como en todos sitios, pero los barrios antiguos no están contaminados de espantos urbanísticos. Desde muchos miradores, como el de Santa Lucía (en la foto, desde el que se domina el barrio de Alfama) la vista es impecable: ni un monstruo de ladrillos que estropee la foto. A muchos edificios les falta una reforma o una capa de pintura pero también esa decadencia tiene su encanto.
2) Está muy cerca. Tan cerca de Madrid como Barcelona, por ejemplo. Pero así como casi todo el mundo ha visitado París, Londres o Roma no tanta gente ha estado en Lisboa. Se llega en una hora en avión y por las carreteras han mejorado mucho. Además hay otras cosas que la han acercado aún más: desde hace años, como pasa con el resto de países de la UE ya no hay fronteras, el DNI basta para identificarnos y desde la entrada del euro no hay ni que cambiar el dinero.
3) Enlazando con lo del dinero: es relativamente barata. Se puede cenar con vino y postre en un restaurante muy decente por 20 euros.
4) Los portugueses parecen cultos, pacíficos y amables. Digo parecen porque no quiero sacar conclusiones de 72 horas que he pasado en la ciudad. Y son muy interesantes en un sentido: deberían parecerse mucho a nosotros, pero son bastante diferentes. Como dos hermanos mellizos que se encontraran después de muchos años es divertido observar y adivinar las diferencias.
5) Es una ciudad abarcable. Uno puede visitarla y hacerse una idea razonable del lugar en tres días, algo que tranquilizará al viajero apresurado y ansioso por no perderse nada fundamental. Eso no excluye que uno pueda descubrir muchísimas más cosas si prolonga la estancia. Y es lo suficientemente grande para que los urbanitas más recalcitrantes puedan vivir en ella sin sentirse axfisiados.
6) No tiene mar, pero como si lo tuviera. Así como hay ciudades costeras que viven de espaldas al mar (Santo Domingo), Lisboa vive volcada en el océano. La desembocadura del Tajo es tan ancha que apenas se ve la otra orilla. Y cerca de la ciudad hay estupendas playas donde pasear y tomar el sol practicar surf.
7) Tiene buen clima. Pelín húmeda por ponerle una pega.
8) Para los que nos gusta la historia es una ciudad interesantísima. De aspecto modesto comparado con París, Londres e incluso Madrid, ha sido capital de un enorme imperio. En sus calles encontramos recuerdos de Pessoa, Lobo Antunes, Vasco de Gama (que era del norte pero está enterrado en Belem), Camoês, Amalia Rodrigues o Santa Antonio de Padua, que no era italiano sino del barrio de Alfama. El terremoto la dejó malparada pero eso hace también muy interesante estudiar la reconstrucción emprendida por el marqués de Pombal.
9) Es turística pero no ha hecho una caricatura de sí misma para deslumbrar al visitante ávido de tópicos. Las estampas pintorescas son genuinas, no buscadas. Los eléctricos (tranvías) amarillos transportan de verdad ciudadanos camino de su trabajo, no son como las calesas de Sevilla; la gente tiende la ropa en los balcones de casa y come bacalao. Algunos locales de fado si son un puro teatro para turistas pero también los hay auténticos. No soy nada aventurero en materia de música pero la última noche que estuve allí presencié un concierto de música de Cabo Verde muy emocionante.
10) Por todo lo dicho anteriormente: es una ciudad amable. Si fuera una persona caería bien a todo el mundo. No por simpática o extrovertida pero sí por sencilla, modesta, bonita y acogedora. No puedo decir lo mismo de otros lugares que a mí me encantan como Madrid, París o Nueva York.
Para terminar le pondremos tres pegas, que en realidad son tres piropos matizados. Tiene unas cuestas terribles, peores que las de Santa Cruz, de hecho muchas calles son directamente, escaleras y los paseos se convierten en yinkanas. Está empedrada con un adoquinado blanco muy bonito pero peligroso para las personas mayores o ebrias. Y la comunicación, al menos para mí, se hacía difícil: la lengua portuguesa, tan próxima y tan bonita -según mi amigo Alfredo es aún mejor para ligar que el italiano- no se entiende un pimiento.
miércoles, 18 de julio de 2007
La ventajas de Iberia
No voy a hablar de la línea aérea, con la que estoy enfadado desde que se mudó a la remota T-4. Hoy hablaremos de las ventajas que supondría esa idea lanzada por Saramago sobre una posible unión entre España y Portugal bajo la denominación de Iberia y que según algunas encuestas agrada al 30% de nuestros vecinos. El debate parece interesar a mucha gente, a juzgar por las decenas de comentarios vertidos en ELPAIS.com. Yo estoy de acuerdo, aporto diez argumentos y espero la colaboración de los lectores.1) Nos ahorramos los fronteras con un país, ahora que muchos piden crear otras. Y aunque ya ni nos acordemos cerramos el conflicto de Olivenza, pequeña localidad de Badajoz que Lisboa no reconoce como española desde 1801. Por cierto que en un informe reciente de la inteligencia de EE UU, situaban la peligrosidad de dicho conflicto a la altura del de Cachemira. Para que te fíes de la CIA.
2) Nos hacemos más grandes, crecemos 90.000 kilómetros y ganamos diez millones de compatriotas, la mayoría de ellos muy simpáticos. Conseguimos 1.793 kilómetros de estupenda costa y otros dos archipiélagos. Y algo de cuota de poder en la UE.
3) A los niños en el colegio les será mucho más fácil pintar el mapa de su nación, con un perfil tan fácilmente recordable como el de Italia. Y tendrán que aprender un país y una capital menos. Aunque, quizá, alguna comunidad autónoma más.
4) Volvemos a tener un Premio Nobel vivo, José Saramago.
5) Podemos situar la capital en Lisboa, jugada maestra que arregla dos problemas de un tiro: descongestiona la imposible Madrid y deja a los nacionalistas periféricos sin algunos de sus argumentos favoritos. Al menos tendrán que cambiar los discos rayados sobre "Madrid", "España" y el "centralismo".
6) Futbolísticamente mejoramos mucho el expediente. Pasamos a tener un tercer puesto en un Mundial (1966) , un pichichi (Eusebio) y nos convertimos en actuales subcampeones de Europa. Tipos como Deco, Figo o Cristiano Ronaldo pasan a ser seleccionables y volvemos a contar en los pronósticos. Sumamos tres clubes de altura (Oporto, Sporting y Benfica) y superamos a Italia en Copas de Europa (15 frente a 11) gracias a las dos del Oporto y las dos del Benfica.
7) Podemos, con la excusa de la unión, inventar nuevos símbolos nacionales y ponernos por fin todos de acuerdo. Una bandera verde, rojo y amarilla, estilo afro, y un himno cantable en dos idiomas.
8) Podemos sentir como propios el fado, el vino del Alentejo, el Folar de Chaves, la Revolución de los Claveles, la virgen de Fátima, a Luís de Camões, Toura, Amália Rodríguez y Magallanes.
9) Las chavalitas portuguesas, mucho más guapas de lo que dice su leyenda negra, dejarán de tomarnos por prepotentes extranjeros que vamos al país vecino con chulería colonial. Aunque eso dependerá de si aprendemos a comportarnos, claro.
10) Con un poco de suerte copiamos también sus fiestas taurinas y dejamos de matar a los pobres animalitos.
¿Aspectos negativos? Algo nos bajará la renta per cápita. Pero hay que ser solidarios. Y, sí, sé lo que están pensando algunos (yo no, eh): a ver quien aguanta ahora a la Tuna cantando día y noche aquella de "Ay Portugal, por qué te quiero tanto, por qué, por qué te envidian todos, ay por qué...". Pero algún peaje habría que pagar.
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