lunes, 21 de julio de 2008

Ajedrez retrospectivo

¿Le da el verano ese tiempo libre que no ha tenido en todo el año? Pues dese un gusto al cerebro y aficiónese a los problemas de ajedrez. Aunque no sea un gran experto en ese juego, no importa. Los hay de todos los niveles. En unos hay que buscar una estrategia ganadora. También los hay en que hay que buscar una táctica perdedora, y que harán las delicias de algunos que van de malditos por la vida. Los de ajedrez retrospectivo, como éste que incluyo y que puede resolverse con conocimientos básicos del juego, son en realidad una variante de esos problemas de lógica que tanto alabamos en puesfijate.

Mi abuelo materno era un gran aficionado a los acertijos en general y al ajedrez en particular y les aseguro que le aportaron muchísimos ratos estupendos en la vida. La excusa de "es que me aburre pensar", no vale. Es una cuestión de vagancia y merece la pena vencerla porque hay mucha felicidad en juego. Primero propóngase dedicar unos minutos a estos problemillas y escoja uno adecuado a sus conocimientos, de ajedrez, de lógica, de matemática recreativa -todos están muy emparentados- o de lo que sea. Luego escrútelo durante un rato. Si se aburre antes de encontrar la solución, apárquelo. Pero al cabo de unas horas o al dia siguiente, cuando se note con ganas, vuelva a repasarlo. Es posible que de tanto estudiarlo, se lo aprenda uno de memoria. Y eso es lo ideal, porque podrá reproducirlo en su mente en esos tiempos muertos en los que uno no sabe que hacer: cuando espera un autobús, antes de dormir etc

Al cabo de unos minutos, de unas horas o de unos dias, el problema se resolverá en su cabeza. Habrá oxigenado sus neuronas y sentirá una maravillosa sensación de victoria. Para no repetir lo del orgasmo mental usaré dos metáforas sin connotaciones sexuales: usted se sentirá aún mejor que cuando lográ al final sacarse el agua que le ha entrado por el oído en la piscina. Mejor aún: más satisfecho que cuando consigue quitarse ese trozo de filete que se le quedó entre los dientes. Entonces seguramente le picará el gusanillo y buscará otro dilema para resolver. Porque esto es como una droga, pero de las buenas.

PS: Ah, la solución del problema de lógica del otro día. No la he dado hasta ahora porque sabía que iba a ser publicada en ELPAÍS.com y no era cuestión de chafársela a los lectores. Uno, dos, cuatro, cinco, ocho, mil... miluno. Son los números, de mayor a menor y en castellano, que no tienen la letra e. Como ves, Heavy, no ibas desencaminado. Y no hacía falta saber matemáticas para sacarlo...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mecagoentó! Para seguir siendo un intelectual perezoso mejor me entrego del todo al reguetón a partir de hoy.

Anónimo dijo...

El ajedrez permite además, variantes muy diversas que ponen a prueba las distintas capacidades de los contendientes. De hecho, dos primos míos cuyo nombre omitiré acababan ejercitando la puntería, porque terminaban acusándose de hacer trampas y la emprendían a peonazos, torrazos o caballazos (según la pieza que tuvieran más a mano) con el rival. Todo un ejemplo de actividad multidisplinar para ejercitar cuerpo y mente.

Anónimo dijo...

El abuelo tenía una máquina autómatica que le habían traído de Venezuela. Podía pasarse días enteros pensando el siguiente movimiento. Así que ahí la dejaba el hombre estrujándose su metálica sesera, hasta que un día te levantabas para ir al baño a las cinco de la mañana y una voz de culebrón venida de no se sabe dónde te gritaba: "okey, me rindo". Será por eso que nunca aprendí a jugar al ajedrez.