domingo, 1 de julio de 2007

¡Ojo, inversores!

Si me sobrara el dinero, que no es el caso, creo que sé lo que haría con unos cuantos millones: invertir en la zona colonial de Santo Domingo. El corazón de la primera ciudad que levantaron los españoles en América está bastante deteriorado pero algo me dice que este rinconcito superpoblado de edificios históricos (el Alcázar de Colón, la catedral primada, el monasterio de San Francisco, la casa del Cordón...) algún día se rehabilitará y pasará de barrio pintoresco a joya urbanística.

Y si fuera el responsable municipal de esta ciudad y también me sobrara el dinero intentaría que la ciudad dejase de mirar hacia dentro y se volcara hacia el mar. Santo Domingo se extiende a lo largo de la costa del Caribe pero la playa más próxima está a 30 kilómetros. Me cuenta Ibán Campo, director de comunicación de Funglode, a quien agradezco su hospitalidad estos días, que hubo proyectos para hacer una playa artificial, incluso una isla. Igual los planes eran muy costosos. A lo mejor eran imposibles. Pero como soñar es gratis me siento en el malecón y lo imagino resucitado, revivido por los ciudadanos, salvado del óxido y la indiferencia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Fenómeno. Vete a tu casa colonial. Tere y yo nos ocuparemos de Regueros. Me encanta esto de ser anónimo, cómo imaginar quién se esconde tras estos desinteresados consejos.

Manuel dijo...

El Evangelio según Tío Raimundo de Chueca. La fiesta del bonismo y la diversidad. La camisa color vainilla es una monada, pero... ¿dónde coño está Justice for Fofito?.

Anónimo dijo...

Fofito es el gran olvidado de las ONG. Desde aquí propongo un día del Orgullo Payaso (en el aniversario de la muerte de Fofó) para que que Fofito, Rodi y los trescientos hijos de Gaby puedan tomar la calle Almagro, que es donde vive Miliki, y reivindicar lo que por derecho les corresponde.

Familia que sale del armario unida, permanece unida.