domingo, 28 de octubre de 2007

Un día de 25 horas

¿Le ha dado hoy tiempo para todo? A mí sí. Son las diez de la noche y ya estoy haciendo la cena, una hora inusualmente temprana. Los que siempre andamos con el tiempo justo y mil cosas pendientes hemos cumplido este domingo de 25 horas todos nuestros planes. Pero sólo porque el cambio horario nos ha confudido. Como siempre, hicimos proyectos para algo más de 24 horas...y eso justamente fue lo que duró el día. El engaño funciona hoy porque nos pilla despistados pero si a partir de mañana todos los días tuvieran 25 horas los ansiosos haríamos pasaríamos a planear jornadas de 26.

[Sucede lo mismo con el tipo que siempre llega diez minutos tarde. Puede llegar por una vez a la hora si le mentimos y le citamos con esos diez minutos de antelación. Pero si intentamos repetir el engaño varios días empezará a llegar con 20 minutos de retraso. Y es que ya vimos hace unos días, citando a Proust, lo dificilísimo que es nadar contra la corriente de determinados hábitos.]

Volvemos al cambio de hora. Rebusco un poco por Internet -o sea, termino en la wikipedia- y leo que esto de cambiar la hora se aplicó por primera vez durante la Primera Guerra Mundial para ahorrar carbón. Luego se aplicó intermitentemente hasta consolidarse con la crisis energética de 1973. Y es que con esta medida se ahorra entre el 3% y el 5% del consumo energético. Como inconveniente se subraya que cambiar nuestras rutinas una hora provoca problemas en la salud. Pero serán más bien transtornos de esos inventados por los mismos médicos que luego te los curan. Hombre, si fuera el jet-lag de un viaje a Australia...Pero ¿Conocen a alguien indispuesto por el cambio de hora de un viaje a Canarias?

Ha sido estupendo tener un día de 25 horas. Pero ahora que concluye me revelo contra este cambio de hora. Por un motivo sencillo: a las siete se hace de noche cerrada y dejamos de disfrutar de las tardes. Es verdad que el que madruga lo hace con luz solar pero no es lo mismo despertarse de noche y saber que pronto amanecerá que despedir el sol a media tarde hasta el día siguiente. A mí me deprime, y conozco mucha gente a la que le pasa lo mismo: ahí si hay un transtorno. ¿Merece la pena hacernos más tristes las tardes del otoño a cambio de ahorrar un porcentaje mínimo de energía?

4 comentarios:

Manuel dijo...

Me he partido el culo con el vídeo inglés de "Cifras y Letras". ¿Alguien se acuerda de Elisenda Roca y del catedrático de barba perfilada?.

Excelente el diálogo Roman-Jebi sobre la relación de causalidad entre tema propuesto-comentarios en el blog.

Por cierto, Roman, el otro día vi a "¿Dónde vas, pastel?- sajasho?" en los aparcamientos del Meridiano... tenía mejor aspecto que hace 20 años.

El Jebi dijo...

A Elisenda Roca TAMBIEN la tenía en nómina, sobre todo en verano, cuando la familia dormía la siesta

Manuel dijo...

Los primeros noventa y sus picores: no sólo en Tele 5 había que buscar la inspiración para el p_ _ _ _ _ o

Anónimo dijo...

Bueno, aunque aquí los chicos se van por otros derroteros les diré que la semana pasada leí en Público (y siento citar a la competencia) un artículo bastante interesante sobre la historia del cambio de hora. Entre las curiosidades decía que si un gemelo nace a las dos cuarenta (las primeras) de la noche y otro cuarenta minutos más tarde, el segundo sería registrado como hermano mayor.
O algo así. Me pasa como con los chistes, nunca consigo acordarme bien de la gracia. Mejor, volvemos a Elisenda Roca.