lunes, 14 de mayo de 2007

Cae otro mito



Primero sabotean el festival de Eurovisión y ahora tumban otro mito de nuestra infancia. El pobre Uri Geller ha ido a los tribunales para que quiten de Youtube un vídeo que descubre sus trucos de doblador de cucharillas, ha perdido y encima le ha caído una demanda. Propongo una suscripción popular para sacarle del trullo cuando le empapelen. Para rematar nuestras ya escasas ilusiones sólo falta que nos digan que Espinete era un muñeco teledirigido.

Un día dramático Menos mal que todavía podemos reirnos con cosas como ésta: las cosas que son difíciles, muy difíciles e imposibles de decir cuando uno está borracho.

5 comentarios:

Quizá dijo...

Derecho de cita: "Como estudiante de lingüística, debería haber descubierto antes que era lo que, primero como descreído/despectivo y luego como víctima de la egolatría tecnológica, me desasosegaba de la naturaleza de los cuadernos de bitácora en Internet. Mis traspiés de primerizo, mis incomodidades actuales, y sobre todo la arrogancia que percibo en la mayoría de intentos similares con los que me cruzo en la Red de tanto en tanto son explicables desde este punto de fuga, lo que cuando menos lo convierte en una de las posibles soluciones.


Sin necesidad de entrar en disertaciones teóricas para las que no estoy dotado intelectualmente, por mi ánimo indolente y, por extensión de éste, por mis lagunas en cuanto a base de conocimiento se refiere, apuesto por el problema del interlocutor. Cuando uno habla, confiesa, perora, novela, dicta, susurra, ordena o lo que fuere, lo hace a alguien (o alguienes) determinado. Con contadas excepciones, en las que opera, cómo le gustaría esta idea a Violeta Demonte, un agente enteléquico, al estilo del lector ideal, que se convierte en un agente colectivo sin alma al que transferir nuestros anhelos (verbigracia, el lector de un artículo periodístico; nunca importa el lector, siempre el Lector, de forma que hasta se desprecia al individuo en detrimento de la colectividad que junto con muchos otros forma). De esta forma, a la hora de escribir debemos elegir a nuestro público antes que a nuestras palabras. Sí, de acuerdo, en cuanto empiezo a escribir con términos sencillos la profundidad de la idea se llena de bajíos. Así es la vida.


En cualquier caso: que cuando escribimos, siempre escribimos una carta. Con un remitente de carne y hueso. Y cuando no, tenemos motivos serios para no hacerlo: un artículo de periódico, un manifiesto, una novela. Y nos ponemos pues serios, y estupendos, y trascendentes. Nos revestimos de importancia. Así las cosas, y siendo un cuaderno de bitácora un diario personal (vamos, que está todo inventado: los ensalzados blogs periodísticos no son sino lo que en letra impresa se llama columna de opinión, y los personales son el cuaderno en el que tu hermana apunta qué chico de su clase le gusta volcado a una página personal, sí, una página de ésas que antes eran toda la Web y nos hacían sufrir para encontrar la virgulilla en el teclado), o no lo escribimos en Internet para que nadie lo lea, o lo convertimos en una carta para que sólo una persona lo lea, o empezamos a hacer concesiones. Si carta colectiva a gente conocida, habrá que meter la tijera porque difícilmente el nivel de intimidad será homogéneo (y por tanto, tampoco el caudal de información/confesiones). Si carta colectiva a la humanidad, como muchas, como la mayoría, la cagamos. Aplíquese la importancia/estupendia/trascendencia de la que dotaríamos intentos literarios de más vuelo (o por lo menos prestigio social). Conclusión: un diario personal engreído o impersonal.


De todo lo anterior, Internet está profusamente dotada. ¿Mi opinión? Que los mejores cuadernos de bitácora son los personales dirigidos a nadie, secretos o concebidos como una conversación a dos, y que los que tendrán éxito y se convertirán en paradigma del género serán precisamente los que más alejados se encuentran de sus esencias, a saber, las columnas de opinión, los sermones pulpitables, los monólogos del club de la comedia, las reflexiones intelectuales o ingeniosas, y, en fin, todo tipo de manifestaciones literarias de este pelaje que no nacen del espíritu de repliegue propio de un diario sino del ansia de dar a conocer lo tremendamente guay que es uno mismo. O sea, parrafadas de este corte. Cambio y cierro."

Manuel dijo...

No Roman,no. Hablando de mitos, Fofito ha editado un disco, o algo parecido... que tenga cuidado, no sea que la Comunidad de Madrid le quita la pensión no contributiva. Los leones famélicos de Ángel Cristo siguen confiscados, mientras su hija no echa arena sobre sus heces en la isla de los supervivientes. MIliki debe de ser el único octogenario de este país que continúa vistiendo pantalón de peto y tenis All Star. Un saludo.

Anónimo dijo...

Espinete era de fieltro y se le veían las costuras, la pobre Betty fue víctima del escarnio popular y dio con su talento en el seco pilón de la plaza de un pueblo y Maruca murió sin oír el sermón que ella había inspirado.
Lo de Uri Geller es sólo una anécdota más en el duro camino hacia la vida adulta. Pero como le retiren la pensión a Fofito, yo me tiro al monte.

Chiqui dijo...

Sí, sí, y ahora me vais a decir que Chanquete no ha muerto. Que está en un lejano país del sudeste asiático tomando daiquiris y forrándose a costa de los derechos de autor de las reposiciones... o que Winnie Cooper no era de carne y hueso

El Jebi dijo...

Amigo Bernie,no me levante la liebre de la deconstrucción mítica, porque entonces le remitiré a Max Wright, el que hacía de padre en la serie "Alf", o a la pequeña de "Cosas de casa". Lo de Sonia Martínez al lado de éstos es un resbalón. Saludos.