lunes, 21 de mayo de 2007

Historias de Erasmus


Leo en los medios digitales españoles (pero no lo encuentro en los italianos, luego igual es falso) que Prodi ha propuesto que todos los estudiantes pasen al menos seis meses en el extranjero. Un Erasmus obligatorio, vaya. La idea me parece genial y no sé cómo no la hemos importado en los programas electorales. Yo la extendería a todos los oficios, a los agricultores, a los periodistas, a los carteros y, sobre todo, a los políticos.

Los que no solicitamos un Erasmus nos morimos de envidida cuando escuchamos a los que escogieron el camino correcto. Cuando la carrera esta encauzada (en los primeros cursos esa aventura puede destruir nuestras trayectorias vitales) pasar una temporada en el extranjero nos abre la mente, difumina nuestras pequeñeces nacionalistas, nos asegura entrañables amigos y nos proporciona una fuente inestimable de anécdotas. El Erasmus ha supuesto para nuestra generación lo que significaba, despojada de sus elementos más aborrecibles, la mili para nuestros padres. Se iba uno a Lovaina o Nápoles y ya no volvía a ser el mismo. Y si además sabía contar historias la sabiduría acumulada le convertía de inmediato en destacado tertuliano en la peña de amigos o en el bar del pueblo.

Durante su estancia en Roma, David
adquirió la elegencia en el vestir y el porte
que le caracterizan. En la foto, con su chica.
Hace unos meses el leonés David Rubio, periodista y (ahora lo sé) grandísimo escritor decidió que no sólo los parroquianos del bar de Vegas del Condado tenían derecho a conocer esas anécdotas. Y publicó su muy recomendable La Fuerza de los días: historias de estudiantes Erasmus. Sólo los nombres de alguno de los capítulos ya harán sonreir a quienes hayan pasado por la experiencia: Un alcohólico anónimo, El timo del Erasmus, Un forense en la cocina. De este último, un análisis concienzudo de todo lo que la cocina de un piso de Erasmus puede contener, rescato un párrafo antológico del mismo:

"Lo más desagradable es, sin duda, el congelador. Se nota que todo el mundo que abre su puerta quiere cerrarla cuanto antes. Hay objetos flotantes no identificados dentro de grandes bloques de hielo y unos cuantos palitos de cangrejo desperdigados entre cubitos y cubiteras verdes de plástico. Probablemente sea del congelador de donde sale el mal olor que inunda toda la cocina cada vez que se abre la nevera".

Ahí queda eso. De momento creo que la obra (editada por la Universidad de León) no está en las librerías. Pero está condenada a convertirse en un clásico.

PS: Cuando su hermano Alfredo le habló de este blog David, con toda su sinceridad mesetaria, le dijo: "Dile a Berni que eso es una gilipollez". Probablemente tenga razón.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Para cuándo un libro sobre las cien mejores anécdotas del Negro? Eso fue como diez erasmus y seis milis.

Anónimo dijo...

Efectivamente, mi querido Berni, el Erasmus debería ser obligatorio para todos los estudiantes. Si no hay suficiente dinero, diría incluso que debería ser obligatorio irte de Erasmus en tu propio país. Gracias por la promoción que haces de mi libro, que yo es de lo que venido a hablar, qué cojones, como el pedante de la bufanda. Ahora, he de decirte que mi sinceridad mesetaria me lleva a opinar que tu blog es entretenido y que me mola el título que le has puesto, síntoma inevitable cuando alguien te lo dice de que te va a meter la chapa por uno u otro motivo.

David Rubio

elintenso dijo...

Habría que editar ese libro ya. Siempre he dicho que un libro sobre los erasmus arrasaría...

Fernando Solera dijo...

Yo, desgraciadamente, no he sido Erasmus, y bien que lo lamento. Estoy convencido de que vivir parte de tu juventud con universitarios de otro país tiene que ser muy enriquecedor. Y por lo que cuentas del libro de David Rubio, también es una fuente inagotable de anécdotas.

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con el anónimo que dice que conocer al Negro vale por varios Erasmus y numerosas milis ( al menos, en cuanto a fuente de anécdotas se refiere)
¿Alguien se imagina qué hubiera pasado si Berni hubiera conocido al ínclito personaje en un ambiente más, digamos exótico, como Italia, sustituyendo la ingesta de kalimocho por el limoncello, o el coche del Negro por una góndola veneciana? Demasiado, Berni, incluso para nosotros, que ya sabes que somos tus incondicionales

alf dijo...

Debo decir que cambio de opinión respecto al blog de Berni sobre todo porque al ver al "mio caro fratello" con chaqué, chistera y barba al mas puro estilo italiano acompañado de mi cognata me he reído yo solo como nunca.
Algún dia os contaré la cara oscura del mundo Erasmus.

Anónimo dijo...

es verdad que puedes contar historias a patadas, pero el erasmus ha de hacer frente al desdén que despierta la envidia