domingo, 13 de mayo de 2007

Fair play en Eurovisión



Cuenta ELPAIS.com que un frente común de países balcánicos ha dado la victoria a Serbia en el otrora deliciosamente casposo y definitivamente entrañable Festival de Eurovisión.

Recuerdo cuando era niño y sólo había una tele (a Canarias no llegaba la segunda) que este certamen era un gran acontecimiento. Las canciones eran lo de menos, lo más emocionante era la votación. La decisión de los jurados respondía en parte a motivos sentimentales (España e Italia se votaban mutuamente, los países nórdicos se ayudaban entre ellos, Grecia y Turquía no se daban un punto...) Pero como estaban integrados por profesionales primaban los criterios musicales.

Con la llegada del móvil y el negocio del sms a alguien se le ocurrió "democratizar" la votación, esto es, hacer negocio de la misma. Y pasaron a votar los espectadores. A cualquier país menos el suyo, naturalmente. El resultado ha sido el predecible: los países que cuentan con importantes minorías fuera de sus fronteras (los países de la antigua Yugoslavia, los de la ex URSS) tienen una ventaja considerable. Así, entre los ganadores de este siglo se encuentran Letonia, Estonia, Ucrania o Serbia. No discuto la calidad musical de sus canciones. Simplemente digo que ayuda.

(Lo de que vote el público ha traído otra consecuencia lamentable: casi todo el mundo canta en inglés (¡a veces hasta los franceses!) "para que nos entiendan").

Pero hubo un tiempo en que no era así, os lo digo yo. El año 1979 (han pasado casi 30 y me acuerdo, cachis la mar), en que España estaba a punto de ganar el concurso. Cantaba Betty Misiego aquella de Si todo el mundo cantara esta canción y aventajábamos a Israel. Éramos los últimos en votar...y le dimos diez puntos a Israel (país con el que no teníamos entonces ni relaciones diplomáticas) de Aleluyah. Incluyo un vídeo para que lo recuerden los nostálgicos. Y ojo a la sonrisa sincera de la Misiego y al buen rollito tras el desenlace.

PS: Es maravilloso que ahora tengamos muchos canales de televisión, aunque casi todos ofrezcan la misma mierda. Pero los pibes del siglo XXI no gozarán de algo que nosotros tuvimos: una educación sentimental común gracias a la pantalla única. Todos lloramos juntos la muerte de Chanquete, vimos a los alienígenas de V comer ratones y a Uri Geller doblar cucharillas. Ahora que cada uno ve un canal diferente ¿Qué se cuentan al día siguiente en el cole? ¿De qué recuerdos catódicos hablarán con añoranza dentro de 30 años? Quizá ahora el elemento integrador sea la play station...

PS2: La carrera de la pobre Betty Misiego tuvo sus altibajos. Me cuentan que en Briviesca, capital de la Bureba, intentaron tirarla al Oca. No se lo merecía quien estuvo a punto de darnos una alegría del tamaño de la del España-Malta.

2 comentarios:

elintenso dijo...

Casi mejor que no tengan una experiencia común televisiva. ¿De qué hablarían? ¿De las cosas del corazón, de insultos, de mentiras, de pantojismo, ...? La tele ha dejado de ser un referente para convertirse en una especie de lodazal lleno de gente deshonesta que quiere tirar a las Bettys Misiegos de ahora a la basura.

bruno dijo...

Puede que te equivoques, maestro. Hay muchos canales, pero todo el mundo ve los mismos programas. En un mundo en el que la oferta es abrumadora en cantidad y diversidad, los consumidores (de productos, de servicios, de cariños, de sueños) se aglutinan de una forma homogénea alrededor de grandes nodos (capitalistas, sentimentales, de deseo). Y al final, todos hacemos lo mismo al mismo tiempo (o un poco antes, si eres un marcador de tendencias, o un poco después, si como tú o como yo, no estamos siempre al cabo de la calle).